Actualización…
Me quedo tan sorprendida que ni siquiera puedo hablar, no, eso no puede ser ¿Cómo se atrevió a tanto? Trago saliva en cuanto miro sus ojos.
Aunque prontamente bajo mi mirada intentando ocultar mis nervios.
— ¿Es verdad lo que él dice Celia? —pregunta Harry.
Antes de hablar exhalo un poco, después intento hablar sin embargo Harry nuevamente me interrumpe.
— ¿Él es tu novio Celia? —Harry parece estar un poco confundido.
— ¿Novio? Para nada yo jamás andaría con ella, ya con su tía metida con mi padre basta—Solo lo digo porque desde el primer día de clases me mira cómo no mira nadie además de que siempre me ayuda en absolutamente todo lo que le pido.
Eso quiere decir que él no ha visto nada, sé que debería estar enojada por sus comentarios tan fuera de lugar sin embargo estoy tranquila porque él no ha visto mi celular.
— ¿Dónde está mi celular? —lo miró fijamente.
— ¿Qué? ¿Tu celular?
—Celia te he hecho una pregunta—vuelve a preguntar Harry.
Es ahí donde me doy la vuelta para verlo a los ojos.
—Mira Harry, yo a ti no te debo ninguna explicación recuerda que tú y yo dejamos de ser novios hace mucho tiempo—trago saliva—Por favor vete y déjame sola con Roberto necesito hablar con él—lo miró fijamente.
La única respuesta de Harry hacia mí fue retractar sus pasos a la vez que asiente con su cabeza, su mirada está un poco apagada, aunque en ella se ve un poco de desilusión.
De todas maneras, eso no me debe importar puesto que él ya es cosa del pasado, además de que él decidió que así fuera así.
Suspiro a la vez que me doy la vuelta y extiendo mi mano.
—Dame mi teléfono ahora mismo Roberto—me atrevo a ordenarle.
— ¿Por qué insistes tanto en tenerlo ahora? Es solo una chatarra —frunce el ceño.
—Dame mi teléfono Roberto por favor—sueno nerviosa.
Sé que debería ocultar más mis nervios, pero la verdad es que estoy desesperada porque él no vea nada de lo que hay en él.
Sigo con mi mano extendida en tanto él me mira un poco desconcertado después de eso mete la mano en uno de los bolsillos de su pantalón para sacar mi teléfono el cual en cuanto mis ojos ven hace que se me escape una pequeña sonrisa de alivio.
Estoy por tomarlo, pero Roberto lo aleja de mí, sacando su mano junto con él hacia el vacío, es ahí cuando niego con la cabeza para luego mirarlo con temor.
— ¿Roberto? ¿Qué estás haciendo? —sueno un poco temerosa.
—Dime ¿Por qué estas así de nerviosa? Y te lo daré.
—Porque estaría nerviosa, es mi celular ¿No? Roberto dame mi teléfono ahora—intento caminar hacia él.
— ¡Cuidado! Y te acerques puede que se me caiga —con su otra mano hace una señal para que me detenga.
— Este bien te lo diré. Es porque tengo la tarea de química ahí ok, es por eso ¿Me lo puedes dar?
Observo como él me mira con más intriga, por favor, Celia ¿Por qué eres tan mala para mentir? Y peor aún para calmar tus nervios.
Debo ser más cautelosa y calmarme, así que solo pestañeo un par de veces y trato de respirar más despacio.
Roberto sigue con su brazo extendido hacia el vacío, mientras yo intento calmarme.
— ¿Segura que es por eso? Qué raro que yo no este enterado de ninguna tarea de química, sí que eres pésima para mentir.
Ay por favor, juro que no me quiero enojar más de la cuenta sin embargo eso ya no es posible puesto que necesito ese celular y no solo porque hay fotos de él si no porque también hay fotos de mi madre, fotos únicas que no tengo ningún lado más.
Pensar en perder esos recuerdos me ponen mal tanto que entro en una fase de desesperación por eso es que me aviento hacia él intentando hacer su brazo hacia el suelo firme de la segunda planta.
—Oye ¿Qué te pasa? —es ahí cuando veo como él celular cae al suelo de la primera planta.
Enseguida me asomo y veo ese celular hecho pedazos, niego con la cabeza mientras sigo viendo eso.
Después algo enojada volteo y lo miro hasta que lo empujo.
— ¿Te das cuenta lo que hiciste? ¿Por qué Roberto? ¿Por qué me odias tanto? —mis ojos se humedecen.
—Tranquila solo era una chatarra te comprare uno nuevo.
—Tú no entiendes—bajo las escaleras para ir a rescatar lo que queda de ese celular.
En cuanto llego recojo los pedazos y los meto en mi mochila, después de eso siento como mis ojos lloran a la vez que levanto la mirada para ver a Roberto quien solo me mira con seriedad.
Después de eso solo me voy corriendo hacia los baños a donde llegó con rapidez para encerrarme en uno de ellos, sacar ese celular y armarlo.
Tengo la esperanza de que prenda, así que con mis manos temblorosas intento prenderlo, pero eso es imposible, no puede ser no prende es ahí cuando mis lágrimas empañan mi vista a la vez que tiro ese celular al suelo para llorar por un rato.
Una hora más tarde…
Recién voy de camino hacia el salón de clases, ya que no tenía sentido irme a la primera clase puesto que esta estaba iniciada, por eso es que espere a que saliera el profesor para entrar a la siguiente.
Camino por ese pasillo después de eso entro al salón y camino hacia mi lugar de asiento, a lado de mí esta Roberto quien está platicando como si nada, ¿Con quién? No tengo idea.
— ¿Celia que te pasa? —Esa es Lizbeth— ¿Por qué no entraste a la primera clase?
—Me paso un pequeño accidente—respondo mientras saco mi cuaderno.
Levanto la mirada y ella me ve con el ceño fruncido, es obvio que no me cree.
—Tan pequeño no fue, porque si no, no hubieras llorado—frunce los labios.
—Buenos días jóvenes—la profesora de administración ha entrado.
—Te cuento más tarde ¿Sí? —le respondo a Lizbeth quien nada conforme con mi respuesta se voltea para poner atención a la clase.
De reojo veo a Roberto quien parece estar mirando hacia enfrente.
Varias horas después…
Finalmente, la hora de salida ha llegado así que me despido de Lizbeth quien se va un poco triste por lo que le he contado de mi celular, veo como ella sube al coche en donde la espera su chofer, después de eso doy algunos pasos para dirigirme hacia la parada de autobuses.
Sin embargo, al dar tan solo unos cuantos pasos, me toman del brazo y me devuelven hacia atrás.
Volteo y veo a Roberto quien me mira con seriedad ¡Que novedad! Me digo a mi misma.
—Espero y hoy tengas una mejor clase que ayer —pasa su mano hacia mi otro brazo.
—No habrá otra clase, búscate otra profesora de música, total tienes mucho dinero para conseguirte una mejor que yo, con permiso—me suelto de su agarre.
—Celia no puedes hacer eso, recuerda el…
—Ya te dije que no quiero, podrás tener todo el dinero del mundo, pero no mi paciencia para soportarte, lo de hoy sobre paso mis limites ya no puedo tener paciencia contigo—lo veo con mis ojos humedecidos.
—Por Dios Celia, solo es un teléfono, deberías estar contenta, te comprare el celular que quieras, un iPhone, un Android último modelo lo que quieras— dice con cinismo.
—Ya te dije que no, y no te preocupes yo misma le diré al señor Alberto que no seguiré con las clases para que así no tengas problema y contrates a otra persona con permiso—me doy la vuelta y sigo caminando.