No sé si esa mañana yo estaba demasiado atractiva, si tenía chocolate en el rostro o si no me había dado cuenta y la baba seguía pegada en mi mejilla, pero cuando me refiero al hecho de que todos me miraban, era exactamente porque todos me estaban mirando. Lo cual me hizo desear haber faltado al colegio en primer lugar.
No comprendía la repentina atención. O al menos no quería comprenderla del todo, por el simple hecho de que si empezaba a pensar al respecto, llegaría a una conclusión más horrorosa de todas: ya todo el instituto había escuchado acerca de que Brennett y yo tuvimos sexo. ¿Cómo lo habían hecho? Ni idea, pero no encontraba otra razón.
Tuve ganas de dejar de caminar hacia mi casillero en el medio del pasillo y gritarles a todos que apartaran sus jodidos ojos de mí, pero claro que no lo hice, simplemente elevé la barbilla y caminé a paso tranquilo hacia mi casillero. Por primera vez en todo lo que llevaba de vida me sentía, relativamente, muy linda. Esa mañana me desperté como un puto sol y decidí arreglarme un poco: alisé mi cabello, me vestí con unos shorts negros, una blusa roja y mis Vans negras. Me sentía bastante bonita: normal, pero bonita. Y créanme que para que Val Drake se sienta bonita era demasiado.
Abrí la puerta de mi casillero y saqué los libros necesarios y los guardé en mi mochila. Miré sobre mis hombros, ya que sentía que alguien me estaba mirando, y efectivamente sí, un chico de ojos negros y cabello del mismo color me miraba recostado por los casilleros, sus manos estaban en sus bolsillos, su cabeza algo ladeada. Se dio cuenta que yo me di cuenta que me estaba mirando, y ni siquiera entonces apartó su mirada. Fruncí el ceño.
- ¿Se te perdió algo o qué? - le pregunté de forma brusca. El elevó las cejas sorprendido y sonrió divertido.
- Por ahora no. - respondió con una sonrisa. Enarqué una ceja y él se acercó a mí -. Me llamo Tate. - se presentó extendiendo su mano hacia mí.
- ¿Tate? ¿Es ese un nombre? - pregunté sarcástica sin estrecharle la mano. El tal Tate la apartó sonriente.
- El personaje principal de American Horror Story, en la primera temporada, se llama así... - comentó divertido.
- Claro. - puse los ojos en blanco, sonriendo un poco -. Yo soy Val.
- Es un gusto conocerte Val. - me sonrió e hice lo mismo, abrió la boca para hablar, pero una voz algo chillona lo interrumpió gritando.
- ¡Val, Val, Val! - Lenn apareció en mi campo de visión y cuando estuvo a pocos centímetros de mi me tomó por fuerza de los hombros, empujando con su cuerpo a Tate, quién se rió y me hizo una ceña despidiéndose de mí -. No sabes lo que acabo de ver... - dijo sin aliento.
- ¿Qué? ¿Una vaca volando? - pregunté más emocionada de lo que debería. Lenn hizo un gesto raro con su rostro.
- ¿Qué tienes con las vacas? - preguntó riendo divertida, y luego se puso seria otra vez -. ¡Acabo de ver a Less y Matt abrazados tiernamente! ¡A-BRA-ZA-DOS! - susurró gritó cerca de mi rostro.
Mis ojos se abrieron como platos ante la noticia. Lenn estaba esperando mi reacción, pero en realidad no tenía como reaccionar ante todo aquello, ya estaba algo acostumbrada al hecho de saber que Less estaba de novia con Matt, así que simplemente me quedé mirando el rostro de Lenn tratando de reaccionar de alguna manera.
- Eso es... - no sabía que mierda decirle -. Es muy extraño. - afirmé -. Tendremos que hablar con ella.
- Esa maldita perra que no nos cuenta nada. Juro que le arrancaré los ovarios con pinzas. - solté una carcajada ante las palabras de Lenn.
El timbre sonó y caminamos hacia nuestra primera clase del día: biología. Cuando entramos al aula, Lenn prácticamente se escondió detrás de mí cuando vio a Warren, quien estaba recostado por la pared con cara expectante, seguramente esperando por ella como todas las mañanas. Puse los ojos en blanco cuando nos sentamos en nuestros lugares, Lenn al lado de Less y yo al lado de Julie. La morena estaba demasiado entretenida tecleando en su celular, seguramente hablando con Matt, y Julie estaba mirándose al espejo arreglándose el maquillaje.
- ¿Saben qué odio? - preguntó de la nada Julie. Todas la miramos -. Los barritos. Definitivamente odio con todo mi corazón los barritos. Tendría que haber una ley que dijera que los humanos tenemos prohibido tener puntos negros en la nariz, o barritos o uñas rotas.- estaba hablando tan seriamente que hasta yo me lo tomé serio. Julie tenía esa capacidad sobre humana de decir demasiadas cosas sin sentido en menos de cincuenta segundos, una clara demostración fue lo que dijo.
El profesor entró al aula y tiró con furia sus cosas en la mesa. No nos saludó, simplemente se sentó en la silla y empezó a anotar cosas en una libreta. Cerré los ojos con fuerza cuando recordé que hoy teníamos que traer un ensayo sobre algún invento de la medicina que me interesara, o algo así... No recordaba siquiera sobre qué se trataba.
- Muy bien, iré llamando a los alumnos que más notas necesitan y quiero que me traigan sus trabajos - informó. Recé internamente porque no dijera mi nombre, pero como nací cagada por un dinosaurio, claro que fue así -. Val Drake. - me nombró. Me quedé sentada en mi lugar, mirando al profesor. Este levantó su vista, esperando a que le llevara el trabajo -. ¿Dónde está el ensayo?
- Supongo que ensayando. - sonreí angelicalmente y me encogí de hombros, el profesor frunció el ceño negando con la cabeza y anotó algo en su libreta.
Definitivamente tenía que ponerme al tanto con la clase y aprobar todas las materias si no quería repetir de año o ir a la escuela de verano. Luego de dedicarme una mirada desaprobatoria y anotar algo en su libreta, siguió llamando a más alumnos.
- Tenemos que hacer una noche de chicas urgentemente. - les dije a mis amigas.
Aún no les había contado lo de Eric, uno porque no quería que me mataran, y dos porque no sabía como hacerlo. Less sonrió asintiendo rápidamente, e internamente me pregunté si estaba feliz porque nos reuniríamos o porque estaría en mi casa y podría ver a Matthew.
- Si, es una buena idea. El viernes de la otra semana sin falta nos juntamos.- dijo Lenn sonriendo. Fruncí el ceño.
- ¿Por qué el viernes de la otra semana? - pregunté confundida.
Julie se pegó en la frente con la palma de su mano, y las otras dos me miraron como si tuviera monos en la cara. ¿Qué estaba pasando de lo que yo no estaba enterada?
- Val, ¿Vives en un termo o qué? - preguntó indignada Julie. Me encogí de hombros -. Esta es la semana de fiestas de La Elite, Dah.
- Mierda, lo había olvidado por completo.- bufé pasándome una mano por el cabello.
La "Semana de fiestas Elite" es algo tradicional para todos los alumnos de último año en nuestro instituto.
Verán, hace como cinco o seis años, un grupo de chicos con mucho dinero y muy atractivos crearon un grupo llamado "La Elite", ellos hacían reuniones privadas y eran bastante conocidos en el lugar, claramente, pero no piensen que era por ser de familias ricas eran refinados, no; los chicos y chicas de ese grupo son y eran los más desastrosos, drogones y rebeldes de todo el instituto.
Un día, decidieron abrir su grupo y dejar entrar a una chica de clase media en él, Ann, era su nombre (hace dos años se gradúo), y ella al ser tan amorosa y buena persona se ganó los corazones de todos los integrantes del grupo. Ann propuso hacer una fiesta en lunes, y le dijo a La Elite, que dijeran a todos que fueran. La fiesta fue legendaria, fue fantástica, y al día siguiente todo el instituto faltó al colegio. Ese momento se consideró como uno de los sucesos más memorables en el instituto, fue una revelación.
La Elite creía que tenían que hacer fiestas los lunes más de seguido, y así fue por unos cinco meses, hasta que a Derek (uno de los líderes del grupo) decidió crear "La semana de fiestas Elite". Eso consistía en que toda una semana cada año habrían fiestas de lunes a domingo. Pero, como La Elite no decide las reglas siempre, decidieron hacerles un reto a los estudiantes: cada día dejan pistas en el gimnasio de la escuela, y depende a esas pistas tienes que averiguar en dónde llevarán a cabo la fiesta. Y, había solo una regla en la "Semana de fiestas Elite": no importa cuán destruido quedes después de una fiesta, es OBLIGATORIO asistir todos los días a clases, y si no asistes, te prohíben la entrada a la siguiente fiesta.
Sinceramente, no sé cómo llevan la cuenta de quiénes van y quiénes no, pero de alguna manera lo logran. Ese año en particular, éramos la clase con más estudiantes graduados desde hace casi cuatro años, así que llevar la cuenta no les sería sencillo.
Esa semana definitivamente sería una locura.
Entramos en la cafetería y luego de tomar nuestras bandejas de comida caminamos hacia la mesa en dónde estaban los mismos de siempre. Brennett rodeaba los hombros de una chica con su brazo y le susurraba cosas al oído, haciendo que ella sonriera y riera como una idiota. Mis ojos se encontraron con los suyos, y la sonrisa que llevaba en su rostro se ensanchó al verme, me guiñó un ojo y me recorrió de pies a cabeza con la mirada. Frustrada me senté al lado de Gregg.
Me encogí un poco en mi silla al sentir los ojos de Eric sobre mí. Por alguna razón, me crucé de brazos intentando cubrir mi cuerpo. Saber lo que habíamos hecho hace unas semanas me ponía los pelos de punta incluso entonces, cuando ya habíamos dejado de tener algo de contacto, todo debido a mí. Ya que cuando él se acercaba a hablarme en los pasillos o intentaba dirigirme la palabra en los almuerzos o en las clases de literatura, yo simplemente lo ignoraba lo mejor que podía y continuaba con mi vida.
- Hola, muñeca. - me sonrió y sus labios besaron mi mejilla -. Hoy estuve pensando mucho en ti.
- ¿Y qué pensabas? - llevé una papa a mi boca.
- Bueno, primero en cómo haces para ser tan linda - puse los ojos en blanco -, segundo en cómo hago yo para contenerme y no besarte en este momento, y tercero en que tendríamos que salir otro día. - elevó las cejas, emocionado y yo sonreí.
- En respuesta a tus preguntas : - dije sonriente - primero, gracias por el halago. Segundo, si llegas a besarme en frente de todos aquí te rompo la cara, y tercero, tendremos siete fiestas esta semana, podemos arreglar cualquier otro día.
- ¿En dónde será la primera fiesta de La Elite, Eric? - le preguntó Julie a Brennett. Él tragó lo que sea que estaba comiendo y le sonrió a mi amiga encogiéndose de hombros.
- No me permiten decirlo. - respondió él. Fruncí el ceño.
- ¿Eres parte de La Elite? - pregunté sorprendida, Eric asintió lentamente - ¿Cómo por qué? - no podía creerlo. Brennett me sonrió de costado y empezó a enumerar con los dedos.
Por supuesto que Eric Brennett formaba parte de La Elite ese año. Él jamás se perdería perdería la oportunidad de ser el centro de algo y por lo que sabía, incluso ellos estuvieron buscándolo varios meses hasta que él aceptó.
Ser parte de ese grupo se veía como un dolor de huevo. Tenías que organizar todas las fiestas, conseguir lugares, contratar a los Dj's, comprar bebidas... Era bastante laborioso.
- Soy atractivo - elevó un dedo -, tengo dinero - elevó otro -, les caigo bien a todos, tengo carisma, me va bien en casi todas las materias. ¿Quieres que siga? - utilizó un tono de voz engreído que me dio ganas de tirarle mis papas con bandeja y todo en la cara. Solté un bufido.
- No solo eso. - dije retándolo -. Eres engreído, bruto, idiota, narcisista, soberbio, estúpido, y a las únicas personas que les caes bien es a tus conquistas, quienes parecen carecer de materia gris.- dije eso último mirando de reojo a la morena que estaba junto a él.
- ¿Qué dices? - me preguntó de mala manera la chica, le sonreí sin mostrar los dientes. Iba a decir algo pero Eric la interrumpió.
- ¿Quieres decir que las chicas que se acuestan conmigo son, algo así como, estúpidas? - preguntó sarcástico, enarcando una ceja con tono divertido.
- Exacto. - Eric me miró con una sonrisa de costado, elevando engreídamente su ceja izquierda, y fue entonces cuando me di cuenta de lo que estaba diciendo.
Mis mejillas se pusieron coloradas en ese instante por el hecho de que todo lo que sucedió entre nosotros se vino a mi mente. Suspiré mirando mi plato. Prácticamente me estaba llamando zorra yo sola, y eso me pasa por no pensar antes de hablar.
Me molestaba que todos los presentes en la mesa me estuvieran mirando fijamente, confundidos, y sin saber exactamente qué hacer o decir me puse de pie y me excusé diciendo que necesitaba ir al baño.
Salí de la cafetería, y cuando estuve dentro del baño me mojé el rostro con el agua fría de la canilla. Dios, soy una estúpida, una estúpida, una estúpida. Mil veces estúpida. Podía asegurar que Brennett me molestará por el resto de mi vida con eso. Y si no era el resto de mi vida, podía asegurar que sería el resto de lo que durara el año escolar, o cada vez que nos cruzáramos en algún sitio luego de la graduación.
Cuando ya estaba mejor conmigo misma salí del baño. Estaba caminando nuevamente hacia la cafetería cuando sentí que alguien me tomaba con fuerza del brazo y me empujaba contra los casilleros. Mis ojos verdes se encontraron con los suyos marrones. Estaba sumamente cerca de mí, pegó apropósito sus caderas con las mías, y tomó mis brazos con sus manos, manteniendolos pegados a los costados de mi cuerpo, que estaba completamente pegado al frío metal de los casilleros del instituto.
- ¿Qué mierda haces? - le pregunté brusca. Apretó la mandíbula, parecía de verdad enojado.
- Qué mierda haces tú, Val. Esa es la pregunta correcta - espetó mirando fijo a mis ojos -. Primero nos acostamos y después desapareces, no sé por qué mierda me preocupé por ti y cuando te llamé no contestaste, y luego te encuentro besándote con mi mejor amigo. - me echó en cara todo lo que había pasado hasta entonces, pero no dejé que me ablandara, aunque sus ojos tenían cierto fuego de furia que me estaba dando un poco de miedo -. ¿Qué mierda crees que soy? ¿Un jodido juguete o qué?
>
- Eso es lo único que fuiste para mí, Brennett. - escupí las palabras con brusquedad en su rostro. Apretó la mandíbula -. Sí, nos acostamos, ¿Crees que me importa? Simplemente fuiste un arma para poder sacarme de los hombros esa maldita apuesta. ¿Piensas que voy a andar detrás tuyo después de haber tenido sexo? ¿Piensas que seré una más de tus zorras? - solté una carcajada sarcástica -. Fuiste mi juguete, Brennett, acéptalo.
Sus ojos estaban tirándome cuchillos, y si las miradas mataran yo estaría ya cien metros bajo tierra, literalmente. Su agarre en mis brazos se suavizó, pero su cuerpo seguía apretándose contra el mío, mientras que su rostro con facciones enojadas cada vez se iba acercando un poco más.
Sentí una de sus frías manos subir por mis muslos desnudos, tocando delicadamente mi piel. El aire se atascó en mis pulmones, y algo raro en mi estómago apareció. Sus ojos no se apartaban de los míos, al mismo tiempo que su enorme mano trepaba por mi muslo, apretaba mi cadera con fuerza y se colaba dentro de mi blusa, y cuando sus dedos hicieron contacto con la piel de mi estómago y mi cintura un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. Tuve que contenerme para no gemir quedamente.
- ¿Qué yo fui tu juguete? - su tono de voz era bajo, sexy, provocador. Negó con la cabeza -. Nadie juega conmigo, nena. Las reglas del juego las dicto yo. Y créeme cuando digo que, en lo que hay entre nosotros, yo estoy lejos de ser el juguete.
Sus labios se pegaron a mi mandíbula y treparon hacia mi oreja, mordisqueando el lóbulo, haciéndome estremecer por lo que esa simple acción causaba en mi cuerpo.
- ¿Quieres jugar? Juguemos. Pero yo juego sucio, Val... No puedes decir que no te lo advertí. - susurró en mi oído.
Se apartó de mí bruscamente, se acomodó la ropa y se fue caminando tranquilamente por el pasillo, dejándome ahí con la respiración acelerada y miles de pensamientos rondando a toda velocidad por mi cabeza.
>