Abrí mis ojos con pesadez. No sabía que hora era, pero me dolían las piernas y la cabeza, literal necesitaría un poco de morfina para poder superar ese día. El sol se colaba por la ventana y daba de lleno en mi cara, lo que me hizo entrecerrar los ojos.
Sentí los brazos de Gregg rodearme el torso, y también sentí su "asunto" en la parte baja de mi espalda, lo que hizo que me sonrojara. Había leído que los hombres siempre tienen una erección cuando duermen o se levantan o algo así. Pero una cosa era leerlo, y otra muy diferente era vivirlo en sí.
Bostezando me giré hacia Gregg. Reí por lo bajo al ver su rostro: su boca estaba abierta como la de un hipopótamo, pero su rostro parecía el de un bebé angelical cuando estaba dormido.
- Gregg... - le dije, ni se inmutó -. Despierta, Gregg. - se quejó y se revolvió en la cama, pero sin apartar su brazo de mi cintura.
- No quiero ir a la escuela, mamá... - dijo con la voz adormilada, puse los ojos en blanco.
- Idiota, no soy tu madre. Despierta. - mi tono de voz sonó brusco. Como Gregg no dio indicios a abrir los ojos, me resigné y me puse de pie, apartándome de sus brazos. Él se quejó.
- Ven aquí. - me ordenó.
- Voy a darme una ducha.
Dicho aquello, tomé mis toallas y salí de mi habitación. Para mi suerte no había nadie en el jodido baño, y cuando entré lo primero que hice fue quitarme la ropa y abrir la ducha. Mientras el agua caía sobre mi, no dejé de pensar en todo lo ocurrido ayer por la noche con Eric. La cabeza me explotaba, y me sentí solo un poco mal por el hecho de que había elegido perder mi virginidad con el más idiota del Mundo mundial. Suicidarme era una buena idea en ese momento.
¿Qué pasaría ahora? Él ya había conseguido lo que quiere de todas las chicas, supongo que simplemente me dejaría en paz, o por lo menos eso esperaba. Aunque internamente estaba rezando porque no le contara a nadie lo que pasó entre nosotros. Por dos razones: no quería que me trataran de estúpida por haberme enrollado justamente con él (aunque así me sentía en ese momento) y porque tampoco quería que todos supieran que ya era una más en su lista de revolcones.
Cuando estuve completamente limpia, y cuando ya sentí que su aroma se había ido de cualquier parte de mi cuerpo, salí de la ducha, sequé mi cuerpo, me puse mi ropa interior y dejé la toalla en mi cabeza.
Cuando entré a mi habitación, encontré a Gregg sentado en la cama con los codos en sus rodillas y el rostro completamente adormilado. Sonreí a penas cuando sus ojos se encontraron con los míos. Se puso de pie, se acercó a mí y me empujó con sus caderas para salir de mi habitación, y dirigirse hacia el baño. Aproveché para vestirme: unos shorts azules, una camiseta holgada negra y mis zapatillas de siempre. Mi cabello estaba mojado, y como en ese momento no tenía ganas ni de respirar lo dejé así.
- Bien, muñeca - dijo Gregg entrando en mi habitación, con la cara lavada y una sonrisa de oreja a oreja. Puse los ojos en blanco.
- No me digas así... - le advertí. ¿Qué le pasaba a todos los hombres y sus apodos estúpidos? ¿Dónde estaba el Gregg que me llamaba calabaza o sandía? Ese Gregg me gustaba mucho más que este, aunque no tanto.
- Tendremos un día bastante ocupado. - sonrió, ignorando por completo mis palabras -. Hoy será nuestra cita. - movió sus cejas de arriba abajo, solté un bufido.
- ¿Cita? - pregunté sonsa.
- Claro. - respondió obvio -. Yo estoy aquí para distraerte de todo lo que ronde por esa cabecita rubia tuya, Val. Agradécemelo luego.
- Pero...
- Pero nada. - me interrumpió. Suspiró -. Okey, el tema es así: perdiste tu virginidad con el chico que más odias, y aunque pienses que no te arrepientes, lo más profundo de ti si lo hace, y lo sabes. Y si te dejo sola aquí, tengo miedo que intentes cortarte las venas con una hoja de lechuga. Así que saldremos y te distraerás y la pasarás bien conmigo. - sonrió de oreja a oreja.
- Es que...
- ¡Qué bien que estés de acuerdo! - gritó emocionado. ¿A caso yo dije que estaba de acuerdo con esto.
Antes de que pudiera decir nada me tomó del antebrazo y me arrastró escaleras abajo, no sin antes de tomar nuestros celulares. Literalmente salimos corriendo de la casa y trotamos a toda velocidad hacia su auto. No sabía que hora era, pero el sol estaba quemando mi piel, y por suerte me había vestido con ropa holgada, porque o si no me estaría calcinando en estos momentos.
Gregg condujo por las calles de la ciudad con tranquilidad, tarareando las canciones que sonaban en la radio. El viento golpeaba contra mi rostro y hacía que me despeinara más de lo que ya estaba. Me sentía algo rara, demasiado rara, y tenía ganas de arrancarme el cerebro con una pinza para dejar de pensar en todo lo que ocurrió. En como sus manos tocaron cada parte de mi cuerpo, o en como sus labios recorrieron la zona de mi cuello. Lo único que me dejaba cuerda en ese momento, era el hecho de saber que no lo había besado. La idea me daba demasiada gracia, nos habíamos acostado, pero no nos habíamos besado ni una vez. Mi celular estaba vibrando en mis bolsillos, pero no quería ver quien era, y admito que por miedo a que fuera él.
Llegamos a una heladería. A una heladería. Maldita sea, Gregg Miller sí que sabía como levantar el ánimo de cualquiera, o al menos el mío.
Bajamos del auto, yo saltando como una cabra loca, porque parecía que hace siglos que no comía helado, y lo necesitaba con todo mi corazón en ese momento. Entramos al local, Gregg me dijo que fuera a buscar una mesa mientras el ordenaba y eso hice. Me senté en un apartado al final del lugar. Todo era más que colorido, y el lugar olía aquí y allá a crema y chocolate, y lo amaba.
Mientras esperaba a Gregg, no pude evitar desbloquear mi celular. Mis ojos se abrieron como platos y una de mis cejas se elevó. Maldita sea, Brennett.
5 llamadas perdidas de Eric Brennett. 3 mensajes sin leer del mismo número.
¿A caso el idiota estaba loco o que mierda? ¿Cómo era esto, él siempre dejaba mensajes a las chicas con las que se acostaba o que mierda? Decidí abrir los mensajes de texto.
Eric: ¿A ti qué te pasó, Drake?
Eric: ¿Por qué te fuiste de la nada?
Eric: Me estoy preocupando un poco, Val...
Eric: Ya en serio, ¿Está todo bien?
¿Qué si estaba todo bien? No sabía ni como mierda contestarle los mensajes, ¿Qué haría entonces cuando nos viéramos en persona? El plan de cambiarme de nombre y rostro empezó a rondar por mi cabeza. Ignorarlo sería una mala idea, porque no funcionaría, claramente. Así que supongo que solo me quedaba el hecho de hacer lo que Gregg me dijo: tratarlo como siempre hasta ahora.
- He aquí la segunda maravilla del mundo. - escuché la voz de Gregg, guardé mi celular cuando el se sentó a mi lado y dejó un enorme vaso de helado con chocolate y salsa de caramelo enfrente de mi. Se me hacía agua la boca.
- ¿Y cuál es la primera? - pregunté mientras llevaba una cucharada a mi boca. Puedo morir en paz luego de esto. Estaba más que delicioso.
- Claramente tú.
Mis ojos viajaron a su rostro. Me observaba con una sonrisa de costado y una ceja enarcada, pícaro. Reí y negué con la cabeza, divertida.
- Un punto por eso, Miller. - le dije sonriente.
- ¿Lo ves? Puedo ser romántico de vez en cuando. - rió alegre. Sus ojos viajaron hacia mi cuello, y esa sonrisa desapareció. Luego de unos minutos miró mi rostro -. Al parecer un vampiro te atacó. - abrí mis ojos como platos y llevé una mano a la zona en la que el rubio estaba mirando. Maldito seas, Brennett.
- Ya me estoy más que arrepintiendo. - susurré.
- Siempre habrá algo o alguien de lo que te arrepientas. - comentó encogiéndose de hombros, comiendo su helado -. Solo fue tu primera vez, Val. Te aseguro que no será la última.
En eso si tenía razón. Quizás Brennett había sido el primero, pero claramente no sería el último. Esto solo era una etapa más, un error más en la lista gigante de errores de Val Drake, nada más.
- ¿Sabes qué es lo más raro de todo esto? - pregunté mirando mi helado -. Que no nos besamos en ningún momento.
Gregg casi se atraganta cuando dije aquello. Empezó a toser como loco mientras yo lo miraba con una ceja enarcada, esperando a que dejara de exagerar las cosas. Cuando ya pudo respirar bien, me miró con los ojos bien abiertos, sorprendido.
- ¿Cómo que no se besaron? - negué con la cabeza, el bufó -. Y yo que pensaba que el raro del grupo era yo. Definitivamente lo son ustedes.
- No sé, no quería besarlo. No preguntes por qué razón, porque ni idea. - me encogí de hombros.
- Pero si quisiste acostarte con él. - dijo con tono algo raro -. Ni quién entienda a las mujeres.
- Ni que lo digas...
Nos quedamos unos segundos en silencio, comiendo tranquilamente nuestros helados. Hasta que como siempre. Gregg (quien no puede callarse ni una vez en toda su vida), tuvo que hacer una pregunta rara.
- Supongamos que nosotros dos nos acostamos, ¿A mí si me besarías? - de verdad parecía muy curioso. No aparté la mirada de mi cuchara, sonreí burlona.
- No nos besaremos nunca más, Miller. - dije divertida -. Esa vez en la fiesta fue la primera y la última. - dije recordando aquella vez en la fiesta de no sé quien, en la que Gregg me besó sin previo aviso.
- Val. - me llamó y me giré hacia él. De repente sus labios chocaron con los míos, pero solo por unos segundos. No cerré mis ojos durante el leve choque, y cuando se separó de mi, sonreía victorioso -. Otra vez, te equivocas. - me sacó la lengua, divertido.
- Eres un idiota sumamente ingenioso. - le dije mientras sonreía. Algo raro había pasado.
- Tienes que saber que el hecho de que te hayas acostado con uno de mis mejores amigos, de ninguna manera cambia o disminuye mi atracción hacia ti.
Esas palabras si me dejaron sin ideas en el cerebro u oxígeno. ¿A caso yo había escuchado bien? ¿Gregg Miller había dicho que estaba interesado en mí? ¿Qué mierda tenía yo ahora que todos parecían estar interesados en besarme o en acostarse conmigo? Tragué saliva antes de hablar.
- ¿Te sientes atraído hacia mi? - pregunté incrédula.
- ¿Quién en su sano juicio no se volvería loco por ti, Val Drake? - no sé si hacía frío o simplemente mis mejillas se ruborizaron por sus palabras -. Yo fui el primero en echarte el ojo. Pero Eric, al parecer, consigue siempre todo lo que quiere. - Esas palabras no me gustaron.
- Tú me caes mejor que él. - me encogí de hombros -. Quizás haya estado con él, pero no fue nada. Solo fue sexo y listo. Ahora por lo menos no me tengo que preocupar por mostrar mis tetas en la graduación.
- ¿Así que solo te acostaste con él para ganar la apuesta? - preguntó entrecerrando los ojos.
- Supongo que sí.
- ¿Supongo? - enarcó una ceja.
- Si... No sé, ¿Okey? - puse los ojos en blanco -. No le des vueltas al asunto, Gregg. No se puede cambiar el pasado, simplemente vives con el recuerdo y ya está.
- Val, hay algo que... - empezó, pero su celular comenzó a sonar y lo atendió -. Hey... No sé, pregúntale a él... Si, ella está conmigo - dijo mirándome. ¿Quién era? ¿Matt? ¿Eric? -. Claro que no, estúpido... Si, como digas. - puso los ojos en blanco -. Ahora la llevo, Matt, tranquilízate... Si, ella está bien. Claro en lo que pueda entrar: bien... - le di un golpe en el hombro al idiota, él rió y se acercó a mí, con la intención de besarme de nuevo, pero aparté el rostro y sus labios tocaron mi cuello. Sonrió -. Si. Que sí, Matt. Si. ¡Qué si! Dios... Nos vemos.
- ¿Y qué pasó? - pregunté. Gregg se puso de pie y extendió su mano hacia mi. La tomé, y cuando ya estuve de pie, su brazo rodeó mi cintura.
- Ese chico es más pesado que mi madre, lo juro. - comentó cuando salimos del local, sonreí -. Preguntó si estaba contigo, y le dije que si, y me preguntó como estabas, y dije que bien, y volvió a preguntar, y le dije que si, y volvió a preguntarlo y volví a decir que si...- puso lo ojos en blanco -. Es un pesado.
- Y me lo dices a mí. - comenté cuando subimos al auto.
El viaje a mi casa fue rápido, ya que Gregg decidió manejar como un loco desquiciado por las calles. Sentí que me moriría dentro de ese auto, literal. Cuando por fin llegamos sanos y salvos a destino, Gregg rodeó mis hombros con uno de sus brazos y no me soltó hasta que entramos a la casa. Para mi suerte, parecía no haber nadie además de nosotros.
- Ha sido una gran primera cita, linda. - dijo sonriente cerca de mi rostro. Enarqué una ceja.
- ¿Primera cita? - pregunté incrédula.
- Claro. - dijo -. La primera de otras noventa que aún nos quedan.
- Me debes cien por el hecho de que casi me matas en ese auto. - comenté divertida. Gregg miraba de mis ojos a mis labios, y yo no sabía que mierda hacer en ese momento. Abrí la boca para decir algo más, pero antes de que dijera nada sus labios chocaron con los míos, y una de sus manos tomó mi barbilla para que no me apartara.
- Nos quedan noventa y nueve. - dijo sonriente cuando se separó de mí. - ¿Vamos por el noventa y ocho? - preguntó entrecerrando los ojos.
- Gregg, yo hablaba de...
- Vamos por el noventa y ocho. - afirmó antes de volver a pegar sus labios con los míos. Instintivamente le seguí el beso, y maldita sea, creo que era uno de los labios más suaves que probaría en mi vida, y por si fuera poco, sabía a helado de chocolate. Así que imagínense como estaba yo en ese momento: casi muerta. Se apartó -. Nos quedan unos cuantos más, Val.
- No sé si reírme o vomitar. - escuché otra voz proveniente de la sala. Cuando mis ojos se encontraron con sus ojos marrones, me separé un poco de Gregg. Nos miraba recostado por el marco de la puerta de la sala, con los brazos cruzados y una ceja enarcada.
- ¿Qué haces aquí, Brennett? - pregunté. Gregg intentaba ocultar una sonrisa. Los ojos de Eric viajaron del rostro de su amigo al mío. Enarcó una ceja y caminó hacia nosotros.
- Ayer desapareciste. - me dijo enarcando una ceja, esperando a que le explicara.
- Si, es que...
- Ya entiendo por qué, bebé, tranquila. - me interrumpió sonriendo falsamente, mirando de reojo a Gregg.
- Bueno, yo me voy. - dijo Gregg de la nada -. Nos vemos el lunes, Val. - me sonrió, besó mi mejilla y se fue, dejándome sola con Eric.
- Primero conmigo, y después con mi mejor amigo. Eso si no me lo esperaba. - comentó, bufé y me pasé una mano por el cabello.
- No exageres las cosas, Brennett.
- No soy yo el que sale corriendo luego de haber tenido sexo. - dice incrédulo. Enarco una ceja, analizando sus palabras, el ríe sarcástico -. Ah no, espera... Si soy yo. - sonrió engreído.
- ¿Te molesta que te haya hecho lo mismo que haces con todas? - me crucé de brazos, sonriente.
- Naturalmente soy yo el que las coge y se va. No al revés. Así que sí, me molestó.
- Eres un idiota.- espeté por sus tan delicadas palabras. Sonrío engreído.
- Idiota y todo te acostaste conmigo.
- Fue la primera y última vez, Brennett. Te lo aseguro.
Se acercó a mí a paso felino, me miró de arriba abajo, y luego rió un poco por lo bajo. Caminó hacia la puerta, y cuando escuché que se abrió, dijo:
- Ya veremos, bebé.
Y entonces escuché la puerta cerrarse de un portazo.
Me estaba metiendo en un lío de la mierda...
Mejor dicho, ya estaba en un lío de la mierda.