—Lo entiendo —dije, preparándome para la tormenta que se avecinaba. Media hora más tarde, el médico salió a la sala. —¿Familiares del señor Alexander Stone? —Soy su hermana —dijo Anita, dando un paso al frente. Yo me mantuve a su lado, sin aliento. —El señor Stone está fuera de peligro —anunció el doctor, y sentí que la vida me regresaba al cuerpo. —Fue un golpe fuerte, pero solo tiene algunos rasguños y una luxación en el hombro que sanará con reposo. Se quedará aquí unas horas por precaución, pero está consciente. —¿Podemos verlo? —pregunté ansiosa. En ese momento, las puertas de la sala se abrieron de golpe. Gretel y Fabiola entraron como si fueran dueñas del hospital. Gretel me barrió con una mirada de asco. —Anita y Fabiola pueden verlo —sentenció Gretel con voz fría. —pero t

