Capítulo 6

2159 Words
Capítulo 6 Para Ayla la vida no había sido muy buena que digamos. El primer año lo pasó alejada de todas las personas que la amaban alegando necesitar tiempo para poder procesar todo aquello que le había sucedido y más aún para volver a encontrarle un sentido a su vida. Más allá que le doliera en el alma volver a esa casa, allí tenía los mejores recuerdos de su niñez, de sus padres y aunque también los tenía de su matrimonio, no quería opacar lo feliz que había sido allí de niña por lo que había vivido. Durante varios meses Aymee se encargó de hacerle llegar las fotos de su hija, quien había nacido con tan solo siete meses de gestación y que gracias a dios había salido de su estado crítico convirtiéndose en una niña hermosa y sana. Por más que la bloqueara de todas las cuentas, ella buscaba la forma de enrostrarle en el rostro lo feliz que era con su marido y siempre con la misma leyenda enviaba sus fotografías o videos “Te he sacado todo lo que alguna vez soñaste. . . gracias hermanita” y podía oír sus carcajadas retumbar en su cabeza, siempre acababa del mismo modo, con una crisis de llanto que no podía detener. Los detestaba, pero más lo hacía a ella, su hermana, la misma por la que había trabajado duro para pagar su universidad y resulta que solo estaba pagando la infidelidad de su esposo con ella. Vicky intentaba constantemente comunicarse con ella y pese a saber que dentro de la casa se escondía del mundo entero, se pasaba minutos e incluso horas, fuera esperando a que salga… a que salga a la vida. Cuando al fin se animó abrir su puerta, a dejarla entrar nuevamente a su vida necesitó tanto del abrazo de su mejor amiga, que fue lo primero que hizo… -          Ayla. – dice suavizando el rostro y notando lo dejada que estaba. -          Abrázame. – dijo tan solo y extendió sus brazos para que Victoria la reciba en los suyos. -          Mi amor. – dijo ella dejando que las lágrimas las envuelvan a ambas. -          Lo siento mucho. – Ayla se sentía culpable por haber estado ausente tantos meses, por evitarla, por gritarle más de una vez y echarla de su casa las veces que ha llegado a ella con la intención de ayudarle a no pasar el dolor sola. Por todo eso y más, ella sentía que debía disculparse, pero sim embargo Vicky no lo sentía así. -          No tienes que… lo importante es que ahora estas aquí y has vuelto y no te permitiré que nos vuelvas a dejar – la consoló profundizando su abrazo. Luego de estar abrazándose por largo rato, la dejó ingresar a su casa para ver cajas y cajas de cosas que no necesitó preguntar sobre su contenido, ya que en ellas se repetía las mismas palabras “los odio” se entristeció de solo pensar en cuánto sufrió durante todos esos meses y que necesitaba ayudarla a volver a ser la Ayla que era, no solo porque ella, su mejor amiga la necesitaba, sino por que ella misma se necesitaba y porque el mundo entero necesitaba de su sonrisa. -          ¿quieres tomar algo? – preguntó tímida y avergonzada al notar que observaba cada detalle de la casa. -          No, no te preocupes. – contestó forzando una sonrisa y luego de que ella se preparara un café se fueron a sentar en el living, justo donde estaban las cajas apiladas, las mismas que por más que quisiera, no podía dejar de mirar. -          Debería tirarlas, lo sé. – dijo mirando su café. – pero aún no he tenido el valor de hacerlo. – concluyó e hizo una mueca, pero su amiga posó una de sus manos en su hombro y ella levantó su mirada. -          No te preocupes, porque a veces hay cosas que no podemos hacer solos y que es necesario de otro para dar ese paso. – ella le sonrió y asintió con la cabeza. -          Quiero hacerlo, pero no sé cómo. – confesó tristemente. -          Empieza por ti misma y verás como las cosas fluyen solas. – terminó por decir para ponerse de pie e ir a los cuartos superiores. -          ¿A dónde vas? – preguntó curiosa al ver que subía las escaleras corriendo. -          ¡quiero ver qué has hecho en todos estos meses! ¡he descubierto el blog! – dijo y Ayla supo a qué había subido. Todo el tiempo en el que estuvo alejada de todos, sintió la desesperación ahogarla y matarla poco a poco, que necesitaba sacar fuera todo aquello que la asfixiaba por dentro y lo hizo a través de las palabras. Nunca imaginó que podía llegar a alguien con sus escritos, más bien lo hacía para poder desahogar su alma en pena, su corazón desarmado, pero sin embargo sus palabras se hicieron eco y en tan poco tiempo sus poemas había alcanzo miles y miles de lecturas. Sin embargo, a ella no le interesaba los cientos de propuestas que le llegaban para publicarlos e incluso vender sus derechos de autor, ella solo escribía para sentirse libre y mostrarle al mundo su alma desnuda, sus sentimientos en las manos. En un abrir y cerrar los ojos mi cuento de hadas se convirtió en pesadilla. Se me cayó de golpe la venda que cegaba mis ojos y vi la realidad, pude ver aquellas certezas que me negaba a verdades por creer que a lo mejor despertarías de la posesión en el cual te creía inmerso. Me quede sola sentada en la cama donde más de una vez me arrancaste gemidos de placer, dónde yo creí que tu cuerpo era tan sólo mío, sin saber que, en esa misma cama, bajo las mismas sabanas le hacías el amor a alguien más. A mi hermana.   Me vi sola entre las cuatro paredes de nuestra habitación, entre sus gritos y los míos cuando tus besos y tus caricias nos hacían tocar el cielo. Y levantaste con tus mentiras un muro en frente de mí, llenándome de ilusiones inventándome un futuro de papel.   Aposté al amor que me jurabas, a los sueños que creí teníamos juntos, vaciándome por completo entregando el alma y la piel, confiando ciegamente en ti, creyendo una a una las palabras que de tus labios salían. Te creí y confié aun sabiendo sin imaginar que tú me mentías.   Lo que una vez creí que soñamos en un segundo se vino abajo, dándome cuenta que nunca fui importante para ti que en verdad te daba igual romperme el corazón.   El día que decidiste marcharte, comprendí que no era amor lo que me dabas   Y que yo solo me fui acostumbrando a tus besos de mentiras, a cada una de las caricias que por costumbre le regalabas a mi piel, sintiendo como clavabas dagas en mi espalda cada vez que tus labios mojaban mi cuerpo arrancando a pedazos mi corazón cada vez que de tu boca salía un te amo que por costumbre yo debía creer.   Y de repente me encontré sola frente a tu ausencia, ahogándome en la depresión, en la desesperación y el llanto por tratar de entender el engaño, por tratar de justificar tus actos con equivocaciones mías, porque en ese instante que tome ese sobre y leí las cartas y mire esas fotos, terminaste de matar mis ilusiones y sueños corriendo a los brazos de ella.   Ayla sintió mucha vergüenza al encontrarla leer aquel poema que había redactado varias veces por estrofas y que por mucho tiempo le había costado escribir esas últimas palabras. De hecho, se castigaba mirando de nuevo esas fotos y releyendo las cartas, para poder sentirse devastada al escribir. Muchas veces se preguntaba ella misma el por qué hacía esas cosas ¿qué es lo constructivo de lastimarse constantemente con algo que sabes que no te hace bien? Una parte de ella era masoquista, en tanto la otra solo necesitaba vaciar el alma… vaciarlo de tanto dolor. -          Amiga… esto es… - ella no tenía palabras para decirle lo hermosas y dolorosas que eran cada una de ellas que estaba leyendo y podía sentir en su carne el dolor que atravesó sola todos esos meses. – mi reina. – no pudo decir más nada, solo abrazarla tan fuerte, aunque ese acto no sea suficiente para unir sus piezas rotas. -          Me da pena. – dice sin mirarla, pero Vicky toma su mentón y la obliga hacerlo. -          No debes sentir vergüenza de mostrar tus sentimientos Ayla, tienes que sentirte orgullosa de ese corazón hermoso que tienes. Sé que ahora no tienes cabeza para pensar en nada, pero verás que la vida te compensará. – y se fundieron en un abrazo. Por horas estuvo leyendo sus escritos que estaban por todas partes, hasta que encontró el bosquejo de lo que parecía ser una novela “El espejo” dijo en voz alta y comenzó a leer sobre sus personajes y características de la historia…  “ Lucía” “Bruno”… “mentiras” “engaños” “gemelas separadas al nacer” “Berta Asecas de Navarro… heredera de Luna Modells” “Sueños premonitorios” “venganza”…  cosas magnificas había en ese bosquejo, tal es así que no se aguantó y le pidió que le contara la trama. -          Son dos hermanas separadas al nacer y las dos tienen una historia con Bruno, solo que una de ellas desaparece y su hija es entregada a su tía para ser criada como propia… pasan los años y el protagonista se llena de odio por Analía y al conocer a Lucía y ver el gran parecido se encarga de enamorarla para volcar en ella todo el odio hacía su hermana… la protagonista se enamora y su suegra le hace pasar un infierno…. – hacía comenzó a decirle brevemente su idea y Victoria no podía sentirse más interesada en ella. -          ¡Que espectacular! - dijo fascinada con la trama. -          ¿tú crees? – pregunto Ayla dudosa mirando “el mapa” de su idea. -          Claro, no he leído novelas con ese tipo de contenido, hazlo de manera virtual y ve que sucede. – y se quedó pensando.   ¿Cómo olvidar aquellas palabras? Si gracias a su amiga, que encontró por casualidad ese borrador, se había animado a crear historias y lanzarlas a la vida, porque eso era, darles vida a sus personajes, a lo que les sucedía, a sus historias de amor, de tristeza. Victoria fue la promotora de que comenzara a encontrar en las palabras su libertad y un lugar en su mundo. Lo primero que hizo a la semana de dejar entrar a su vida, nuevamente a Vicky, fue tirar a la basura todos los recuerdos de Bruno y por sobre todo de su hermana. Quemar la carta y las fotografías que le había mandado Aymee incluyendo todas aquellas en las que aparecían juntas porque desde el día que supo que había sido capaz de engañarla en la misma casa donde nacieron y crecieron, ese día murió como su hermana para siempre. Luego su amiga la llevó a la peluquería, alegando que para que una persona, especialmente, una mujer decida cambiar su vida desde cero, debía empezar por sí misma y eso era una sesión de belleza y cambio completamente de look en el estilista. Ayla no era de esas mujeres que se fijaban mucho en su aspecto, si bien siempre trataba de estar bien y presentable, su imagen no era algo que se esforzaba por cuidar, pero ahora era diferente, ahora Victoria quería hacerle entender que no es por un hombre que debía cambiarse el look, sino porque a veces necesitamos cambiar de embace para poder pensar en cambiar lo que hay dentro. Quizás sea una concepción un tanto estúpida, pero así salió adelante al enterarse que su marido también la engañó. Nadie, completamente nadie, se salva de los cuernos o cachos, como les guste más, pero la idea era que ella misma al mirarse al espejo se sienta otra mujer, más hermosa, más libre, empoderada y por sobre todo renovada. Se cortó el cabello a la altura de los hombros y se lo pintó de color marón claro con mechas en color miel, realmente le quedaba hermoso. Su amiga le regaló ropa nueva, un estilo diferente. Ayla acostumbraba a vestirse usando pantalones largos y blusas de persona mayor y el vestuario por el que su Victoria había optado era completamente lo opuesto. Blusas con escote discreto, faldas por encima de las rodillas y zapatos de taco aguja. Claro, debía enseñarle a caminar, pero sabía que todo esfuerzo valdría la pena. Dos meses después y tirando la toalla más de una vez, la nueva Ayla se sentía completa para salir a comerse el mundo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD