El día de la boda.
Aquel día comienzo siendo muy movido.
Todos estábamos despiertos desde las 4:00 de la madrugada, corriendo de un lado para el otro. Los hombres estaban dedicados a sus asuntos del novio, y las mujeres estábamos dedicadas a nuestros asuntos de la novia.
En realidad, yo tengo que ser honesta, yo no dormí en toda la noche. No pude pegar el ojo ni un par de horas en la noche. No sé como le hice para salir de mi habitación y permitir que todo el mundo me viera en este estado tan lamentable.
Me sentía como mapache debido a esas ojeras tan horribles que se me dibujaron en la oscuridad de la noche cuando trataba de conciliar el sueño.
Me puse ropa deportiva cómoda para estar en casa luego de haberme duchado al momento de ponerme de pie de la cama, lo hice justo antes de haber dejado que sonara el despertador. Salí de mi habitación, el delicioso aroma de desayuno recién preparado en la cocina me atrajo como un imán hacia la cocina, allí me encontraba a todas las mujeres de la familia de Aura, incluso Aura estaba allí, comiendo su desayuno tranquilamente, su madre estaba a su lado, conversando entre ellas amigablemente, a pesar de que este prometía se ubica día bastante agitado y pesado para todos, no solo para los novios.
Las abuelas de Aura estaban allí, sin embargo, cuando dije los buenos días para todas, ambas ancianas malacarosas no quisieron responder, de hecho, se hicieron las sordas, y a pesar de las miradas fulminantes de Anabella y de Aura en su contra, las ancianas amargadas y chismosas se negaron a querer saludarme, a querer mirarme a los ojos, simplemente, sacaron sus celulares de sus bolsillos y se entretuvieron en ellos para no tener que prestar atención al resto de la conversación que se venía en donde me vería involucrada mientras disfrutado de un delicioso desayuno de pancakes.
— ¿Alguna de ustedes se dio cuenta de a qué horas regresaron los hombres a casa después de su fiesta? — preguntó Anabella para quebrar el silencio tan incómodo que se hizo entre nosotras luego de que me sentara a desayunar junto a ellas.
— Mm, quién sabe. De pronto lo sabes tú, querida. — contesta la abuela Gloria. Para el chisme si nunca se le han comido la lengua los ratones. Aunque lo que sí vi es que ella no quiso atreverse a mirarme a los ojos, sus ojos seguían clavados en la pantalla de su celular — Anoche escuché demasiado ruido provenir de tu habitación. Se percibió como si hubieras estado haciendo algo… Indecente.
Escupí un poco de mi leche chocolatada que estaba bebiendo en ese preciso instante. Me limpié la boca con una servilleta, y abrí los ojos como platos de la sorpresa que me llevo haberla escuchado decir eso. Su habitación estaba lo suficientemente lejos de la mía como para que ella haya escuchado lo que sucede en su interior entre Eduardo y yo como para que ella se haya dado cuenta…
PD: Sí, anoche fue la despedida de soltero de Eduardo, los hombres salieron a festejar por segunda vez. Pero él se regresó temprano con la excusa perfecta de no querer desvelarse mucho para verse radiante el día de su gran celebración. Otra vez, y prometiéndome que sería la última, acepté ser su despedida de soltero, tuvimos sexo, y después de haber terminado, él se fue a dormir.
Por esta razón, yo no había podido dormir bien toda la noche, la culpa y responsabilidad ajena de lo que hice me torturan a tal punto de que el insomnio se estaba convirtiendo en mi nuevo mejor amigo en este momento de angustia y desesperación.
¿Ahora qué iba a responder frente a esa “falsa” acusación?
— Aquí tienes — dijo Aura, pasándome una servilleta limpia que tenía cerca luego de que me tranquilice para limpiarme con ella la boca.
— ¿Ruido? Pero si estaba dormida en ese instante, así como ustedes… — tratando de responder con naturalidad para que no hicieran más preguntas que no venían al caso.
— Chicas, ya. ¿Van a seguir discutiendo? Hoy no es día para eso, a ver, todas terminen de desayunar, que hay muchas cosas que hacer hoy. La boda se celebra al medio día, y queremos que todo salga perfecto para mi princesa, ¿Verdad? — dijo Anabella, se había puesto de pie para mandarnos a todas a nuestros deberes, y en ese momento, Aura se levantó de la mesa y abrazó a su madre.
Hoy era un día muy sentimental.
Yo también estaba emocionada, pero no porque Aura se casaría con el hombre que yo quería para mí, sino porque ayer, mientras hacíamos el amor en mi cama, él me susurró al oído muchas cosas bonitas, me prometió amor fiel, compañerismo, y una vida de lujo a su lado… Pero lo más importante de todo, es que él me ha prometido que el día de hoy, no iba a casarse con Aura, de hecho, hasta me pidió que nos fugáramos juntos, ideamos el plan de escape perfecto, hasta que llegó la hora de que él se fuera de mi habitación para no levantar sospechas de lo que pasaba entre nosotros.
En realidad, no tengo ganas de asistir a la boda, sería muy hipócrita de mi parte hacerlo, sin embargo, se trata de Aura, el pecado ya estaba cometido, así diría la abuela Gloria, donde se diera cuenta de mi traición, ya no había vuelta atrás.
Me sentía devastada por todo esto, no sé en qué momento fue que me dejé llevar por la tentación, pero así sucedió, ya no había más remedio, solo esperaba que todo saliera bien para todos en este día, a pesar de que fuera a terminar siendo muy doloroso.
Terminamos de desayunar, y nos fuimos a una habitación externa, allí nos iban a maquillar y a peinar.
Éramos muchas mujeres con cabello largo, las ancianas no, solo tenían que maquillaras y estaban listas para el festejo. Aura me pidió que me sentara a su lado, y le ayudara a escoger el peinado que ella quería para su cabello, su cabello era largo, precioso, cualquier peinado que se hiciera la iba a ser verse resplandeciente ante todos.
Además, su vestido de bodas era hermoso.
Escogimos su peinado, así como su maquillaje, también escogimos el mío, aunque yo solamente quise que hicieran rulos en mi cabello y me maquillaran suave, porque no era necesario resaltarme tanto para esta ocasión.
Se dedicaron a peinarnos, y cuando menos lo imaginamos, ya estábamos casi a una hora antes de que iniciara la ceremonia.
Yo tenía los pelos de punta, me daba nervios saber qué sería de mi destino hoy.