Julián observó la pantalla sin parpadear. Los puntos marcados en rojo se habían estabilizado en una sola zona. —Ahí están —murmuró. No hubo prisa en su voz, solo certeza. Tomó el teléfono. —Muevan la primera ficha —ordenó—. Sin ruido. Que crean que ganaron tiempo. Colgó. La partida había comenzado de verdad. Caminaron a unas calles donde se encontraba la casa de seguridad de Lucía. La casa los recibió como un refugio silencioso. Discreta por fuera, sólida por dentro, pensada para resistir… y desaparecer si era necesario. Mateo cerró cortinas. Sofía revisó cámaras. Daniel aseguró accesos. El Memo fue acomodado con cuidado en una habitación interior, aún resentido, pero consciente. Lucía observó a su equipo reunido en la sala. Cansados. Golpeados. Vivos. —Aquí dormimos —dijo—.

