Mientras avanzaba por el sendero, notó que un hombre se aproximaba hacia ella. Jess estimó que debía tener alrededor de sesenta años. Su cabello canoso lucía húmedo y grasiento, y llevaba demasiada ropa para esa época del año. Cargaba una mochila y una bolsa de plástico abultada, lo cual hacía caminar encorvado. El hombre no daba muestras de haberse percatado de su presencia. Jess apartó con rapidez el cochecito a un lado del sendero para evitar una colisión. En ese preciso instante, Cara dio una patada y se desprendió de uno de sus zapatos. Este cayó al suelo y rodó hasta detenerse justo frente al desconocido. Él se detuvo y lo observó detenidamente. Jess se encontraba indecisa. ¿Debía recogerlo ella misma o esperar? Al cabo de unos segundos, el hombre se agachó para recogerlo. Observó el

