« ¡Ladrona! ». Su mente volvía a reproducir esa palabra en la madrugada. Ya, cuando hasta había perdido la cuenta de las veces, dicha por el. Aunque ese no era su martirio. Más bien la indiferencia de la costurera luego de follarsela. Nunca en su maldita vida, había sido un amante tan atento. —¡Perra ingrata!. Ni agradeció el favor de mis besos. No cualquiera los tiene.—Escupi entre dientes. Enojado, con el ego aplastado por una mujer pobre y creída. —¿Quién se cree esa costurerita de mierda, para ignorar mis mensajes y mis llamadas?. —Su furia por poco lo lleva a lanzar su móvil contra la pared. « No pierdas el control, recuerda que eres un Berlusconi », con decírselo una y otra vez de forma interna...no bastaba. No sabía lo que le estaba pasando con esa mujer, no era el dinero, aunqu

