3. f*******: (Parte 2)

937 Words
Me di vuelta para emprender camino hacia mi casa pero choqué con alguien. —¡Auch! —exclamé al caer. —Perdona, no vi por donde caminaba y…—comenzó a decir. Le interrumpí el discurso, sin ganas de una discusión: —No hay problema, solo presta más atención para la próxima o podrías terminar tú como víctima. —¿Eh? —Podrían atropellarte, eso quise decir. —Oh, vale, gracias y disculpame otra vez —me tendió la mano para levantarme, y sin pensarlo, la acepté. —Ya deja de repetir eso —dije sonriente. —¡Espera! —exclamó. —¿Sí? —Toma mi chaqueta, digo, para que te cubras el pantalón. —Pero… —No te preocupes, puedes quedártela luego, claro si quieres. —Mejor no, puedo resolverlo —dije muy poco convencida de sus palabras. —¿Marialejandra? —Era Miguel, por supuesto— ¿Mariale? ¿Estás bien? —me preguntó preocupado—. ¿Qué te ha pasado? —Estoy bien, Miguel, no hay de qué preocuparse.  —¿Y este quién es? —inquirió al ver al joven que me acompañaba. —Miguel, controlate, es solo un chico, tropezamos y ya. —Bueno, está bien —puse mis ojos en blanco—. ¿Ya te ibas? —Sí, debo comer algo antes de que mis apellidos se revuelvan y saque mi peor lado —respondí—. Nos vemos luego —le dije a ambos y me retiré. Seguí caminando hacia la parada del bus, pero sentía que alguien me seguía. Miré por el rabillo del ojo para cerciorarme de la presencia de alguien más pero no veía a nadie. Definitivamente me estaba volviendo loca. En la parada solo había tres personas, que al llegar el primer bus, desaparecieron de mi vista. Pero debía quedarme allí, a la espera del próximo. Y de pronto, un auto bastante ostentoso apareció frente a mí. Me quedé mirándolo por un largo rato. —¿Marialejandra? —escuché decir. Era mi profesor. —¿Qué haces aquí tan sola, mujer? ¿No ves que va a llover? ¿Llover? ¡No, eso no era posible! Decepción, eso fue lo que sentí cuando miré el cielo y noté que estaba cubierto por tremendas nubes grises. —Sube, yo te llevaré a tu casa —me ordenó. —¿Qué? ¡No! ¡Qué pena! —No te preocupes, mujer, no tengo problema. —¿Seguro? —asintió. Comencé a sentir la lluvia cayendo sobre mí, por lo que me sentí derrotada—. De acuerdo. Lo que me agradaba de mi profesor es que no dejaba ningún “hueco” por así decirlo entre las conversaciones. Teníamos tantas cosas en común. Y eso era bueno… ¿verdad? Me siento extraña hablando así de mi profesor, pero era cierto. Además de ello, nunca tocaba el tema de las clases. Se veía tan lindo tratando de socializar conmigo. Cuando por fin llegamos a casa —había una cola de tres kilómetros por un accidente de tránsito—, le agradecí y me bajé. El reloj de la casa marcaba las 02:30 de la tarde cuando llegó. ¿Por qué el tiempo pasaba tan rápido cuando estaba fuera de la universidad y estando allí pasaba tan lento? Saqué mi celular de mi bolso, para conectarme en las redes, pero por desgracia, se había descargado. Así que se podrán imaginar la bronca que tuve con mi madre porque tenía el teléfono apagado. Como siempre, las madres imaginándose lo peor de sus hijos. Le marqué para hacerle saber que todo estaba bien, pero no pude evitar su regaño. —¿Marialejandra? —preguntó al atender. —Sí mamá. Soy yo, ya estoy en casa. —¿Dónde habías estado, señorita? Piensa en algo, Mari. —¿Marialejandra, estás allí? —Sí —suspiré antes de continuar—. Mamá, es una larga historia, te la cuento esta noche, ¿de acuerdo? —¿Pero tú estás bien?¿No te pasó nada? —No mamá, estoy perfectamente. —Bueno. Hablamos en la noche —dicho eso, colgó. Subí a mi cuarto para cambiarme de ropa. Hecho eso, tomé mi portátil y luego bajé para almorzar. —¿Desde cuándo mi vida es tan complicada, eh? —pregunté en voz alta. Me encontraba en la mesa del comedor, completamente sola. Viviendo en una casa de tres pisos, y estaba sola. Irónico.  Almorcé mientras mi portátil encendía para conectarme en las redes. ¿Les comenté que soy una adicta a f*******:? ¿No? Bueno, ahora saben que una de mis redes favoritas es esta. Y no creerán lo que les voy a decir, o tal vez sí, pero he visto cosas de cosas allí. Gente con mala ortografía, otros que dicen ser “sexys” pero dan pena, críticos, gente con nombres falsos, oportunistas, y si continuo no terminaré la lista. Oye, he hecho una rima, ¡genial! Marialejandra, concentrate. Bien, como les decía, he visto muchas cosas que me dejan sorprendida. Otros que publican absolutamente TODO lo que hacen. ¿Cómo si nos interesara? O sea, en serio, publiquen cosas relevantes. Tal como leí por allí: “por personas como tú, el shampoo trae instrucciones.” Y es cierto, de verdad que lo es. Cuando vi que mi reloj marcaban las cuatro de la tarde, cerré todo y me dispuse a estudiar. Pero de repente, un mensaje me distrajo. Una sonrisa se formó en mi rostro cuando lo leí. Pero no podía contestarle, no debía distraerme. Cerré el buzón, y dejé el celular en su lugar. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD