Horas más tarde, mis padres llegaron a casa.
—¡Hola! —saludó mi padre.
—¿Qué tal? —respondí sin mirarle, estaba concentrada resolviendo los exámenes de Matemática.
—Oh, te hemos interrumpido, ¿cierto? —no respondí—. Perdona, hija, puedes subir a mi despacho si deseas, así te concentras más —levanté la mirada asombrada.
—Vale, gracias, papá —respondí, con una sonrisa.
Luego mi madre me informó que me llevaría la cena al despacho cuando estuviese lista. Tomé mis pertenencias y me dirigí al despacho de mi padre. Muy pocas veces había entrado a ese lugar. Pero me sentía incomoda, por lo que preferí ir a mi habitación. Ellos me vieron así que no tuve necesidad de dar explicaciones.
Mi madre me había llevado la cena a mi habitación tal como lo había dicho antes de que subiera. Seguía concentrada en el libro y poco a poco iba resolviendo los ejercicios. Algunos eran bastante complejos, la verdad. Cuando por fin hube terminado todos los que me pidió el profesor, suspiré y sonreí victoriosa. A fin de cuentas, ya no necesitaba a Miguel para entender matemáticas.
Recogí todas mis cosas del escritorio y las guardé en mi mochila. Tenía encendida la portátil para buscar en YouTube los ejercicios más complicados. Como ya había finalizado, me dispuse a escuchar algo de música. Me duché y cambié nuevamente. No sabía la hora que era hasta que revisé mi celular.
01:00 AM
—¡Santo cielo! —murmuré.
De todas formas, me conecté en f*******: y comencé a revisar cada una de las notificaciones y los chats. Estuve guardando imágenes, viendo memes, y demás hasta que algo muy tentador apareció en la barra lateral derecha de mi muro.
Era una lista de sugerencias de amistades, pero solo una de ellas llamó mi atención. ¿No les pasa que ven el perfil de un chico bastante atractivo en su f*******:? ¿No? A mí sí, y dejame decirte que apenas lo vi, sentí una tremenda curiosidad por saber quién era aquel chico.
Me debatía entre husmear o no en su perfil pero…la curiosidad mató al gato, y créanme que a mí también, o algo así. Lo hice. Con toda la valentía posible, entré a su perfil para saber más de él. Solo pude ver su foto de perfil, junto al botón de “Agregar a mis amigos”. Y debajo de ella la típica pregunta: ¿Conoces a esta persona? Para ver lo que comparte, envíale una solicitud de amistad.
Pero preferí no hacerlo.
Seguí observando todo lo referente a este chico. Las publicaciones eran de lo más comprometedoras y la mayoría de sus amistades eran mujeres (generalmente súper operadas) y hombres. Algunas fotos con frases y poemas.
Y luego, lo esencial. ¿Dónde vivía este chico? Me dirigí a la parte de información y allí vi lo que detuvo temporalmente mi corazón, o debería decir, mi anatomía entera. El tipo vivía aquí en Medellín, a pocos metros de mi casa.
—¿No piensas dormir jovencita? —escuché decir.
—¡Ohhh! —Chillé, me giré para encontrarme con mi madre—. ¡Por los clavos de Cristo! ¿Qué querías mamá? Oye si ya no me quieres, me dices y me voy pero no es necesario que me mates de un infarto.
—Eres demasiado dramática, deberías escribir novelas —rodó los ojos—. ¿No piensas dormir? Es la una y media de la madrugada.
—Lo haré, recién terminé de estudiar y me conecté un rato, pero ya en un minuto me duermo, en serio.
—Mariale…
—Ya sé que no es sano, mamá, pero solo estoy revisando mi f*******:. Es todo.
—Bueno, pero te acuestas a dormir en un minuto, no quiero tener que regresar aquí y llamarte la atención.
—Está bien, mamá —Ella iba a cerrar la puerta, cuando le hablé otra vez—. ¿Mamá?
—¿Sí?
—Te amo, gracias por ser como eres. Si no fuera por ti, no estuviera donde estoy ahora. —Ella entró y caminó hacia mí.
—Te amo hija, todo esto es por ti, porque quiero verte feliz —Sonreímos y me abrazó fuerte—. Ahora, duérmete, es tarde.
—Sí, mamá, lo haré —contesté—. Por cierto... —se me quedó mirando. Las palabras de mi profesor de matemáticas llegaron a mi cabeza en el momento justo—. Me gustaría reunirme contigo y papá. Debo decirles algo importante.
—Claro, ¿pero podría ser en la noche? —Tragué saliva—. Sabes que tenemos que trabajar.
—Está bien, en la noche será. —Traté de no sonar desanimada ni mucho menos, aunque no puedo negar que me dolía que su trabajo siempre estuviera por encima de mí. Le dediqué una sonrisa para disimular, ella se retiró y yo me acosté a dormir, preparándome psicológicamente para el porvenir del día siguiente.