Otro año más tarde... La boda de Darla. Fue un evento sacado de un cuento de hadas. El sol de la tarde bañaba la pintoresca capilla de piedra, y el aire vibraba con la promesa de un futuro compartido. Su novio Jay, la miraba con una adoración que hacía suspirar a todas las invitadas. Jay era el epítome del pragmatismo: un exitoso arquitecto, con los pies firmemente plantados en la tierra, que valoraba la lógica y la razón por encima de todo. Darla, con su risa contagiosa y su espíritu libre, era su contrapunto perfecto, una chispa de magia en su mundo ordenado. La ceremonia fue impecable. Darla, radiante en un vestido de encaje blanco, caminó hacia el altar, donde Jay la esperaba, con los ojos empañados. Los votos fueron sinceros, las promesas eternas. La recepción, en un jardín exuber

