Necesitaba inmediatamente que alguien me sacara el cerebro, porque estaba a punto de hacerme explotar la cabeza por como martilleaba contra las paredes de mi cráneo.
Casi gimiendo de dolor me levanté lentamente de la cama, y en serio deseaba matar a alguien por dejar las cortinas abiertas, ya que el sol estaba dándome directamente en el rostro.
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Tomé una almohada y me tiré en la cama sollozando por el dolor. Me estaba casi ahogando con el almohadón encima de mi rostro, pero una fragancia extraña entró en mis fosas nasales. Era un perfume nada conocido para mí, y no era uno de flores... era uno de hombre.
Me enderecé rápidamente en la cama y miré a mí alrededor. No me gustó nada lo que vi.
Era una habitación que claramente no era mía, mucho más grande, con las paredes pintadas de un color blanco y con muchos posters y dibujos negros pegados en la pared. También había una repisa llena de trofeos y medallas. Sobre un escritorio de madera había un cuadro con una foto del hombre que conocí ayer, Zach, junto a... mi corazón casi se detuvo dentro de mi pecho.
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Eran Zach y Eric en la foto, abrazados por los hombros y sonriendo. Mientras que yo, allí, en la cama, con serios pensamientos de suicidio por lo que estaba sucediéndome.
- Debes estar jodidamente bromeando. – dije mientras abría los ojos como platos e intentaba recordar algo de la noche anterior.
Pero nada. Nada vino a mi mente y quería morirme en ese mismo momento. Pero para completar el escenario aberrante, además de todo eso, me di cuenta de que no estaba vestida con mi ropa, sino que tenía puesta una camisa color celeste puesta, con mi ropa interior debajo.
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Por la foto que había visto, claramente Zach era hermano de Eric. Obviamente yo me encontraba en la casa de los Brennett, y tenía dos opciones en mente: o me había acostado con Zach, o me había acostado con Eric. Y si me había acostado con alguien, en serio deseaba que hubiera sido con Zach, porque definitivamente acostarme con Eric me traería algún tipo de enfermedad de transmisión s****l. Si no moría por eso, me suicidaría. Lo estaba pensando seriamente.
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Intenté moverme y juro que... joder, casi me muero por el dolor de trasero y de piernas.
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Me puse de pie lentamente sufriendo con cada movimiento.
Cuando estuve de pie en medio de la habitación buscando mi ropa por algún lado, la puerta del dormitorio se abrió y Eric apareció en el marco de la puerta con una toalla envuelta en su cadera, dejando al desnudo su perfecto torso, distrayéndome un poco.
No me caía bien, era un imbécil de primera categoría, pero absolutamente nadie podía negar que estaba bueno. Pero lo malo era que él estaba muy al tanto de lo bueno que estaba. Lo que no era una combinación complaciente.
Lo miré con los ojos abiertos como platos y mi boca se abrió miles de veces para decir algo, pero nada llegaba a mi cerebro y nada salía de mi boca. No sabía qué carajo hacer en ese momento, estaba paralizada por el shock.
Eric me miró con una sonrisa idiota de costado, esa sonrisa sin mostrar los dientes, ese tipo de sonrisa creída e idiota, y lo odié. Sip, lo odié y por mi cerebro pasaron miles de ideas de cómo matarlo de la manera más dolorosa, lenta y horrible del mundo.
- Eras más bonita con maquillaje. – fue lo primero que me dijo, achinó los ojos y fingió una sonrisa.
Entró a la habitación sin cerrar la puerta y empezó a buscar – creo que ropa – en el cajón de una cómoda. Estaba alterada y quería golpearlo por su comentario, pero entonces caí en la cuenta de lo que estaba sucediendo. Entendí que en la habitación en la que había dormido era la suya, y yo sabía perfectamente que Eric Brennett no traía a una chica a su habitación porque sí. Estaba a punto de llorar por la impotencia.
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- Tú eres más bonito cuando no hablas – me crucé de brazos. Él hizo un sonido raro con la boca y siguió buscando en su cajón dándome la espalda. Me rasqué la nuca, por primera vez en mi vida sin saber que decir – Oye, Brennett... - tartamudeé.
- ¿Qué quieres? – me respondió de una manera indiferente. Cerré los ojos con fuerza respirando como un toro. De un momento a otro me sentí descompuesta por lo que estaba a punto de decir.
- Nosotros... ya sabes, tú y yo, tu habitación, yo casi desnuda... lo que quiero decir es... -- estaba punto de estrellar mi cabeza contra la pared si no paraba de tartamudear -. Dime por favor que no nos acostamos.
Eric se enderezó rápidamente y tardó unos segundos en darse vuelta hacia mí, y cuando lo hizo su ceño estaba algo fruncido y sus labios arrugados, casi me parecía un pandita tierno, pero quité ese pensamiento de la cabeza y lo miré fijamente con la mirada fría y filosa.
Él me examinó de arriba abajo con sus ojos sin ningún tipo de prudencia y me revolví incómoda. Sus ojos marrones se encontraron con los míos y una sonrisa pícara apareció en sus labios. Mi sangre se heló.
- ¿Eso sería malo o bueno? – preguntó cruzando los brazos y entrecerrando sus ojos.
¿En serio lo estaba preguntando?
En menos de dos segundos pasé de estar completamente histérica y alterada. Empecé a dar vueltas por toda la habitación agitando mis brazos por el aire como una loca mientras decía cosas entre dientes en voz baja, cosas que ni yo entendía. Y si, parecía más loca que una cabra.
- ¡¿Qué sí es malo o bueno?! – grité histérica y el dio un pequeño salto en su lugar abriendo como platos sus ojos por mi tono tan alto de voz - ¡Por supuesto que es malo! ¡Claramente es muy, muy malo! – grité obvia mientras tomaba mi cabeza entre las manos -. ¡Por Dios! ¡Llama a un doctor en este instante! ¡Tengo sífilis, Eric Brennett me contagió sífilis!
Sollozaba-gritaba mientras con todas las fuerzas de mi alma deseaba recordar algo de la noche anterior, y deseaba seguir siendo virgen y no haber sido desvirgada por ese imbécil. Me estaba muriendo de nervios, y sentía que me empezaba a faltar el aire.
Mis ojos se encontraron con los de Eric y él tenía una mirada entre divertida y casi sorprendida.
- Genial, me acosté con una loca. – dijo el bufando y poniendo los ojos en blanco.
Y esas simples palabras fueron suficiente para que saliera corriendo al balcón que me había dado cuenta que tenía en su habitación. El aire fresco golpeó contra mi rostro y un gran patio trasero apareció en mi campo de visión. Y grité, así es, grité con todas mis fuerzas quedando como una desquiciada y con un dolor de piernas y trasero que me hacían gritar de dolor. Y deseé estar muerta, o en otra vida, o que la situación haya sido otra. Incluso deseé recordar cómo había sido mi primera vez.
Sin pensarlo – y admito que sobreactuando un poco – corrí hacía la punta del balcón y me subí en una silla que estaba cerca de la reja que impedía que me tirara hacia el césped del patio trasero.
- ¡Wow, Val, ¿Qué haces?! – escuché que gritaba Eric y sentí unos brazos rodearme por la cintura. Entonces mis pies tocaron el suelo frío. La parte baja de mi espalda chocaba contra su cadera y contra, desgraciadamente, su m*****o. Me sonrojé y aclaré mi garganta –. Tampoco fue una tan mala noche. Incluso, estuviste bastante bien.
Y yo que estaba pensando que diría algo comprensivo o ingenioso para hacerme sentir mejor conmigo misma o algo por el estilo. Pero en vez de eso, lo único que hizo fue presumir el hecho de que habíamos tenido sexo, y para colmo con un tono presumido e estúpido, como él.
Me aparté de él bruscamente y lo miré con desprecio. Intenté decirle algo, insultarlo o algo así, pero solo pude suspirar y gruñir de frustración. La sonrisa de Eric era petulante y llena de ego.
Entré nuevamente a la habitación y encontré mi short sobre una silla y me lo puse rápidamente. ¿Nos habíamos acostado? ¿Se había aprovechado de mi embriagues? No se la dejaría pasar tan fácil. Le haría la vida imposible, si podía lo enviaría a la cárcel.
Bajé las escaleras de la casa con mi cabeza funcionando a mil y mis sienes casi explotando. No podía creer que todo esto me estaba pasando justamente a mí, es decir, ¿De todas las chicas de la fiesta, justamente yo tuve que ser su elección de la noche? Quería matarlo, y matarme, y matar a todo lo vivo sobre la faz de la Tierra.
Me encontré con Zach sentado en un sillón como para seis personas forrado de n***o, y lo primero que hice fue caminar hacia él y tirarme a su lado bufando, cruzando los brazos sobre mi pecho. Lo miré y él hizo lo mismo con una sonrisa de costado y sus ojos azules fijos en los míos. Tenía un vaso en su mano y sin pensarlo dos veces se lo quité y le di un trago. Casi me muero en ese instante. Era whiskey. A no sé qué hora de la mañana. Lo miré con una mueca de asco.
- ¿Whiskey a esta hora? – le pregunté pasándole el vaso nuevamente, soltó una risita.
- Jamás es demasiado temprano para estar ebrio. – bromeó.
No le contesté y miré la televisión sin mirarla de verdad. Escarbé y escarbé y escarbé en lo más profundo de mi cerebro para tratar de recordar que había pasado la noche anterior, cómo carajo había llegado a esta casa y – aunque no quería – recordar cómo había sido la noche que pasé con (ahg, me da asco hasta pensarlo) Brennett.
Sentí que Zach empujaba juguetonamente mis hombros y fijaba su vista en mi directamente, algo que me hizo poner bastante nerviosa pero no le hice caso.
- ¿Todo bien? – preguntó. Elevé la mano con mi palma hacia su rostro y cerré los ojos suspirando delicadamente.
- Con un mensaje es suficiente, no hace falta que me hables. – lo decía completamente en serio. Mi cabeza explotaba.
- Pero estoy a tu lado. – dijo entre confundido y divertido.
- Recién me levanto. Envíame un mensaje.
Normalmente me levantaba de mal humor, y ese día estaba más furiosa que aquella vez que una de mis camisetas blancas con el logo de Maroon5 se despintó en la lavadora y se convirtió en rosada y en vez de decir "Maroon5" decía "aroon5". Y créanme que ese fue un mal día.
Pero no me iría de esa casa hasta poder recobrar la compostura. Quizás mi mente se despejaba y las lagunas dentro de mi cabeza empezaban a despejarse. Quizás todo eso era un mal chiste. Un muy mal chiste.
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Es decir, no es que me importe no ser más virgen, lo que me importa es con quién dejé de ser virgen. Desde inicio de prepa me hice un juramento personal, que se basaba en varias cosas que no quería hacer en la preparatoria. Y entre una de esas cosas era no ser una más en la lista de Eric Brennett. Porque su reputación de mujeriego e idiota no empezó en la preparatoria, sino en la secundaria, incluso creo que en la primaria. Y cuando se hizo amigo de mi hermano y empezó a ir a casa lo empecé a odiar más, porque ya le tenía ese pequeño odio en lo profundo de mi alma, y que él se apareciera cada vez más un poco en mi vida solo hizo que ese odio emergiera.
¿Y ahora como les digo a mis amigas lo que he hecho? Yo fui la primera que dijo que no quería acostarse con Eric. Si les contaba lo que había pasado, quedaría como una hipócrita, que dice una cosa y hace otra. Y odio a las personas hipócritas.
¿Y si todos se enteraban de lo que había pasado? ¿O si todos ya lo sabían? No podría hacer nada en su contra. Nadie me creería cuando dijera que se aprovechó de mi estado. Joder, ni siquiera recordaba haber cruzado palabra con él en la fiesta. ¿Y si había estado coqueteado con él o algo? ¿Y si alguien vio eso? ¿Cómo me defendería contra esa situación?
Mierda, me estaba haciendo muchos líos en la cabeza. ¡Y para colmo no sabía en dónde estaban todas mis cosas! Puedo tener miles de llamadas perdidas de Lenn, Less o Julie, y seguramente varios mensajes de mi padre. Pero para ser sincera, no quiero hablar con ninguno de ellos en este momento.
- En serio, Val. – Dijo seriamente Zach - ¿Todo bien?
Miré directamente a sus ojos.
- Excluyendo mi situación financiera, amorosa, s****l, física y psicológica, si. Estoy perfectamente bien. – Zach soltó una pequeña risita y negó con la cabeza.
- Si quieres puedo ayudarte con el asunto sexual...- usó un tono pícaro y enarcó una ceja mientras llevaba el vaso a sus labios. Estuve a punto de responder algo – o mejor dicho, a punto de darle un fuerte golpe en el brazo – pero entonces la voz de Eric se hizo presente.
- De eso me encargué yo.
Eric se puso de pie frente a mí y en sus manos tenía mi blusa negra y mis zapatillas. Estaba vestido con un jean n***o y una camisa a cuadros gris y negra arremangada hasta los codos. Su cabello seguía algo mojado y bastante despeinado. Me miraba de una forma que no me gustaba para nada. Me sonreía, me sonreía realmente, y me dio miedo. No sé como eso es posible pero así es.
- Matt me ha invitado a tu casa, también irá Gregg. – me dijo. > -. Si quieres puedo llevarte.
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- Claro. —dije poniéndome de pie. Empezamos a caminar hacia la puerta de entrada, y cuando estuvimos a punto de salir me di vuelta bruscamente y lo apunté con mi dedo índice –. Si abres la boca en algún momento y de ella sale algo estúpido, juro abrir la puerta y arrojarme al asfalto, y si eso no me mata, prometo golpear mi cabeza contra el asfalto hasta morir. Y no quiero que lo último que vea al morir sea tu rostro. ¿Entiendes?
Eric simplemente elevó sus manos a sus costados y rió de una manera idiota.
- Tranquila, linda, después de todas las cosas que dijiste anoche, no es que mi mayor deseo sea volver a escuchar tu voz. —sonrió de oreja a oreja y puse los ojos en blanco.
Me despedí de Zach con una pequeña sonrisa mientras salía de la casa y escuché como la puerta se cerraba a mis espaldas y empezaba a caminar detrás de mí. Y cuando estaba bajando los últimos escalones de la entrada, como todo el mundo está conspirando en contra mío, me torcí el pie y mi trasero aterrizó en el piso, haciendo que el dolor se hiciera más insoportable.
Eric me miró desde arriba con una sonrisa divertida amenazando por aparecer en sus labios, ni siquiera me extendió la mano para ayudarme a pararme, así que lo hice yo sola y sacudí la tierra de mis shorts. Una risa se escapó de los labios del idiota.
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- A lo mejor la vida es una fiesta y a ti te toca ser la piñata. A lo mejor. – comentó divertido, riendo y bastante divertido con la situación.
Nos subimos a su auto y lo primero que hice fue quitarle mi ropa de las manos, y con ella mi celular. Me quedaba poca batería, así que decidí enviar un mensaje rápido al grupo de mis amigas.
"Necesitamos hablar. Mi casa, ahora. Es urgente."
Respiré profundamente y apagué mi teléfono.
Definitivamente sería una muy mala – o quizás interesante – conversación.
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