Diana bajó del auto un poco impaciente. Tan pronto entró a su casa, empezó a buscar por la sala, el estudio de su papá y por toda la casa a su mamá, hasta que finalmente la encontró en la cocina horneando galletas. —¡Mamá, mamá! —Se le apareció de repente un tanto agitada por la rapidez con la que la buscaba. —¡Hija! ¿Qué tienes? ¿Te sucede algo malo? —Interrogó algo preocupada cuando percibió su inquietud. Diana negó con la cabeza. —No, no es algo malo, creo... —Su respuesta despertó más curiosidad en su madre, así que soltó la bandeja de galletas que llevaba en sus manos para aproximarse a su hija e indagar más. —Okey, entonces... ¿Dime? Soy toda oídos... —Preguntó con vergüenza. —Cuando hay una amistad entre hombre y mujer, ¿qué hacen cuando salen? —Serena arrugó su entrecejo

