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510 Words
Intenté tardar lo menos posible en la ducha, pero con tantos jabones y acondicionadores distintos tardé más de lo esperado. Me sequé con una toalla tan suave que parecía una nube roja. Me envolví el pelo que olía a flores y cubrí mi cuerpo con una bata. No me había acordado de quitarme el maquillaje, así que cuando salí tenía restos por toda la cara. Busqué algún producto para borrarlo y después me hidraté con crema. Ya que estaba iba a aprovechar los productos. Por último me puse desodorante y limé una de mis uñas, que se había partido esa misma tarde por culpa de la puerta de armario. Cuando terminé y comprobé que, aunque iba sin maquillar, estaba presentable, aparecí de nuevo en la habitación. Ambas me esperaban aún, pero ya habían elegido lo que faltaba, así que ahora se dedicaban a mirar algo dentro de una bolsa. —Señorita, puede cambiarse en el aseo—. Me indicó amablemente Mary, como siempre, con una sonrisa. —Claro, ¿Puedo haceros una pregunta? Por intentarlo no perdía nada. —Por supuesto señorita—. Respondieron al unísono, mirándome. —¿Sabéis quién soy?—. Pregunté, entrecerrando los ojos, pues no sabía qué versión les habría dado Zac. Ellas compartieron una mirada y rieron levemente, como si fuese una pregunta absurda. —Por supuesto, es la novia del señor Collins. Parpadeé varias veces, asimilando aquello. Genial, ahora todos creerían que era la pareja de ese... Clon de Robert Pattinson. Sí, era idéntico. ¿Qué pretendía hacer conmigo? La curiosidad era más latente en mí a cada minuto que pasaba cerca de él. Sonreí de forma forzada y sin saber qué más decir tomé el vestido y complementos para ponérmelos. Las estilistas habían hecho un trabajo estupendo, eso era seguro. La tela se deslizó suavemente sobre mi cuerpo como si estuviera hecho a medida para mí. Además el color quedaba bastante bien con mi piel. Decidí no ponerme sujetador por el diseño descubierto del vestido, así que solamente me puse la parte de abajo de la ropa interior. Los tacones, rojos, me encajaban a la perfección, y por suerte tenía los agujeros hechos para ponerme pendientes. Al mirarme al espejo me di cuenta de que parecía sacada de una revista de modelos, igual que Zac. Haríamos la "pareja" perfecta. Me reí irónicamente por ese pensamiento. Cada cliente era un mundo, pero este había sido sin duda alguna el más interesante de todos. La noche prometía. Salí por segunda vez del cuarto de baño y ellas me aprobaron con la mirada. —Está deslumbrante, al señor Collins le va a encantar—. Dijo Mary y Ruby asintió detrás de ella. Asentí totalmente halagada. Hacía mucho tiempo que no recibía ese tipo de trato o cumplidos, y se sentía bien poder por fin sentirme como una mujer sofisticada. —Por último, un poco de maquillaje y peluquería—. Anunció Ruby, alzando en sus manos una paleta de sombras de ojos. —Claro, por qué no—. Volví a asentir.
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