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713 Words
Se separa de mí y extraño sus brazos, no puede separase de mí ahora, necesito volver a sentirlo. –Discúlpame Leanne, es la emoción de que hayas encontrado esto– ¡auch! –No te disculpes Marcus, no pasó nada– lo veo fruncir su ceño, no sé qué pasa en su cabeza –Muy bien, entonces mientras tú sigues trabajando en las pruebas, haré unas llamadas importantes, a ver si consigo sacar más información– dicho esto se separa de mí, dejando una distancia de aproximadamente unos 60 cm. Obviamente no voy a tratar de acercarme si puso distancia es por algo, a lo mejor mi aroma no le gusta, o se acordó de su novia y pensó que estar cerca de mí de algún modo la estaría engañando. Pero ayer no me dijo nada sobre si existía una mujer en su vida, y definitivamente este no es el momento de pensar en ello. Así que sacudo mi cabeza alejando esos pensamientos y pongo atención en lo que tengo, voy escribiendo en mi laptop la defensa para el juicio, mis testigos hasta el momento es el portero del edificio, el detective por su puesto, y pues la madre del difunto, se por boca de su madre que su difunto esposo, le dejo heredada la empresa al Sr, Cannabell, y pienso que la mujer lo asesino para quedarse de algún modo con ella, ya que todos los bienes pasan directamente a la esposa. Otra pregunta que ronda mi cabeza es ¿Quién es el contacto que le vendería el arsénico? Creo que esa pregunta ya me la he hecho como ochenta mil veces, pero no logro dar con algún presunto culpable, solo que haya sido el amante. De seguro él fue, no hay duda. Miro mi reloj de mano y veo que ya son las 3 de la tarde, que rápido se pasa el tiempo cuando estás haciendo conjeturas en tu cabeza. Volteo a ver a Marcus y también está enfrascado en sus pensamientos, quisiera saber que está dando vueltas en su hermosa cabeza. Creo que se da cuenta que lo estoy mirando porque voltea a verme y me da una cálida sonrisa. –Leanne que te parece si vamos a comer. No puedo evitar que mi yo interior este saltando de alegría. –Claro Marcus vamos. Salimos juntos de su despacho y caminamos al elevador, ni modo hoy me tocaba sufrir un poco, abordamos el elevador y marca el botón que da directo al estacionamiento, cuando siento que se mueve, no puedo evitar tomarlo del brazo y recargar mi cabeza en él, parece que no le ha molestado porque no ha intentado quitarme su fuerte brazo. Cuando llegamos al estacionamiento saca las llaves del bolsillo de su pantalón, caminamos un poco hacia el interior del estacionamiento y hace sonar la alarma de su carro, para mi sorpresa es un auto muy lujoso bueno lo que puedo ver por fuera, color n***o, llantas llamativas, no se mucho de carros así que ignoro qué modelo o algo de eso sea, solo le veo unas esferas como las de los juegos olímpicos. Se apresura abrirme la puerta del copiloto y entro sin evitar esbozar una sonrisa en su dirección él solo se limita a guiñarme su precioso ojo izquierdo. Evito preguntar a donde vamos, y me dedico a escuchar la melodía que sale de las bocinas de este elegante auto. Me pone muy ansiosa saber a dónde iremos a comer, si bien cuando fuimos a cenar escogió un restaurant medio elegante y la comida estaba deliciosa, pero no sabía ni que escoger eran nombres de platillos muy raros, y ahorita mismo se me apetece una hamburguesa. -¿Qué tal si vamos por unas hamburguesas?- lo veo voltear ligeramente hacia mí y esbozar una pequeña sonrisa. Acaso eso será un ¿sí? –Me parece bien Lea– dicho esto pone toda su atención a mane obrar el auto. Estoy pensando seriamente en ir mañana a la dirección que proporciono la policía, necesito saber de donde consiguió el arsénico, estoy seguro que si le pregunto a la viuda no me dirá, así que necesito seguir al Sr. Ben y ver a donde se dirige toda la mañana, estoy segura que puedo dar con su vendedor.
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