Al sonar la alarma de las 6:30 am me levanté y duché rápido, lo menos que quería era escuchar los gritos de mi mamá. Sin contar que una impuntualidad mancharía mi historial de asistencias y provocaría una guerra local en mi casa. No quería tener problemas, así que salí lo más rápido que pude, tomé la bicicleta y me dirigí a la universidad.
—Ya va, ¿qué están viendo mis ojos? —bromeó Carlos, quien me saludó con beso y abrazo—. No puedo creerlo, en serio.
—¿Y ese milagro que llegaste temprano? —me preguntó Barbie. Sabía que esto generaría comentarios de todo tipo en mis amigos.
—Bueno, todo sea por no generar una tercera guerra mundial —respondí, ellos rieron con ganas—. ¿Me acompañas al baño? —Le pregunté a Bárbara, ella sin dudar, se levantó para acompañarme. Cuando por fin llegamos, le conté absolutamente todo lo que sucedió luego de que ella y Carlos me dejaran sola en la universidad el día anterior.
—Te entiendo, yo sé que vos estás dolida pero...
—¿Pero? —repliqué, repitiendo su última palabra con incredulidad—. No hay pero que valga, Bárbara, él falló y yo no puedo perdonarlo tan fácilmente.
—Creí que te gustaba todavía.
—Eso no significa que voy a dejarlo que juegue conmigo y hacer como si nada pasó, Barbie. Vos sabés como soy yo, esto es muy duro para mí.
—Yo sé, yo sé, tenés razón al no perdonarlo, pero con el resentimiento solo te enfermás vos, Maria, más nadie.
—Hay algo más que debo contarte —me miró—. Conocí a alguien…Bueno, algo así. En realidad, solo lo stalkeé.
Abrió los ojos sorprendida. —Oh, ¿de quién se trata?
—Es un chico muy lindo, se llama Juan Manuel, no hemos hablado. Solo husmeé en su perfil. Pero no tiene muchas publicaciones que digamos. —Ella sonrió, me preguntó de dónde era, le dije que de acá de Medellín
—Debes tener mucho cuidado, Mariale, no sea que el tipo termine siendo un mafioso, un asesino en serie o que sé yo...—La miré sorprendida e incrédula, mi amiga veía muchas cosas en la televisión y terminaba traumada siempre. —No me mires así, he visto varios episodios de Catfish por lo que debo advertirte que él no podría ser lo que parece. O sea, detrás de su foto…
—Puede haber alguien completamente distinto, lo sé —terminé la oración por ella. Siempre que le decía que conocía a alguien, sacaba el mismo discurso.
—Exacto, ahora vamos a clases, ¿sí? —asentí.
Cuando entramos, notamos que el profesor acababa de llegar. Solo nos dedicó una mirada y luego, nos dio permiso para entrar por completo al salón. La clase más larga y fastidiosa de todas. Tres horas de finanzas y me había aburrido como si se tratara de una película romántica. Cuando por fin terminó, salí del salón imitando a mis compañeros.
—¿Y bien? ¿Cómo era el chico que viste? —me preguntó Barbie.
—Oh, creeme que muy guapo. Y podría decir que es escritor o algo así.
—¿Por qué?
—Por sus publicaciones —respondí—. Oh, y su cumpleaños es dos meses antes del mío.
Me miró asombrada. —¿Qué?
—Nada, no es nada, es solo que…¿cómo sabes que vive aquí en Mérida?
—Oh, sale en… Aparece en su perfil, es todo —ella rió.
—¿Y de que parte es?
—Eso no lo averigüé, pero lo sabré algún día.
—¿Piensas enviarle la solicitud?
—¡No! ¿Estás loca?
—¿Qué tiene de malo? —preguntó
—No puedo ser tan obvia, seguiré observando cada cosa que publica y las fotos —Barbie sacudía la cabeza—. Soy una acosadora, demándame.
Ella rió.
Iba a enviarle a mi padre, pero luego recordé que tengo un amigo con carro propio. Miré a Carlos Eduardo y le dediqué una mirada de gatito, él se dio cuenta. —¿Qué quieres de mí?
Sonreí, victoriosa: —¿Puedes llevarme a casa?
—Eso no se pregunta, sabes que yo te voy a llevar a tu casa siempre que lo necesites.
—¡Eres un sol! —chillé mientras le llenaba de besos en el cachete.
No me malentiendan, es mi mejor amigo.
—Marialejandra, suéltame —replicó, asqueado—. Me empalagas.
Bufé, al tiempo que me separaba de él. —Tú eres un aburrido. Cuando te enamores, sabrás que lindo es que te llenen de besos así como lo hice yo.
—¿Cuando me enamore? ¡Puaj! ¡Eso no va a suceder nunca!
Mentía, lo conocía perfectamente.
Además de que él era demasiado obvio cada vez que Barbie se acercaba a nosotros.
—¿Carlos? ¿Me escuchas? —pregunté haciendo señas con mis manos, pero él no hizo caso. Estaba embobado viendo a mi mejor amiga—. Hey, tierra a Carlos.
Me quedé mirándole hasta que reaccionó.—¡Perdón! ¿Qué dijiste? —preguntó. En su rostro apareció una sonrisa de tonto enamorado.
—¿Podrías al menos disimular? —le pregunté al oído.
—¿Por qué? ¡De todas maneras ella se va a enterar algún día! —explicó.
—Carlos, reacciona, se trata de nuestra mejor amiga —él me miró fijamente—. ¿Quieres perder su amistad?
—Claro que no, pero yo no sirvo para disimular y tú lo sabes —me respondió.
—Pues tendrás que aprender o si no…Ella se dará cuenta y tú tendrás que decírselo.
—¿Por qué es tan malo que se entere? —preguntó de repente.
—Porque es nuestra mejor amiga, para empezar —suspiré—. Y segundo, tú no sabes si ella te corresponde o no.
—¿Y tú si lo sabes? Dime, Marialejandra, ¿ella te ha dicho algo?
—Eso es algo que no te puedo revelar —contesté.
—Por favor, te lo pido.
—Llévame a casa, Carlos, se hace tarde.
Él suspiró.
—¡Oigan! —chilló Barbie, nos detuvimos. Ella caminó hacia nosotros y cuando ya estuvo a mi lado, habló: —¿Pensaban dejarme aquí? Porque si es así, juro que no les hablo por el resto del mes.