Capítulo 3

1186 Words
•GENEROSA RECOMPENSA• Alejé la copa de mi boca al ver a Evans acercarse, tragué lo que tenía antes de mostrarle una sonrisa. Hace poco lo dejé charlando con unos amigos, yo por otro lado preferí salir a tomar un poco de aire fresco que nunca viene mal. De paso le contaba a Yanna como iba a la noche. Yanna: ¿Y cómo es? Proporcióname detalles. Emily: Es todo un caballero, bastante educado. Yanna: ¿Se ve como en sus fotos? Mejor que eso. Emily: Es mucho más guapo, aunque parece ser un poquito más mayor. Levanté la mirada al sentir la presencia de dicho hombre a mi lado, llevaba sus manos enbolsilladas en su pantalón de tela. —¿Ya quieres irte? —¿Tú ya quieres irte? Se encogió de hombros, sacó una de sus manos de su bolsillo y la estiró hasta tocar un mechón de mi cabello, enrollándolo en su dedo, lo soltó desplazando sus dedos hacia mi barbilla, levantó mi rostro para que pudiese verlo a él mejor. Me aclaré la garganta ante sus tacto. Sigo creyendo que todo esto es extraño, no logro acostumbrarme a tanta atención de un desconocido… por que claro, apenas lo conozco. Aparté su mano de mi rostro con delicadeza. —Háblame de ti, Lucia. Y podría empezar por confesarle que mi nombre realmente no es Lucia. Se recostó del cristal que servía como muro, ahora estaba de frente a mi por completo. Era la primera vez en toda la noche que tenía toda su atención. —¿Qué te gustaría saber? —Lo que me quieras contar, tengo curiosidad sobre ti. Exhale una boba sonrisa. —Bueno, soy editora literaria, soy la menor de cuatro hermanas, me gustan las plantas, muchísimo, y también me gustan los gatos y los hámsters, prefiero los días lluvioso a los días soleados, no me gusta el helado, ni el chocolate, tampoco el algodón de azúcar, ni las palomitas, odio las fresas, pero me gustan mucho las frambuesas y las moras, odio la pasta, pero me encanta la lasaña, solo esa en particular, no me gusta el marisco, me gusta la carne pero si tengo la oportunidad de no comerla, siempre la tomo… —Hice una pausa al darme cuenta de que había empezado a hablar sin cesar. Su mirada era atenta y curiosa; sentí mis mejillas encandecerse levemente. —Que interesante eres. Me encogí de hombros. —Sí te parece. —Por supuesto que sí; tu perfil dice que tienes veintisiete años, sin embargo, luces muy joven. Eso era porque no tenía veintisiete años. —¿Acaso una persona de veintisiete años no puede lucir joven? En teoría lo es. —Por supuesto que sí. «Dios mío, como odio mentir.» —Tengo veintidós años, no veintisiete. Él exhaló una pequeña sonrisa y asintió lentamente. —Entonces no juzgue mal, Lucia. —No lo hiciste. ¿Qué tanto se puede llegar a conocer a una persona en una noche? Evans resultaba ser bastante interesante, su manera de hablar, incluso sus expresiones eran cautivantes. A simple vista era atractivo, sin embargo, con un poco más de profundidad en su persona, lo era aún más. El resto de noche transcurrió de aquella manera, entre charla en la que me sentí bastante cómoda y a gusto. A fin de cuentas, esta idea tampoco estaba tan mal. Una vez llegar a mi departamento, tuvo la caballerosidad de llevarme hasta mi puerta. —Gracias, por esta noche. —No tenía problema alguno, en cuanto me pague, claro está. —La pasé muy bien, Evans. —Retrocedí un a paso con una sonrisa mientras sacaba mis llaves de mi bolso. —Que tengas linda noche. —Descansa, Lucia. «Lucia.» ¿Que tan cruel era como para dejarlo marcharse pensando que ese es mi nombre?… Metí la llave en el cerrojo y, entré a mi guarida asegurando la puerta de inmediato, sin embargo, observé por la mirilla viendo como desaparecía. Me alejé al escuchar el maullido de Artemis. —¿Qué cómo me fue? —miré a mi gato algo emocionada. —Es súper guapo, ¡y! —levanté mi dedo. —Fue todo un caballero. Artemis soltó otro maullido acariciandose de la tela de mi vestido, lo escuchaba ronronear. Me agaché para acariciarlo un poco antes de irme rumbo a mi habitación, saqué un conjunto de pijama y lo dejé sobre la cama para luego entrar al baño. Una larga ducha relajante fue más que suficiente. Aún no era tan tarde, por lo que tenía planeado ver alguna serie hasta caer rendida, o prácticamente tumbarme frente a la TV y recapitular todo lo de esta noche; no podía dejar de pensar en ello. Sentí un leve sonrojo al recordar la vergonzosa escenas de las escaleras. —Torpe. Balbuce frunciendo mis labios. Regresé a mi habitación para vestirme con el conjunto de pijama que había seleccionado. Escuché el tono de notificación de mi teléfono, lo saqué de mi bolso esperando encontrarme algún mensaje de Yanna, sin embargo, era todo lo contrario y, diría que mucho mejor. Recibí el pago. Una cantidad de dinero que, por lo general me tomaría dos meses en reunir, llego a mi cuenta bancaria. Solté un grito emocionada mientras empezaba a dar pequeños saltos de felicidad. Definitivamente había valido la pena aceptar una invitación de un total y completo apuesto desconocido. Me lancé sobre mi cama viendo la pantalla de mi teléfono aún sin poder creerlo, hasta que noté algo, y era que tal vez había más de la cantidad acordada. Curiosa regresé a la página web de Damasselectas.com para verificar si estaba en lo cierto… Y efectivamente era así, habían mil dolores de más en la suma. Pensé que tal vez se ha equivocado poniendo un cero de más. Artemis subió a mi cama estrujándose en mi pecho. Regrese a la página web para buscar su número telefónico, escribirle para avisarle de ese pequeño error era lo correcto, o era lo que siempre me han enseñado desde pequeña. Emily: Ey, es Lucia —«ay Lucia»— creo que hubo un error en la suma acordada, añadiste un cero de más. Solo quería avisarte. Con cierta rapidez el mensaje se marcó como leído, aproveché para agendarlo con su nombre, y segundos después una respuesta de su parte llegó. Evans Wilde: No hubo un error cariño. Emily: Mmm… creo que sí. Evans Wilde: No preciosa, es tu paga por esta noche, te lo mereces. Disfrútalo. «Dios mío, ¿acaso se podía ser más perfecto en esta vida?» —Guapo y generoso, Artemis… Seguramente no es real. Bese la cabeza de mi gato y este salió espabilado. —Exgarado, solo fue beso, gato amargado. Maulló repetidas veces mientras se alejaba con un paso de gato engreído… pero nada iba a deshacer mi felicidad. Suspiré para luego morder mi labio inferior levemente, sentía una inexplicable calma crecer en mi pecho, por un momento no tenía que preocuparme por las deudas que iba a tener, al menos esto me sustentaría hasta encontrar un trabajo adecuado. Emily: Eres un amor, Evans ❤️
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