Capítulo 9
“Sra. Whilver tenemos el agrado de dirigirnos a usted para notificarla sobre el concurso de “Universo de Letras” del cual ha participado y ha salido ganadora del primer premio, por lo que le solicitamos que mañana a las 9:00 a.m. se apersone en la editorial para hacer la entrega de los premios y para que firme su contrato con nosotros.
Adjunto unos documentos que debe traer llenos en el día de mañana y nuevamente felicitaciones y bienvenida a UNIVERSO DE LETRAS”
Luego de almorzar, las dos caminaban hacía la casa de Ayla y aun sabiendo que en minutos se daría a conocer a la gran ganadora, no imaginó nunca que, frente a su hogar, un mensaje en su casilla de correos electrónicos le daría la magnífica noticia.
Estaba más que feliz por la noticia ¿y quién iba a creer que entre cientos y cientos de postulantes su novela sería la ganadora del primer premio? Realmente jamás lo imaginó.
- ¡no lo puedo creer Vicky! ¡no lo puedo creer! – saltaba como niña en un pelotero. Estaba realmente feliz.
- Créetelo, amiga, créetelo. – la anima dándole un fuerte abrazo y conteniendo las lágrimas de felicidad.
- Estoy tan feliz Victoria, que no puede ni imaginar cuanto llena mi vida este sueño. – dijo entonces sí, rompiendo en llantos.
- Ohhh, mi amor, no llores que rompes mi corazón. –
Vicky estaba conmovida por la reacción de su mejor amiga, es que realmente sentía que ella debía ser la que ganara. Fueron tantas cosas que tuvo que vivir con el engaño de su ex marido con su hermana que se había olvidado hasta de lo que es sentirse feliz y orgulloso de algo que haces y que los otros lo reconozcan.
- Quien me iba a decir que terminaría trabajando como escritora de una editorial. – dijo soltando una carcajada, la misma que contagio a su amiga y ambas al unísono llenaron el vacío de esa casa.
- Es que eres realmente buena. – guarda silencio por unos momentos y sonríe antes de decirle lo otro. – de hecho, todavía no caigo de que seas la autora de todo lo que escribes. – dice simulando que piensa al mismo tiempo que Ayla eleva una ceja.
- ¿no me creías capaz? – dice ella fingiéndose molesta y Vicky la mira muy seria.
- No es eso… - dice sin sonreír. – sino que no me imaginé jamás cómo te sentiste por todo lo sucedido…- ambas se sientan en silencio por unos segundos, par luego continuar hablando. – es decir, leerte en cada palabra, me hizo sentir tu alma en pedazos, tu dolor en la carne que no es lo mismo que decir “te comprendo” porque en realidad no podría comprenderlo, no podría entenderlo, pero luego de leer cada poema, me di cuenta de cuanto ha sangrado tu corazón y siento que falle como tu amiga al no estar contigo. - suelta un sollozo y Ayla toma fuertemente su mano.
- Tu no tienes la culpa porque fui yo que te alejé de mi vida. – pero ella no estaba dispuesta a oír todo aquello, por eso, se arrodillo ante Vicky e hizo que la mirara a los ojos. – no vuelvas a sentirte culpable de algo que yo misma hice. Yo decidí estar sola porque necesitaba hacerlo y créeme que ha sido muy duro, pero necesario. No puedo jurarte que estoy bien, que el dolor pasó porque me estaría mintiendo a mí misma antes que a ti. – le sonrío conteniendo las lágrimas y volvieron abrazarse.
Victoria no podía dejar de sentirse culpable por haber permitido que su mejor amiga transitara tanto dolor sola y aunque ella le juraba no tener por qué sentirse de esa manera, nada ni nadie podría quitarle del cuerpo ese sentimiento.
- ¡Bueno, ya! No hay que recordar malos tiempos, es hora de festejar que seré una escritora exclusiva de Universo de Letras. – se puso de pie y con una sonrisa dijo el nombre de la editorial. – nada ni nadie apagará mi felicidad, si quiera el altercado en el restaurante este mediodía. – recordar esto hizo que la amiga soltara una risita y recordar al muchacho le hizo soltar un sonoro suspiro.
- ¿y eso que fue? – indagó sorprendida por lo último que hizo.
- A caso no te has dado cuenta lo guapo que era ese hombre. – dijo mordiendo su labio. – que además no te sacaba los ojos de encima. – le sonrió elevando una ceja.
- ¡ay! ¿qué insinúas? – conocía perfectamente esa mirada.
- Nada… nada. Pero no puede negar que era todo un papacito. – Ayla negó sin responder. - ¿tengo razón verdad? – pero ella no respondió.
Lo cierto es que, para ella, ese muchacho era bastante atractivo, pero no le gustaba cómo es que la trato y que se refiriera a la gente trabajadora como insulsa ¿Quién se creía que era? Obviamente no era de esas que le pelearía ni nada por el estilo y no sabe de dónde sacó coraje para hablarle de ese modo aquella vez, solo que se sintió ofendida por el destrato y por su falta de educación. Aunque si hubiera sido cordial para pedirle que se retirara de esa mesa, lo hubiera pensado. El que lo haya confundido con un mesero no es motivo para maltratarla. Pero, en fin, estaba segura que no volvería a verlo. O eso es lo que creía.
- Florencia ¿ha enviado el comunicado a la ganadora? – quiso saber Bruno mientras se ocupaba de unos asuntos desde el computador.
- Claro, señor y ya ha confirmado recepción, así que mañana la recibirá recursos humanos… - pero en ese momento que le informaba que la Sra. Johana Velardez recibiría a la ganadora del concurso, pero sorprendentemente Bruno, el gran Sr. Atiles nieto, por primera vez recibiría a una persona ajena al directorio.
Si bien Johana se encargaba de todo lo que tenía que ver con el contrato y luego el director del sector de Contabilidad le haría entrega del premio del dinero, pero esta vez todo sería diferente porque quería ser él quien entrevistara a la ganadora dado que, si bien el concurso la premió, luego del engaño de su ex prometida con su padre lo habían dejado tan desconfiado de la gente que no perdería la oportunidad de conocer las intenciones de esa tal Ayla Whilver.
- No, no. Recibiré yo en persona a la Srta. Whilver. – Florencia se quedó boquiabierta sin moverse del lugar, cuando de pronto Bruno levanta su mirada y la encuentra mirándolo sorprendida. - ¿necesita decirme algo más? – ella niega avergonzada y se retira, no sin antes disculparse.
Mientras cerraba unos asuntos y acordaba unas reuniones, porque pese a que tenía asistente él era bastante independiente con sus obligaciones, por lo que se llevaba la agenda y a Florencia la tenía únicamente para tratarle asuntos no tan importantes de la empresa.
Cuando al fin finalizó su tarea se quedó pensativo en lo que había ocurrido ese mediodía con aquella desconocida.
Él nunca se había involucrado con otra mujer que no fuera Umma, de echo había perdido su virginidad con ella y luego de esa mujer no hubo ninguna, si quiera había intentado volver a empezar, más bien luego de dos meses se aferró tanto a su trabajo que prefería sobre cargarse de el para llegar cansado a su casa y tener que dormir y no pensar en esa mala mujer que arruino su vida y en la traición de su padre.
Al cabo de esa tarde donde los había descubierto en la cama, puso en venta el departamento y se fue a vivir a otro, realizando la transacción por la venta sin siquiera ir a ver el sitio. De hecho, cualquiera que viera como es que vive en la actualidad no lo creería y no porque sea un sitio en algún lugar de mala muerte, porque de hecho el departamento que compró se ubicaba en el barrio porteño de Barracas, justamente a ocho cuadras de la casa de Ayla, pero cómo iba a saberlo él.
Bruno no era ostentoso y pese a tener una cuenta bancaria realmente abultada su casa era un dos ambientes con balcón a la calle en un edificio familiar, donde cada noche tenía que aguantar a los mellizos de dos meses de sus vecinos que no lo dejaban dormir pero aún así no se quejaba, comprendía la situación.
Luego de finalizar el trabajo se reposó en el respaldo del sillón y cerró sus ojos cansados y por sobre todo estresado. Llevaba día negándose a contestar las llamadas de su padre que parecía insistente en decirle algo y no se equivocaba.
Cerró tan fuerte sus ojos para borrar de su cabeza la imagen de ellos en la cama, la misma foto que lo atormentaba a diario pese hacer de todo por olvidarlo, pero a diferencia de otras veces, al suavizar su expresión, lo sucedido en el restaurante vino a su mente.
- Mesero. – dijo en voz alta sin casi darse cuenta recordando cuando ella le hizo el pedido de su almuerzo y sin darse cuenta sonrío hasta que se dio cuenta de ese gesto en él. - ¡no! No seas idiota Bruno, porque todas las mujeres son exactamente iguales. – sacudió su cabeza y decidió, darle el fin al día laborar para retornar a su casa.
A la mañana siguiente, Ayla se puso lo más formal que tenía. Un traje de vestir en color blanco cuya falda le llegaba hasta las rodillas y una blusa en color salmón que hacía juego con sus tacos aguja. Se dejó el pelo suelto, cuyos mechones le caían en los hombros. Delineo delicadamente la línea del parpado de sus ojos y se pintó sus labios con un color nude que le quedaba precioso. Tomó su cartera de mano de color blanco con dorado, sin olvidarse de la carpeta con los papeles completos que le habían solicitado de la editorial y luego de checar el mensaje que el avisaba que su UBER había llegado y la esperaba en la puerta del departamento, siendo las 8:10 a.m. emprendió el recorrido a comenzar con un sueño que cambiaría su vida y su vida amorosa por completo.
Minutos más tarde se encontraba bajando del auto, en la puerta de Universo de Letras.
- Buenos días, señorita ¿en qué puedo ayudarla? – le dice una joven de cabello bien corto en recepción.
- Soy Ayla Whilver, me esperan en Recursos Humanos. – ella desconocía que pasaría por dirección a realizar no solo la transacción sino la firma del contrato.
- Oh, felicitaciones. – le dijo la chica contenta al tener ante sus ojos a la ganadora del concurso. – enseguida te anunciare, pero toma el ascensor y bájate en el último piso donde encontraras un hall y habrá una compañera que tomará tus datos de identificación y te dará lugar a pasar. – le informó con una gran sonrisa en el rostro.
- Muchas gracias. – dijo Ayla súper nerviosa e hizo el recorrido que la chica le indicó.
Mientras el ascensor la elevaba al ultimo piso su corazón no dejaba de latir y no imaginaba el cómo sería trabajar para ellos, de hecho, para una editorial tan grande como esa, pero eso fue lo único que pudo pensar cuando las puertas se abrieron y se encontró con la inmensidad de un hall blanco con unos ventanales que te mostraban todo Puerto Madero y eso le hizo acordar a Luna Modells, porque esa empresa, la misma que creó para la novela, era tal cual como Universo de Letras y la visión de la ciudad era tal y como la imaginaba y la redactó en la historia de Alina y Marco.
- Buenos días Srta Whilver, pase que el Sr. Atiles enseguida la recibirá. Dijo que lo disculpe que fue a buscar unos papeles en Recursos Humanos que se les ha olvidado traer. –
Ella no comprendió porque la recibiría un hombre cuando le habían dicho que en recursos humanos la que debía atenderla era una tal Johana Velardez de recursos humanos ¿por qué la atendía ese señor y encima en dirección? Eso lo supo ni bien leyó la gran placa en la puerta.
Ni bien ingresó al lugar su boca se abrió en forma de O al ver la hermosa vista del puente de la mujer. La oficina era inmensa en tonos blanco y n***o y rojo. El escritorio, de color n***o tenía un lardo de dos metros, mientras que el ventanal tenía más o menos la misma longitud de la oficina, alrededor de cinco metros y medio y ene se momento a ella le surgió una pregunta ¿por qué tan grande, tan ostentosa para un lugar que si quiera es ni será utilizado como sala de reuniones? Solo pudo pensar que la arquitectura y decoración de ese lugar podía estar ligado a un hombre que llama la atención por su apariencia pomposa, lujosa, fastuosa, aparatosa y opulenta, así mismo que se comporta y obra con exageración y ostentación en especial haciendo gala de lo abultado que es su cuenta bancaria. Por alguna razón pensó en aquel hombre que la destrató en el restaurante, más luego sonrió y negó una y otra vez llamándose tonta porque ¿Qué probabilidades hay que ese hombre sea el mismo que maneje esa editorial? Ninguna o una en un millón. Pero la respuesta la tendría en ese mismo segundo ene l que la puerta se abrió y una voz, que creyó recordar muy bien, le puso los pelos de punta y cerró sus ojos para no encontrarse con quien, inevitablemente, se encontraría.
- Disculpe Srta. Whilver por hacerla esperar, es que se olvidaron de mandarme unos papeles, pero ya tenemos todo para que firme la incorporación al estaff de editores de Universo de… - y se detuvo en el momento en el que se sentó en su silla y elevó su mirada encontrándose con un rostro que conocía y que además mantenía sus ojos cerrados con fuerza. – ¿usted? – dijo abriendo sus ojos como platos y viendo como la chica abre los suyo lentamente y sonríe nerviosa.
- Hola. – y suelta una pequeña risita.
- Hola. – saludó confundido de que habiendo millones de mujeres en el mundo y cientos de posibilidades sea aquella mujer, irrespetuosa, que conoció el día anterior en el restaurante y le negó el uso de su propia mesa, siendo, en su alma suerte la ganadora del concurso abriéndole las puerta a en la editorial y sin darse cuenta, en su corazón.