Él se asoma a manera de revisar si su padre está cerca, después de eso toma la muñeca de mi mano y me lleva junto con él. Roberto decide tomar camino hacia el otro extremo tratando de salir por otro lado que no sea tan cerca de la cancha o al menos eso supongo.
De todas maneras lo único que sé es que me dejo llevar por él quien camina a mi lado hasta llegar a uno de los pasillos donde a lo lejos se ve su padre.
Él suelta mi mano y cuando lo hace me mira sorprendido es como si no de diera cuenta de que hizo tal cosa.
Con el fin de romper la incomodidad que hay en estos momentos él aclara su garganta para después mirarme a los ojos.
— ¿Mi padre te ha visto? —pregunta mientras sigue observando a su padre quien espera a su guardaespaldas quien se ha ido rumbo a las canchas.
—Sí él me ha visto, y me ha preguntando por ti. Obviamente le dije que no.
—Muy bien entonces lo mejor será es que él crea que tú me encontraste así no sospechara. Por cierto dejare la mochila aquí, guárdala por mí y yo mismo te contactare —él nuevamente toma la muñeca de mi mano para llevarme nuevamente junto con él.
— ¿Cómo me contactaras?
—Eso no importa, tú espera mi llamada y manten esa maleta todo el tiempo contigo —sigue caminando — ¡Papá! —grita a lo lejos.
Frunzo el ceño ya que él me ha dejado muy confundida, aún sigo haciéndome la misma pregunta desde hace unos días ¿Por qué sigo ayudándolo? Si es obvio que no se lo merece.
Suspiro a manera de que él no me escuche después de eso levanto la mirada y veo al señor Alberto quien voltea hacia nosotros.
De parte de Roberto bueno él termina soltando mi mano para después ver a su padre el cual lo mira con seriedad, sí que su silencio a la vez que se miran me ponen un poco nerviosa.
Por lo que enseguida aclaro mi garganta.
—Señor Alberto—sonrio nerviosa —Mire he encontrado a su hijo mientras caminaba hacia la zona de talleres.
—Muchas gracias Celia —él me sonríe—Quiero pensar que ibas a clase de música y que no venias de jugar ese jueguito —se dirige hacia Roberto.
—No es un jueguito como dices es un juego grandioso lástima que lo veas como algo simple pero para tu tranquilidad no venía de ahí debido a que tú no quieres que juegue y eso no es justo.
—Tú sabes por qué no quiero que juegues ¿No crees que ya fue suficiente con lo de tu hermano?
—Papá lamento que mi hermano haya muerto por ese infarto que le dio mientras jugaba pero eso fue algo externo no porque jugara—menciona con frustración.
Al escuchar eso no puedo evitar pestañear un par de veces ¿Cómo que Roberto tenía un hermano?
Algo sorprendida veo a ambos quienes se miran con desespero es ahí donde Roberto me mira y después voltea a ver a su padre.
—En fin no vengo de ahí vengo de esas clases de música las que tanto quieres que tome y es mejor no hablar de temas familiares enfrente de una desconocida —sigue mirándome.
Ni siquiera tomo sentido de lo que dice, mi atención están en sus ojos los mismos que reflejan dolor y ganas de llorar sin embargo a pesar de estar humedecidos no sueltan ninguna lagrima.
De pronto escucho como el señor Alberto suspira y después de eso es su turno de aclarar su garganta y sacarme de mis pensamientos.
—De todos modos solo vengo por ti porque quiero mostrarte el manejo de la empresa, quiero que vayas aprendiendo en tus tiempos libres para que así algún día tomes posición de mi puesto.
—Ya te dije que no me interesa en lo más mínimo la empresa, quiero vivir mi propia vida y no ser esclavo de una empresa la cual ni siquiera me gusta.
—Mira Roberto no voy discutirlo otra vez, tú serás el heredero de todo así que es mejor que vayas afrontando tu realidad, anda vamos —le hace una seña—Hasta luego Celia y gracias por encontrar a mi hijo
Si que esta discusión estuvo algo fuerte y creo que no debi escucharla sin embargo lo hice.
—Eh si de nada, hasta pronto—contesto algo confundida
Ellos dos se van en tanto yo me quedo donde estaba, ahora entiendo porque Roberto vive enojado con su padre, la verdad es que no sé que haría si estuviera en su lugar y aunque creo que el señor Alberto es buena persona a mi parecer creo que está siendo un poco duro con su hijo.
Como sea por mi parte decido reaccionar y dejar de darle vueltas al asunto antes de que olvide el encargo de Roberto asì que opto por caminar hacia el pasillo de donde tomo la maleta la misma que llevo conmigo hacia el salón de clases.
En la cafetería…
Son aproximadas las seis de la tarde, hoy estoy tan cansada que solo quiero llegar a mi casa a descansar estos pies los cuales piden auxilio.
Menos mal que solo faltan dos horas para cerrar, suspiro al mismo tiempo que me encuentro haciendo ese café el cual ha pedido la mesa dos.
Dos horas más tarde….
Por fin un suspiro de alegría sale de mi al dejar esa bolsa de basura en su lugar eso es porque al fin termine mi turno laboral solo falta quitarme este mandil, tomar mis cosas y ayudarle a cerrar las cortinas a la señora Abril.
Voy hacia mi segunda tarea es decir quitarme este mandil dejarlo en mi Locker y sacar mis cosas junto a la maleta de Robero de ese lugar, finalmente cuelgo mi bolso y después voy hacia afuera en donde me espera la señora Abril.
Me estiro para alcanzar esa cortina la cual en cuanta está a mediación la señora me ayuda a bajarla y poner candado.
—Hasta mañana señora —me despido con una sonrisa para después tomar camino hacia casa.
Voy caminando por esa enorme calle cuando de pronto mi celular suena, enseguida lo saco de mi celular al que veo y me doy cuenta de que en su pantalla se marca un número desconocido.
Por Dios ¿Quién será? Me digo a mi misma a la vez que tomo esa llamada.
— ¿Sí? —contesto.
—Te veo en una hora en las canchas de la universidad —esa voz no es otra más que la de Roberto.
Un por favor de su parte no estaría mal, pero claro conmigo siempre es asì de frio y de serio.
Pero ¿Qué tal con Sonia? Por ella estoy segura de que se vestiría de payaso con tal de hacerla sonreír, sin darme cuenta él cuelga por lo tanto meto ese celular nuevamente a mi bolso, siento alivio de traer esta maleta conmigo menos mal que no la deje en casa eso es porque vine de la universidad directo a la cafetería.
Exhalo al darme cuenta de que mis planes de llegar directamente a la cama se esfumaron por no ser rápida y contestar con un “No” pero por favor, Celia tienes que ser realista ni siquiera puedes hablar sin sentir nervios cuando estas frente a él ya parece que le vas a decir “No”
Si sé que debo estar loca, pero a pesar de que tiene novia y de que se porta un poco cortante conmigo aun así me gusta y juro que haría cualquier cosa solo por verlo, aunque sea unos segundos.
Celia, Celia, eres una tonta frunzo el ceño al darme cuenta de eso.
Genial ahora en vez de dar vuelta para finalmente ir a casa debo pasarme derecho para tomar un camión e ir hacia la universidad.
Cuarenta minutos más tarde…
Llego a la universidad y aprovechando que no hay nadie en la entrada me paso directamente hacia las canchas, menos mal que aún no está cerrada si no, sinceramente no sé qué hubiera hecho si no traigo mi pase de entrada a las instalaciones.
Camino de prisa hasta llegar a las bancas de ese lugar en donde tomo asiento para esperar a Roberto quien no se ve por ningún lado mientras espero me dedico a mirar este lugar, el cual se ve muy lindo de noche.
Apoyando mi codo en mi rodilla recargo mi rostro en mi mano, sigo observando a sus alrededores hasta que toca el turno de volver mi mirada hacia el inicio es ahí cuando lo veo a él entrar a la cancha.
Siento como mis pupilas se iluminan al verlo caminar con ese porte y esos caminados tan elegantes que tiene.
Mi atención hacia él es tanta que noto como cada vez se acerca más y más a mí hasta que…
—Oye—menciona a la vez que me ve desconcertado.
Su voz varonil hace que despierte y reaccione, de inmediato me reincorporo para tragar grueso al mismo tiempo que lo veo a los ojos.
—Aquí está tu maleta —extiendo mi mano para que la tome.
—Aquí tienes por las molestias—me ofrece un par de billetes.
Frunzo el ceño mientras lo veo con reprobación.