El celo

1629 Words
Más tarde, Tony, se despertó jadeante y acalorado, se aterró porque pensaba que se trataba de su celo, pero al no reconocer el intenso dolor en el vientre que describieron en la escuela, se relajó un poco. El aroma de Steve seguía concentrado en la habitación, así que pensó que la reacción de su cuerpo se debía al intenso olor. Se sentó en su cama dando un gran bostezo y después de frotarse los ojos, miró el reloj de su mesita de noche. Eran las doce de la tarde, ya había desperdiciado la mitad del día en una absurda siesta cuando tenía que terminar su armadura. Salió de su habitación sin cambiarse el pijama y se quedó parado un momento viendo la sala con atención a la vez que cerraba su puerta con suavidad para no hacer ruido. Ese espacio era exageradamente amplio, por lo que Steve había adaptado la mitad de esa área como gimnasio personal. En ese momento, su amigo, estaba de espaldas a él cargando unas pesas. Por un instante se preguntó qué demonios hacía allí cuando recordó que era fin de semana y esos días, el alfa, lo esperaba para ir a la mansión a visitar a sus padres. Antes de que pudiera hablar, el movimiento de su amigo capturó su atención, recorrió esa ancha espalda con la mirada. Los músculos cubiertos por esa perfecta piel blanca se retraían ante el esfuerzo de cargar las pesas. Se veía bastante sensual, pues desde que entró a la escuela militar su masa muscular creció tanto que se había convertido en un adolescente muy atlético para su edad. Bajó un poco la mirada y se encontró con las esculturales piernas de Steve cubiertas por un pantalón de ejercicio bastante entallado. Su mente voló y no pudo evitar imaginarlo completamente desnudo. Habían dejado de bañarse juntos desde los diez años, por lo que el nuevo cuerpo de Steve era un completo desconocido para él. Desde el momento en que su amigo había llegado a la madurez antes de tiempo, se había dado cuenta de lo mucho que le atraía. Tony siempre quiso cruzar esa línea y confesarle que no le era indiferente, pero las continuas miradas de desaprobación de su padre lo obligaban a mantenerse callado. Y ahora viéndolo en esa nueva faceta, no sabía cuánto tiempo podría seguir ocultando lo mucho que le gustaba. Steve se quedó quieto un momento, dejó la pesa en el suelo y volteó en su dirección. — ¿Dormiste? —Preguntó su amigo tomando una pequeña toalla y colocándola alrededor del cuello— ¿O seguiste trabajando a mis espaldas? —Sí —respondió con voz ronca, así que se aclaró la garganta antes de continuar—, dormí tanto que ya perdí la mitad del día —reprochó frunciendo el ceño. Steve se acercó a paso lento e inconscientemente retrocedió hasta chocar con la puerta de su habitación. — ¿Estás asustado? —Habló Steve cerrando la distancia entre ellos. — ¿Debería estarlo? —Respondió sintiendo un incómodo calor en su vientre. —Nunca huiste de mi cercanía —mencionó Steve apoyando una mano sobre la puerta, muy cerca de su cara—, luces como si quisieras evitarme. —No soy yo el que quiere evitarte —volvió a reprochar—, eres tú el que se alejó. Ya no me abrazas, ni duermes conmigo y pasas muy poco tiempo aquí, solo te veo por las noches. Steve lo miró con atención por un largo momento en el que lo único que pudo escuchar fue su propia respiración agitada. El intenso y delicioso aroma de su amigo lo estaba volviendo loco. —Jarvis —llamó Steve en voz alta. — ¿Sí, señor? —Respondió la inteligencia artificial. —Apaga las cámaras y los micrófonos. De inmediato las pequeñas pantallas que estaban en la pared del fondo se apagaron. Steve sonrió de lado y se acercó con lentitud para colocar los labios sobre su mejilla. El añorado suave contacto provocó mariposas en su estómago, había extrañado esto, tenerlo tan cerca, sentir su calor y sus caricias. Aun así, solo se quedó inmóvil pues sabía que, si lo tocaba de alguna manera, no podría dejar de hacerlo y terminaría besándolo, revelando de esa forma lo mucho que le gustaba. —Si tu padre nos ve haciendo esto nos alejará. Lo sabes, ¿cierto? —Susurró Steve recorriendo los labios sobre su mejilla. Su aliento cálido le erizó la piel creando sensaciones desconocidas. Recordaba a la perfección lo bien que se sentía cuando Steve hacía eso, pero no recordaba que fuera tan intenso y tan desesperante. Como si su cuerpo quisiera hacer algo más, como si tenerlo cerca no fuera suficiente. — ¿Esa es la única razón por la que te alejaste? —Respondió con voz temblorosa— ¿No será que ya no te gusta acercarte a mí? Steve lo tomó por la cintura haciendo que respingara bajo el agarre de esas duras manos, no recordaba que fueran tan grandes ni tan seguras. Su amigo recorrió con la nariz la sensible piel de su rostro, creando un camino hasta deslizarse por su cuello. Tony jadeó sintiendo una oleada de placer en la parte baja de su cuerpo. —Si pudiera estar cerca de ti todo el día —susurró el rubio recorriendo su clavícula—, si pudiera tocarte siempre; no me importaría no poder hacer nada más. Tony suspiró entrecortadamente para liberar un poco de la presión en su pecho. Steve dejó de recorrer su piel y lo encaró. Esos ojos azules que siempre eran gentiles, estaban oscurecidos por algo que no entendía; solo sentía que era contagioso pues su corazón latía desbocado, sus manos sudaban y su cuerpo temblaba ansioso. —Te quiero —susurró abrazando a Steve por el cuello—, te quiero más que como un amigo, ya no quiero seguir ocultándolo. Los ojos del alfa se aclararon un poco y sonrió con algo que no se podía interpretar de otra forma más que amor. —Lo sé —respondió el rubio con un jadeo. Steve se inclinó y rozó sus labios juntos creando un choque en sus sentidos, algo tan potente que el calor que se concentraba en su parte baja se regó por todo su cuerpo. Sintió un golpe invisible en su vientre que lo dobló por la mitad haciendo que gritara de agonía. Steve lo tomó por los hombros y lo obligó a recargarse de nuevo en la puerta. — ¿Qué te p…? —Comenzó a preguntar su amigo antes de que sus ojos se oscurecieran y una expresión hambrienta se formara en su rostro. Su celo había llegado, había despertado bajo el excitante tacto de Steve. Una parte de su mente sabía lo que debía hacer, tenía que apartar a su amigo y encerrarse en su habitación para meterse a su ducha de supresores. Por otra parte, deseaba tirarse al alfa encima para saciar ese intenso deseo que crecía en su cuerpo. Jamás se había sentido excitado, nunca había tenido curiosidad por explorar su sexualidad y ahora que tenía a Steve tan cerca, lo único que deseaba era ser tocado y saciado por el alfa. Steve deslizó una mano por uno de sus costados y eso fue lo suficiente para lanzarse encima del rubio para besarlo con ansiedad. Steve lo tomó por las caderas apretándolo mientras gruñía correspondiendo el salvaje beso. Tony ahora era muy consciente de sus feromonas, por lo que extendió lo más que pudo su aroma siguiendo lo que su instinto le dictaba, atraer a su alfa para el ritual de la marca. —Tony —jadeó Steve empujándolo contra la puerta, restregando sus cuerpos juntos. —Márcame —pidió con un gemido—, por favor, te necesito. Las manos de Steve se apretaron tanto en sus caderas que soltó un pequeño grito agónico. —No debo —gruñó el alfa soltándolo poco a poco—, le prometí a tu padre que me controlaría, que te ayudaría a sobrellevar tu celo sin marcarte. Tony sollozó restregándose contra Steve, su entrada palpitaba, húmeda y ansiosa por ser tomada, una reacción natural del cuerpo de los omegas en celo. Su amigo lo tomó en brazos y lo llevó hasta la sala para colocarlo en el firme regazo y acariciar su rostro. Tony se retorcía acalorado sintiendo la erección de Steve bajo las ropas, su frustración aumentaba al notar que él también estaba excitado, intentó tocarlo con la intención de provocarlo para que lo marcara. Steve gruñó tomándolo por las muñecas. —No lo hagas —ordenó su amigo en un tono grave y duro que lo puso alerta—, no me toques y deja de moverte. El tono alfa que normalmente lo dejaba adormilado, se sintió como un gran peso que lo a obligaba a mantenerse quieto para obedecer la orden. Fue tan intimidante que lo único que pudo hacer fue aferrarse al cuello de Steve a pesar de que su cuerpo ardía por ser tomado. —Jarvis —masculló su amigo—, llama a Howard y dile que venga de inmediato. Tony sollozó tembloroso, no quería que su padre se acercara, solo quería a Steve desnudo encima de él, deseaba ser tomado por el alfa que lo había protegido siempre. Necesitaba saciar el deseo que quemaba en su entrepierna. —Relájate —susurró Steve con dulzura. Tony lo miró con desesperación recibiendo una mirada cálida. Al parecer Steve ya había recobrado un poco de compostura—, voy a cuidarte, lo prometo. El potente aroma inundó la estancia y su ansiedad disminuyó un poco, al menos los temblores de su cuerpo habían desaparecido a pesar de que el calor sofocante no reducía.
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