La orden del alfa

1222 Words
El tiempo pasó y Tony ya había cumplido quince años. Esos últimos cinco años habían sido muy difíciles para él, pues en cuanto supo su naturaleza, se esforzó más para salir adelante y superar a todos aquellos que se burlaron de él cuando se supo públicamente que era omega. A pesar de que en la escuela les impartían clases especiales para conocer su subgénero y enseñarles a manejar sus características para cuando llegaran a la madurez; los profesores no podían eliminar la crueldad de los niños alfas quienes ofendían a cualquiera que no fuera de su naturaleza. El abuso y la crueldad de los niños llegaban a tal punto que muchos terminaban por cambiarse de escuela, limitando el aprendizaje de los omegas y betas. Tony y Bruce al ver esto, se concentraron en estudiar por su parte, logrando aprender mucho más de lo que les podía ofrecer la escuela. Por lo que a sus quince años postularon para el MIT, una de las universidades más prestigiosas del mundo y lograron ser admitidos a su corta edad en la carrera de ingeniería eléctrica. Steve, por su parte, al ver que Tony dejaría el colegio, tomó la decisión de entrar a una escuela militar dirigida por Shield, una agencia de antiterrorismo del gobierno. Bucky no tardó mucho en unírsele y a pesar de que le insistieron a Nat para que los siguiera, ella prefirió quedarse en la misma escuela. Howard, al ver que su hijo y Bruce trabajaban mucho en el pequeño laboratorio de la mansión y que el espacio ya no era el suficiente al incluir como asistente a un torpe brazo robótico que solo les estorbaba; adaptó uno de los pisos de la torre Stark para que su hijo pudiera trabajar libremente con su amigo. Tony pasaba tanto tiempo allí, que se quedaba algunas noches en el penthouse y pronto terminó visitando la mansión solo los fines de semana. Y a pesar de que Steve estudiaba en la escuela militar, no dormía en aquel lugar, prefería pasar las noches en la mansión, aunque tuviera que despertarse muy temprano para regresar a la escuela. En cuanto Tony hizo su mudanza oficial a la torre, él también lo hizo, pasando solo las noches en aquel lugar. Esa situación le preocupaba mucho a Howard pues Tony ya no tardaría mucho en llegar a la madurez s****l y tener a Steve tan cerca no era una idea muy buena, tomando en cuenta que su hijo todavía era muy pequeño como para ser marcado por un alfa. Un día, María y Howard, se sentaron a platicar con Steve dándole a saber sus preocupaciones cuando llegara el momento en el que el primer celo de su hijo se presentara. Steve los tranquilizó diciéndoles que uno de los primeros entrenamientos de la escuela militar era lidiar contra el celo de los omegas y las feromonas de otros alfas. Se consideraba lo suficientemente apto como para estar cerca de Tony sin llegar a lastimarlo. Inclusive para mayor tranquilidad de todos, habían dejado de dormir en la misma cama, bañarse juntos o compartir caricias y besos. Sobre todo, cuando Steve entraba en celo, se mantenía encerrado en la mansión, por lo que su amigo ni siquiera se acercaba. Tony también ponía de su parte para que sus padres se tranquilizaran y los dejaran vivir juntos en el penthouse. Como medida de prevención, en su baño privado instaló una bañera especial que se llenaba con supresores para que en cuanto entrara en celo, lo único que tuviera que hacer era meterse en ella y así no pondría en riesgo a ninguno de los dos. Además, a su habitación le instaló un sellado al vacío para que su aroma no saliera de ella y evitar enloquecer a Steve, por lo que su amigo tenía toda la seguridad de pasearse en el apartamento sin el temor de atacarlo cuando el momento llegara. Un cuanto a su vida académica, la mayoría de la tecnología que Tony desarrollaba para la universidad lo hacía junto con Bruce, aunque también tenía proyectos propios. Uno de ellos era una armadura a la que pretendía instalarle a Jarvis y fuera autosuficiente por si entraba en celo estando fuera de la torre, esta armadura fuera capaz de transportarlo sin ponerlo en peligro ante ningún alfa. Tony estaba consciente de que estaba a punto de llegar a la madurez, por lo que trabajaba con la armadura todo el tiempo que podía hasta que llegaba Steve por la noche y lo obligaba a que se metiera a su habitación a descansar. —Pero, Steve —se quejó Tony una noche en la que su amigo había llegado muy tarde de la escuela—, todavía no la he terminado y solo me falta instalarle el software para que Jarvis pueda controlarla. Steve lo empujaba contra la habitación mientras Tony se sostenía del umbral para resistirse. —Es la una de la madrugada, Tony —lo reprendió Steve empujándolo con más fuerza—, trabajaste mínimo unas ocho horas, debes descansar. —Veinticuatro —farfulló desviando la mirada—, falté a clases por estar trabajando con la armadura. Steve dejó de empujarlo y lo miró furioso. Esa mirada del alfa que le causaba cierta incomodidad, aunque no la suficiente como para obligarlo a agachar la mirada. —Tony —gruñó Steve—, ve a dormir, ahora —ordenó en un tono frío y demandante. El estómago de Tony se revolvió a la vez que se sintió abrumado al percibir el aroma territorial de su amigo. Normalmente ese olor lo hacía sentir seguro y hasta cierto punto sumiso; sin embargo, en ese momento se sentía diferente, como si fuera una furia que Steve desprendía para intimidarlo. —No eres mi padre como para que pretendas obligarme a hacer algo —se defendió con voz temblorosa levantando el mentón—, yo sabré qué hago con mi tiempo. El alfa emitió gruñidos bajos combinados con su respiración agitada. Se veía realmente molesto, daba la impresión de que no le gustaba que lo contradijeran. —Tony —volvió a gruñir en ese espeso tono que lo hizo temblar un poco y más cuando se dio cuenta de que estaban muy cerca, casi tocándose—, ve a dormir, ahora. La cercanía de su amigo, el calor abrumador que expulsaba y esa mirada intensa; le provocaban todo tipo de deseos que si no frenaba en ese momento se le iría encima para despojarlo de sus ropas. Las cámaras que estaban instaladas en el apartamento serían testigos de su arrebato, provocando que su padre los separara y no estaba dispuesto a dejarlo ir. —No tienes que ordenarme nada —expresó con la misma voz temblorosa—, déjame en paz. Tony lo empujó, se metió a su cuarto y azotó la puerta sintiendo un fuerte escalofrío que recorría su cuerpo. A pesar de que no quería obedecer la orden, se recostó en la cama; se dijo a sí mismo que no era por lo que había ordenado Steve, sino para estar lejos de él y su aroma territorial. Un intento en vano porque en realidad deseaba sentir las caricias y besos que su amigo le daba hace un par de años, quería estar en sus brazos y confesarle cuanto lo quería… cuanto lo amaba.
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