Capítulo 11
La verdad es que estoy muy molesta con el comentario de Roberto hacia mi tía tanto es mi coraje que quiero bajarme.
—Disculpe Señor yo aquí me bajo—digo con un poco de incomodidad.
—Lo siento señorita, pero el señor Alberto me dio instrucciones claras de que la lleve a su casa—ni siquiera hace por detenerse.
Asiento mientras veo por el retrovisor.
—A claro es que mi padre cuida más a una desconocida que a su propio hijo —dice con molestia.
—A ver Roberto no tengo idea ¿Por qué actúas de esa manera? —frunzo el ceño.
—Enserio crees que no he visto las veces que a mi padre le han visto la cara ¿Tienes idea de cuantas veces ha traído novia? Y sabes una cosa siempre es la misma historia—tuerce los ojos —Lo conquistan, lo hacen que las lleve a mi casa, y después de sacarle dinero se van.
Exhalo a manera de que pueda controlar mi boca. Sé que él no es así y que solo está hablando por la herida que su madre le dejo después de haber muerto.
—Roberto creo que la vida de tu padre es privada además solo salieron a comer, aunque de todos modos mi tía sería incapaz de enamorar a tu padre solo por dinero.
Roberto no dice nada solo se dedica a voltear su cara hacia la ventanilla donde pone atención al paisaje, de mi parte hago lo mismo sin embargo me doy cuenta de que este no es el camino a casa.
—Disculpe señor ¿Hacia dónde vamos?
—Este es el camino a mi casa ¿Qué no se supone que llevarías a…—genial ni siquiera sabe mi nombre?
—Celia, me llamo Celia—lo veo desconcertada—Señor ¿Por qué me lleva hacia la casa del señor Alberto? —sigo aun desconcertada.
—El señor Alberto ha pedido que los lleve hacia la mansión señorita.
—No, pero yo le dije que iría a mi casa, además mi tía y él están en una comida.
—No lo sé señorita yo solo cumplo órdenes.
Ay por favor ¿Qué es lo que hare en esa casa? Además, a solas con Roberto a quien miro de reojo y solo permanece callado mientras parece estar pensativo.
No puedo creer que él y su padre se lleven tan mal cuando ambos tienen todo, al parecer el dinero no basta para ellos por eso es que siempre he pensado que ay que tener un equilibrio.
En fin me dedico a mirar hacia enfrente y así permanezco el resto del camino.
Minutos después…
Hemos llegado menciona ese chofer quien me abre la puerta a la vez que Roberto baja y se encamina hacia adentro.
Yo pacientemente tomo mi mochila y bajo de ese vehículo, aprovecho la vista la cual es hermosa, es un hermoso jardín el cual tiene todo tipo de plantas y ni hablar de esas hermosas rosas.
—Muchas gracias, señor —le sonrío al chofer y después sigo mi camino.
Subo a las escaleras de la entrada, pero me detengo para mirar a mi alrededor, sí que es hermoso este jardín además de enorme, sonrío a la vez que veo como una vista hermosa se ve a lo lejos, con las manos metidas en los bolsillos de mi suéter procedo a bajar nuevamente esos escalones, sigo el camino hacia esa hermosa vista, antes de llegar ahí cruzo por donde está la piscina y wow esto es genial toda en esta casa es bello.
Sigo mi camino hasta llegar ahí, me paro en ese lugar en el que se puede ver casi toda la ciudad estoy segurísima de que esto de noche se mira bellísimo, sigo observando hasta que escucho como a lo lejos varias chicas mencionan un “Señorita Celia” volteo hacia donde vienen esas voces y puedo ver como son las empleadas domésticas de esta mansión las cuales portan un uniforme celeste con blanco.
Antes de irme volteo nuevamente a ver esa hermosa vista repleta de áreas verdes y vista a la ciudad para luego encaminarme hacia esas chicas las cuales me sonríen en cuanto me ven.
— ¿Usted debe ser la señorita Celia?
—Si soy yo—me encojo un poco de hombros.
—Por favor síganos
Accedo a irme detrás de ellas sin embargo no tengo la menor idea de que hago aquí, como sea todas nos adentramos a esa casa y me quedo aún más sorprendida. Esta mansión es aún más hermosa desde adentro, detengo mis pasos al ver esas escaleras las cuales están de lado a lado.
— ¿Señorita? —esa chica me saca de mis pensamientos.
Asiento y continúo siguiendo sus pasos los cuales me llevan hacia el comedor en donde están mi tía, el señor Alberto y por supuesto Roberto quien no parece nada de buen humor.
Algo sorprendida me acerco a mi tía quien me hace una seña de que vaya hacia donde esta ella.
—Tía ¿Qué es todo esto? —muerdo un poco mi labio inferior—No se supone que ustedes estaban en un restaurante.
—Bueno queríamos darles una noticia—menciona el señor Alberto.
—No puedo creerlo ¿Es enserio papá? ¡Otra vez! —Roberto exclama.
—Hijo por favor —lo mira con autoridad.
—No quiero ser parte de esto no estoy de acuerdo, así que yo me largo—se levanta y tira la servilleta.
Desde donde estoy puedo ver el enojo de Roberto, pero si su padre ni siquiera ha dicho nada ¿Por qué se pone así?
De parte del señor Alberto, él trata de seguirlo sin embargo se detiene en cuanto Roberto sale de esa casa.
—Lo siento de verdad —suena apenado, después de eso pasa su brazo por detrás de la espalda de mi tía.
Frunzo el ceño en tanto observo eso y es ahí donde me doy cuenta de que ellos son más que amigos si no porque mi tía permite que la toque de esa manera.
—No te preocupes nosotros entendemos —ella le sonríe junto con una mirada de complicidad.
Esa mirada la conozco y es la del amor, creo que estoy entendiendo Porque Roberto se ha puesto así, aunque no tiene nada de malo.
—Celia por favor siéntate —me pide con amabilidad el padre de Roberto.
Sonrío y enseguida tomo asiento frente a ellos.
—Bueno mi niña siempre te he dicho que anhelo ser feliz y que merezco una segunda oportunidad —menciona mi tía con sus ojos humedecidos —Y creo que Dios me escucho por lo tanto es hora de que sepas el porqué de mi felicidad —toma la mano del señor Alberto y la entrelaza con la de ella.
—Lo que tu tía quiere decir es que tenemos una relación desde hace un mes.
— ¿Un mes? —alzo las cejas.
—Perdóname sobrina es que no creía que fuera durar más de dos semanas, pero míranos aparte de ser su secretaria soy su novia —lo mira con amor.
La verdad es que me da alegría por mi tía Isabela ella merece ser feliz, aunque debo aceptar que esta relación a lo que me conto Roberto va a hacer complicada ya que dudo que el acepte tan fácilmente a mi tía.
Como sea ahora lo único que importa es que ellos dos sean felices, por lo que sonrío, me pongo de pie, tomo un vaso de agua y…
—Pues brindemos por el amor —alzo ese vaso.
Ellos dos sonríen felices a lo que responden con ponerse de pie y brindar junto conmigo.
Minutos más tarde…
—Por cierto ¿Cómo que aparte de ser la novia del señor Alberto serás su secretaria?
—Pues porque tú sabes que las Yam como sea saldamos nuestras deudas y ahora que Alberto me presto para pagar una de ellas lo más justo es que yo trabaje ya que se presentó la oportunidad digo no es fácil encontrar trabajo sin estudios —dice apenada.
—Aclaro que le insistí en que no me pagara, pero tu tía es muy terca además lo del trabajo se lo ofrecí desde antes que fuéramos pareja solo que ella no acepto—me explica.
—Sé que mi tía es justa por lo tanto jamás aceptaría no pagarle además yo también le ayudare —sonrío.
Una hora más tarde…
Si bien esto ha sido realmente imprevisto, estoy feliz porque a pesar de todos los problemas se siente el amor en el aire.
Sin darme cuenta he caminado hacia el lugar en donde estaba hace un rato eso es porque mi tía se ha quedado despidiéndose del señor Alberto obviamente no iba ser mal tercio es por eso que he llegado de nuevo aquí.
Sigo caminando hasta que veo como Roberto está sentado en ese lugar, él esta recargado en ese árbol que hay en la orilla, parece que está dormido ya que sus ojos están cerrados.
Me asomo para asegurarme si está dormido o tal vez desmayado, por lo que me agacho un poco acercándome hacia su rostro.
Es ahí donde èl abre sus ojos haciendo que me espante y me haga hacia atrás donde no hay nada solo un vacío, por ende, me balanceo de un lado a otro estoy por caer al vacío sin embargo él me toma del brazo y me jala haciendo que caiga en su pecho.
Mis lentes han salido volando, genial ahora no miro nada mi vista empeora con la obscuridad.
De pronto Roberto me reincorpora por lo que solo puedo oler su perfume.
— ¿Qué rayos te sucede? ¿Acaso me querías besar?
Sinceramente ni siquiera puedo ver su rostro solo veo borroso, así que agacho la mirada y frunzo el ceño.
—No, no te quería besar solo quería ver si estabas bien—menciono apenada.
Sin previo aviso, así como estoy hincada en el suelo opto por buscar mis lentes.
—Espera —de pronto siento como él me toma del rostro y lo mantiene tomado con ambas manos.
— ¿Qué pasa? —pestañeo un par de veces.