—Quiero que me cuentes de tu familia —animó la psiquiatra cuando indujo a Faith en la hipnosis—. Cuéntame dónde estabas a los cinco años, qué ves, qué hueles, qué sientes. Cuéntamelo todo. Faith estaba sentada recta en uno de sus sillones favoritos, con los ojos fuertemente cerrados y las manos sobre sus muslos. No le gustaba no tener el control de su cuerpo, ni su cabeza, y aunque lo tuvo, el dejarse zambullir en ese mundo oscuro era distinto. Faith sentía como sus pensamientos y recuerdos eran hilos de los que la psiquiatra tiraba para extraer a colación y a flote todo lo que vivió desde que era una niña hasta ese momento, cuando finalmente decidió que era tiempo de cerrar esa herida y dejar el pasado. La psiquiatra era una mujer fuerte, pero considerada con aquellos traumas de la inf

