Ningún soñador es pequeño
Y ningún sueño es demasiado grande.
-Excelente trabajo,-dice mi jefe al revisar por tercera vez el comercial que acabamos de filmar. Es muy importante que note mi trabajo, quiero un mejor puesto.
-Gracias, jefe -sonrió con timidez a su halago.
-Me imagino que este proyecto fue muy fácil para ti. -pongo mi mejor sonrisa en respuesta a su comentario ¿fácil? Si supiera, y es que no sabe lo que es tratar con tanta gente. Él solo llega ordena y se va.
-¿Estás lista para esta noche? -levanta su vista de la lap para verme. Mi jefe no es como los típicos jefes, viejos feos y barrigones (ese es su padre) Él es un hombre joven solo dos años me lleva de ventaja. Es bellísimo alto, moreno con unos hermosos ojos cafés.
-¿Esta noche? -reviso mi agenda mentalmente, ¡Diablos! lo olvide, hoy es el la fiesta de aniversario de nuestro mejor cliente y por lo tanto una gran oportunidad para casar a unos peces gordos y agrandar nuestra cartera de clientes
-Sí, claro todo listo. -hago una pausa bajando mi mirada a mis manos.
-Me preguntaba ¿puedo llevar a alguien?
-¿Alguien? -mi jefe frunce el entrecejo, apaga el monitor para después girar en su silla para verme mejor
-¿Y se puede saber a quien llevaras? ¿Un novio ? -Me ve serio y por un momento creo que está molesto. ¿Un novio? Qué más quisiera yo, pero con sus horarios de trabajo no me queda tiempo ni para eso. “pienso para mi misma”.
-Quiero llevar a mi amiga.- un susurro sale de mis labios, no se porque este hombre me pone nerviosa, me gustaría decirle lo contrario " Si, llevare a un chico buenísimo, porque él sí tiene el coraje de hablarme, de verme como mujer. Él no es un idiota como tú que solo me ve como una trabajadora más, eso me hace sentir mejor, me pongo derecha y le digo en su cara.
-¿Y... usted? ¿Llevará a la chica en turno? -en ese mismo instante me arrepiento, pero es muy tarde el veneno sale demasiado rápido de mi boca como para detenerlo.
-Yo.. ¿Qué?
Se levanta rodeando su escritorio acortando el espacio que hay entre nosotros. por instinto doy pasos atrás hasta chocar con la pared fría. Sus grandes y varoniles manos se apoyan en la pared aprisionando mi cuerpo entre ellos.
Su colonia me transporta, huele a roble, bosque, a hombre. Se coloca a mi altura. Siento su respiración cálida acariciar mi cuello llevando corrientes eléctricas por todo mi cuerpo, no puedo mas, quiero que termine con esta agonía, quiero probar lo dulce de su boca, quiero que me toque, sentir su húmeda y ardiente lengua, muerdo mi labio para callar un quejido. Siento su dedo acariciar mi labio inferior liberándolo de su agarre. Besame, besame, pido en silencio.
En respuesta él se detiene, libera mi labio y mete el dedo a su boca saboreando como si de un dulce se tratara.
-Sabes a chocolate.- Con un guiño de ojo, gira en sus talones para salir de su oficina. Dejó salir el aire que no sabía que contenía.
¿Qué diablos acaba de pasar? Ese hombre juega conmigo y su juego no es limpio. Maximiliano es una invitación al pecado.
A la hora de la comida me pongo de acuerdo con Kass para ir a comer, a un restaurante cerca de mi trabajo.
-Kass, tengo un cóctel por la noche y quiero que me acompañes, por favor, no quiero ir sola, suelen ser muy aburridos -le hago un puchero de perrito regañado. Sé que no tengo que rogarle demasiado, pues detesta quedarse en su casa y si no tiene ningún plan ahí la tendrás.
-Esta bien, de igual manera no tenía nada por hacer, -se encoge de hombros
-Oye ¿Cómo es que te aburres con tanto bombón alrededor? -la veo como muerde su labio al imaginarse a los modelos.
-¿Qué de Gay no entiendes? -le digo secamente.
-No todos son Gay, -defiende su punto
-No todos vemos a los hombres como trozos de carne -le sonrió
-No sé por quién lo dices, pensándolo bien, creo que a tu jefe no le gustan las mujeres, por lo que me cuentas de él, lo imagino viejo, amargado con cara de sapo -frunce el entrecejo.
-Kass tú no conoces a mi jefe, créeme te equivocas. -nunca se ha dado el tiempo para visitarme en mi trabajo, y yo no le platico lo que pasa entre Maximiliano y yo.
-Tenemos que pasar al salón de belleza, ¿como tengo que ir vestida?
-Vestida amiga, nada de tus inventos de vestidos, algo lindo y sin mostrar tanta piel, ¿podrás? -le pido, mi amiga tiene un excelente cuerpo y esa es precisamente la excusa que necesita para utilizar vestidos diminutos.
-Que aburrida eres, pero ya que insistes tengo algo muy discreto que puede servir. Por cierto puedo invitar a Draco? -¿a ese tipo idiota? ¡Claro que no! No. No lo quiero ver, ni a él ni a...
Sus ojos, su boca y su aroma afrodisíaco que desprende con cada palabra que dice, Se fuerte Diana... Dile que ¡NO!
-No lo sé, no tengo invitación para él, y sabes lo especial que es mi jefe -trató de sonar segura.
-Amiga, por favor -me toma de las manos.
-Él es nuevo en la ciudad, así nos divertiremos más, por favor -agrega un puchero a su súplica, y hace efecto, no le puedo negar nada a esta mujer.
-Esta bien, ya buscaré la forma de que entre -le respondo con tono resignado.
-Pero que cumpla los protocolos de vestimenta.
-Amiga, estará a la altura, gracias, gracias te amo. -avienta besos con las manos a todas direcciones, esta mujer está loca.
Después de comer nos vamos al centro comercial a comprar el vestido de repuesto para Kass, por mas que trate de hacerla cambiar de opinión no lo logré y aquí estamos después de 15 vestidos probados por fin se decidió por el primero que vio hace más de una hora.
-Lista, ahora vamos al salón -sonríe mientras toma sus bolsas con compras.
-¡Por fin!- levantó las manos al cielo llamando la atención de unas chicas dentro de la tienda.
-Exagerada, no tarde mucho, además tú no has comprado un vestido. -me acusa torciendo la boca.
-No reina, porque ya lo tengo, me está esperando en casa.
-Hay un convento cerca de tu casa ¿verdad?
-Si, por...
-¿Le robaste el hábito a una monja? -suelta una sonora carcajada, desgraciada ya verás, ahora va la mía. Espero a que termine de burlarse y le digo:
-Por cierto, te busca Renata -le comento quitando una pelusa invisible de mi abrigo
-¿Renata? No la recuerdo -mi amiga se detiene llevando su mano a la barbilla en un gesto de concentración.
- Sí, -llamó su atención
-La chica del club nudista, dice que le devuelvas todos sus vestidos. -jaque al rey. Su cara es todo un poema por primera vez la dejó pasmada. Muero de risa por mi ocurrencia
-Ha ha ha, que graciosa eres, con esta amiga para qué quiero enemigas. -me dedica una mala cara.
-Que conste que tu comenzaste. Para aclarar, mi estilo es más reservado que el mío. Si te dejas de meter con mi forma de vestir, yo te dejaré tranquila. ¿Trato?
-Está bien, trato hecho.
-Bien, Vamos al salón, que perdemos la cita con Leonardo -Leo es el mejor estilista que conocemos, cuando se me carga el trabajo le llamo y hace unas obras hermosas, es muy especial y odia los retrasos..
Llegamos al salón que por suerte no se encontraba lejos de la zona de compras de Kass.
El salón es discreto, pero elegante. Cuando Leo abrió su salón tenía problemas en conseguir clientes, ya que se había independizado de su traicionero novio, él tipo en cuestión se encargó de plantar mala fama.
Cuando lo conocí me quedé enamorada de su gentileza y su trabajo, así que no dude en recomendarlo a las chicas de la agencia y poco a poco creció, ahora se toma el lujo de decidir quién quiere atender y a quien no.
-¡Diana! Hermosa tan puntual como siempre. -un hombre maduro vestido un impecable traje de color blanco.
-Hola Leo, -lo saludo con un beso en cada mejilla
-Claro sabes que me gusta la puntualidad.
-Lastima que no ¡Todas! sean así -le manda una indirecta a Kass fulminando con la mirada
Ellos no se llevan bien desde aquel día que kass lo hizo esperar por más de 2 horas ocasionando que Leo perdiera 2 de sus mejores clientas.
-¿Te vas a quedar ahí plantado tirando indirectas o te pondrás a trabajar ? –mi amiga le escupe. Sí esas miradas fueran dagas cierta peli-castaña estaría muerta..