« ¡Ladrona! ». Fue como si se lo gritara su propia conciencia, no el ególatra vil que acababa de ensuciarla, haciéndola caer en uno de los pecados más bajos. Por suerte se repuso de la primera impresión. No perdió su tiempo dándole importancia a una palabra que no tenía tal significado. Después de lo ocurrido...solo había cobrado de más. Se sentía como una prostituta, una muy tonta que se había visto acorralada hasta tener que ceder a un vil chantaje. Volvió a guardar su móvil en la cartera. Después su atención se posó en la entrada de la casa. Ya la oscuridad arremetía. Diviso las luces encendidas. Detrás de las cortinas de colores escandalosos que imponía su abuela Mechy para la decoración, pudo notar que esa misma figura estaba parada detrás de una pieza de los lados. Haciendo uno de

