– 8 –

2114 Words
    Al día siguiente cuando sentía que mi cabeza iba a explotar por la resaca por no haber comido nuevamente y hablaba con mi amigo y me contaba como me había visto nuevamente en las noticias y como se podía escuchar a las mujeres que claramente no eran paparazis y gritaban cosas hirientes contra mi persona, lo ponía al tanto que solo fue la noche anterior y se sorprendía por lo rápido que corrían las noticias en el medio.     —Bueno. One Direction está en el ojo del huracán por su descanso, es entendible que todas las noticias de ellos corran así de rápido —le dije calmada, aunque en el fondo aún podía escuchar las palabras de esas personas sin rostro que me hirieron en lo profundo.     —¿Qué harás hoy? —me preguntó para cambiar el tema.     —Absolutamente nada, mi cabeza y mi cuerpo me están matando así que me quedaré aquí, pediré algo para comer y me encerraré a ver películas. Realmente no tengo ganas de hacer más, no quiero salir de aquí.     —Me parece bien, date un descanso de tu descanso —me dijo intentando levantarme el ánimo. Sonreí.     —Lo haré —callé por un momento.     —Escúpelo de una vez —me dijo Max al saber que escondía algo.     —Anoche escuché el disco de los chicos —dije arrugando la nariz sabiendo que me esperaría un gran reto.     —Por la mierda, Carolina.     —¡Lo siento! Estaba un poco ebria.     —Eres una verdadera masoquista. Pero debo admitir que es muy bueno.     —¡Lo es! —le dije ahora feliz, porque realmente lo era. Esta mañana lo había escuchado de nuevo, aunque no se lo diría.     —Pero hay mucha otra música que puedes escuchar, no te hagas esto, no seas una idiota.     —Está bien, no lo haré. Te hablo luego, te adoro, pelado.     —Y yo a ti, ahora ahógate en películas y comida chatarra.     —No me lo tienes que decir dos veces, adiós.     —Adiós, Pecosa de mi corazón.       Eran eso de las 10 de la noche y la tercera película que veía cuando sentí al repartidor de pizzas tocar. Tomé mi billetera, pausé la película y me dirigí hacia la puerta.     —Justo a tiem... —Pero no pude terminar la frase. Unos ojos esmeralda me penetraron aliviados.     Harry cruzó el umbral de la puerta y me abrazó con fuerza.     —Me tenías muy preocupado —dijo ronco y suave cerca de mi oído.     —¿Qué haces aquí? —pude apenas decir por el abrazo apretado.     Se separó para poder mirarme, sin separar sus brazos de mi cuerpo.     —Te vi en las noticias, quería saber si estabas bien pero no respondías mis llamados. El dueño de tu antiguo hostal me informó que te estabas quedando aquí. Necesitaba verte. —Sus ojos irradiaban alivio puro. Pero una alarma se encendió en mi cabeza, haciendo que retrocediera unos pasos para separarme de él.     —¿Nadie te siguió? —pregunté preocupada, pero negó con la cabeza y pude respirar tranquila—. Gracias por la preocupación, Styles, pero estoy bien —dije para terminar todo, pero Harry volteó para cerrar la puerta y luego mirarme lentamente—. Creo que es mejor que te marches, si te quedas puede haber problemas —le dije cansada y herida.     Mi pecho se había inflado al verlo, pero sabía que despedirme de él haría que volviera a apretarse. No quería pasar por eso nuevamente.     —¿Quieres que me marche? —habló bajo, casi como un susurro irreconocible por su ronca voz. Se acercó unos pasos buscando mi mirada.     ¿Por qué estaba dudando ahora?      Sabía lo que era mejor para nosotros.     Lo que era lo mejor para él.     —Harry, por favor… —supliqué.     —Mírame a los ojos, dime que me marche, y lo haré —dijo seguro, aún penetrándome con sus ojos esmeralda.     Su voz aterciopelada nublaba todo racionamiento en mi cabeza. Intenté bajar la vista pero su dedo largo me detuvo para subir mi mentón para encontrarme con sus ojos, y como era de costumbre, los míos bajaron a sus labios. Mi corazón comenzó a acelerarse y mis pulmones comenzaron a buscar más aire de los que ya tenían cuando vi como exhalaba fuerte por la nariz mientras mojaba sus labios para después morder su labio inferior.     Harry caminó los pocos pasos que nos separaban para pararse justo al frente, cerca, peligrosamente cerca.     —Si quieres que me marche lo haré, pero quiero que me lo digas mirándome a los ojos, y así te creeré.     Su voz se escuchaba más ronca de lo normal, haciendo que todas las emociones que sentía al estar con él volvieran multiplicadas por mil. Mi estómago estaba apretado a más no poder y mi corazón latía tan fuerte que parecía que iba a salir de mi pecho en cualquier momento. Miré los ojos esmeralda suplicantes y tomé un respiro que quemó mis pulmones.     Sabía que me iba a arrepentir de lo que iba a decir más adelante.     —Deberías marcharte —le dije sin apartar mis ojos de los suyos.     El músculo de su mandíbula saltó mientras su ceño se acentuó. Harry miró mi rostro por unos segundos más, sin decir nada volteó y salió por la puerta azotándola fuertemente. Cerré mis ojos tratando de calmar las ganas que tenía de correr tras él y decirle que se quedara conmigo, pero no podía, era lo mejor para él, para mí, para su carrera.     Nadie sabe que está aquí, Carolina, él te lo dijo.     Escuché en mi cabeza.     Si se queda nadie lo sabrá.     Mierda.     Esa estúpida voz en mi cabeza tenía razón.     ¿Qué había hecho?     Lo quería, lo quería conmigo.     Corrí hacia la puerta decidida, y al abrirla me topé de frente con Harry quien tenía el brazo levantado preparado para tocar nuevamente.     —Harry… —dije sin aliento por la sorpresa.     No pude decir nada más.     Sus manos tomaron mi rostro y sus labios me besaron tan fuerte que casi me hacen daño, pero no protesté. Caminamos tambaleándonos dentro de la habitación sin romper el contacto mientras Harry cerraba la puerta con un pie y nos volteaba para que mi espalda presionara la puerta y su cuerpo se juntara con el mío con fuerza eliminando todo espacio habido y por haber entre nosotros.     Sus labios me besaban con urgencia, bajando por mi mandíbula hasta caer en mi cuello haciendo que un pequeño gemido saliera del fondo de mi ser. Mis manos tomaron su chaquetón pesado tirándolo en alguna parte del suelo y mientras sacaba su camisa por encima de su cabeza pude ver su tatuaje en todo su esplendor.     —¡Mierda, Harry! ¡Es gigante! —dije mirando su tatuaje y tomando un paso hacia un lado. Harry me miró mordiéndose el labio.     —Y no me he quitado los pantalones aún —bromeó. Levanté la mano para darle un pequeño empujón pero tomó mi muñeca en el vuelo acercándome hacia él, haciendo que mi pecho quedara pegado al suyo—. Si nos quedamos así de cerca no tendrás que verlo, Pecas —susurró ronco cerca de mi oído.     Levantó mi mentón con su dedo y volvió a besarme. Agarré su cabello para acercarme más a él y tomó mis piernas para abrazar su cintura con ellas. Sin esfuerzo alguno caminó hasta la cama y nos caímos sin romper el beso que se tornaba cada vez más acalorado.     Ni siquiera noté cuando mi camisa voló por la habitación junto con mis pequeños shorts dejándome en mi ropa interior. Mis manos recorrían sus brazos tatuados y podía sentir sus músculos en todo su esplendor mientras apoyaba su peso en ellos para no aplastarme con su cuerpo.     Harry rompió el contacto y se alejó lo suficiente para verme tendida en la cama semidesnuda. Su pecho se movía rápido buscando el aire que le faltaba a sus pulmones mientras sus rizos caían enmarcando su rostro perfecto, y pude ver como mordía su labio tan fuerte que por un momento pensé que se lo rompería.     —Mierda, eres hermosa —su voz ronca y baja me llevó al límite.     Intenté acercarme para besarlo pero me detuvo.     —Harry, me estás matando aquí.     —Solo quiero contemplarte un poco más.     Sus palabras me dejaron desnuda. No físicamente.     Quería más, quería todo de él.     Ahora.     Tomé su rostro y lo bajé hasta el mío para besarlo profundamente mientras cambiaba de posición y sus pantalones volaban como las otras prendas y me ponía a horcajadas sintiendo su hombría en todo su esplendor. Harry se sentó aún conmigo encima mientras nos seguimos besando, jugando con nuestras lenguas en un compás inventado, en un baile perfecto.     —¿Tienes un…? —me preguntó con sus ojos cerrados cerca de mis labios.     Me separé rápidamente de él haciendo que abriera los ojos con preocupación. Cerré los ojos haciendo una mueca y apoyé mi cabeza en su hombro mientras negaba.     —Por la mierda —susurré. Harry soltó una risa tierna mientras me acariciaba la espalda.     —No te preocupes, no tenemos que hacerlo hoy —dijo dándome un pequeño beso en el hombro.     —¿Hoy? —pregunté con los ojos abiertos a más no poder.     —No entiendo.     —Harry, tienes que saber algo de mí… —le dije con preocupación y me miró confundido mientras yo seguía a horcajadas en él y su manos estaban en mis caderas—. Yo nunca, ya sabes. Yo soy… —dije y abrió los ojos de par en par.     —Santa mierda —susurró, pero no pude evitar explotar de la risa.     —¡Debiste haber visto tu rostro!     —¿Estás de broma?     —¡Tenía que aprovechar el hecho que no tengo un condón!     —Tienes un humor raro —me dijo mientras me besaba la frente, aliviado—. Aunque no me hubiese importado desflorarte. —Me mostró esa sonrisa que me encantaba.     —¿Desflorarme? Recuerda que yo soy la mayor aquí —le dije alzando una ceja.     —Y yo no me quedo atrás en el tema del sexo por mi edad.     —Wow, todo lo que una mujer quiere escuchar —le dije teatralmente mientras reía.     —Tú empezaste. —Me besó tiernamente los labios.     Harry abrazó mi cuerpo dulcemente y me recostó a su lado. Ambos en nuestra ropa interior, con las ganas de ser uno quemándonos las entrañas.     Suspiré divertida por como se había tornado mi noche. Su cuerpo tibio hacía que todo vacío que tenía en mi interior se llenasen con él, con su aroma que de a poco se transformaba en uno de mis favoritos, con su tacto y sus ojos esmeralda.     No quería admitirlo, pero estaba completa, así, semidesnuda a su lado.     Harry me miraba serio mientras acariciaba mi piel desnuda. Lo miré con un signo de interrogación tatuado en mi frente.     —¿Estás segura de que estás bien? —me preguntó.     —Ahora estoy mejor —le confesé y me acerqué rozando sus labios y le di un pequeño beso para separarme de nuevo y mirarlo—. Sé que te meterás en problemas si alguien se entera de que estás aquí.     Harry solo se limitó a negar con la cabeza, su mano seguía acariciándome suave, produciendo cosas en mí con las que debía luchar. Luchar para no lanzarme a sus brazos sin que nada me importara. Pero no podía, no teníamos protección y era lo suficientemente inteligente para no caer en la tentación de hacerlo sin ella, aunque me moría de ganas. Intenté concentrarme en la conversación ignorando las caricias suaves de Harry, que pasaban desde mis brazos, a mi estómago, mis muslos y toda piel desnuda marcando su territorio por donde pasaba.     —Ya no me importa —dijo al fin.     Me acomodé en la cama apoyando mi codo para mirarlo de frente. Harry apoyó su cabeza en su mano mientras su codo reposaba en la cama y su otra mano en mi cintura.     —Pero a mí sí. Me importas tú, me importa tu carrera, me importan tus fans y todo lo que conlleva eso, y no quiero que te metas en problemas por mi culpa —dije, y me miró sereno regalándome su sonrisa perfecta al escuchar mis palabras.     —Y a mí me importas tú, aunque tu carrera sea aburrida y no tengas fans.     —Muy gracioso —le dije con los ojos entrecerrados.     —Lo que quiero decir es que; me importas tú. Por eso no quiero dejar de verte —confesó.     Mi corazón se saltó un latido, dos, tres, hasta cuatro si los contaba. Y hablé sin pensar.       —Quizás, no sé, podríamos hacerlo a escondidas —dije bajo pero Harry frunció su ceño.     —No me gusta esa idea. —Su ceño fruncido estaba en todo su esplendor.     —Lo siento, es lo único que se me viene a la cabeza, yo tampoco quiero dejar de verte, aunque sea solo como amigos.     Sus ojos me penetraron, y podía ver como su cabeza funcionaba a mil por hora. Tomó un gran suspiro y asintió al fin sabiendo que tenía razón, sabiendo que si queríamos seguir viéndonos tendríamos que hacerlo a escondidas.     —Está bien, pero tacha eso de; solo como amigos.      Sonreí y me lancé a sus brazos para volver a besarlo.     —Sabes que podemos hacer otras cosas que no requieran… —le dije en sus labios.     Ágilmente Harry tomó mi cuerpo dejándolo debajo de él.     —No tienes que decírmelo dos veces, mi Pecas.     Y nos hundimos nuevamente en un beso cargado de lujuria.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD