Un superior en la comandancia paso de largo cerca de Daniel, evitó mirarlo a los ojos. No era respaldo explícito. Era retirada. Lucía lo sintió en la calle. Las miradas dejaron de repetirse. El auto que solía esperar en la esquina ya no volvió. Un mensaje quedó en vista sin respuesta. La presión aflojó un grado. Se encontraron al mediodía a la luz franca. No hubo celebración; hubo constatación. —Algo se movió —dijo Daniel. —Sí respondió Lucía—. Y no en su favor. Decidieron caminar. El sol dibujó sombras largas y claras. El gesto de andar juntos, sin prisa ni vigilancia evidente, fue en sí mismo una prueba. La Intimidad se volvió visible, no escondida. —Funciona—dijo él—. Sostener, no reaccionar. —Elegimos corrigió ella. La tarde trajo una confirmación concreta: una llamada breve

