-No me castigo, Fle. Ya no. Esta condición – de paso – me sirvió para agudizar mis sentidos y gracias a ello puedo decir lo que estoy diciendo. Y hasta lo he escuchado en las tiendas, y ha corrido el murmullo como reguero de pólvora y vos sabés hermano mejor que nadie que las frases no existen porque sí: “Pueblo chico, infierno grande”.
Fle enmudeció ante mi exposición. No hallaba palabras ni colgadas de la higuera para solventar un poco todo este calvario.
-Sólo me queda el recuerdo de Magali.
-¿Quién es Magali?, preguntó inquieto Fle.
-Fue una chica de otro mundo que apareció en mi vida y que, gracias a ella, parte de lo que soy hoy en día, se lo debo, a su empuje, a su dedicación para conmigo, a su insistencia y a ese ángel puro y cristalino que desperdigaba a cada paso. No sabés como la extraño.
-¡Epa! ¡parece que tenemos un gordito enamorado!, dijo con una sonrisa amplia Fle.
-Y no sabés cuánto, Fle. Fue la mujer de mis sueños y no porque haya sido la única que estuvo a mi lado. La comparo con el resto y ninguna de aquellas juntas le llega a la punta de los pelos a Magali. Fue un ángel en esta tierra. Y digo 'fue' porque ya hace muchos años que nos dejó.
-¿Qué querés decir, Manu? ¿Está muerta?
- Se suicidó, amigo. Encontró a su hermanito muerto en su habitación y eso la sumió en una depresión de la cual no pudo salir. Durante años se hicieron esfuerzos denodados por mantenerla en eje, pero aquella tragedia fue el puntapié de la suya propia.
Fle intentaba con su caricia sobre mi cuerpo monumental apaciguar algo de todo el dolor que en ese instante me estaba atacando. Yo continuaba perdido en mis dedos como si a ellos les estuviera contando la historia.
-La noche en que este hijo de perra me violó apareció, desde dentro del placar del baño, un muchachito de mi edad más o menos que estaba escondido allí.
-¡¿Cómo?! preguntó sensiblemente aturdido y sacudiendo la cabeza Fle.
-Si, Fle. Dentro del placar del baño estaba escondido este muchachito que se llama Manuel, igual que yo, y me dijo que él había presenciado toda la crueldad que este mal nacido había depositado sobre mí.
-Pero ¿Cómo entró a tu casa? ¿Quién era? ¿Era un primo tuyo? ¿Un amigo? No conozco a nadie cercano a vos, familiar o lo que fuere, que se llame igual que vos.
-Yo tampoco, hasta el día de hoy, supe como ingresó y eso que lo he visto en un montón de oportunidades, pero no sé si vive en el pueblo o en algún pueblo vecino.
-¿Y qué sucedió con este pibe? ¡No me digas que vio todo!..
-Según él, sí, observó todo el proceso de mi vejación. Fle deseaba arrancarse los pelos con tenazas. Su furia era incontenible y le costaba mantener la tranquilidad y la cordura.
-Pero gracias a él y a sus consejos hoy soy este adefesio apostado frente a vos.
-¿Por qué gracias a él? ¿Qué consejos? No entiendo nada, amigo. Aclarame las cosas, por Dios, dijo Fle notoriamente abatido por la desazón.
-Después de explicarme y de darme todas las razones por la cual se encontraba dentro del placar del baño me dijo que él tenía la solución para este calvario. Mi primo Facundo me había prometido que iba a seguir viéndome y que iba a seguir abusando de mí las veces que él quisiera, porque a partir de ese momento yo pasaba a ser su mujer, así, tal cual lo estás oyendo.
-¡No puedo creerte, hermano! ¿Con qué clase de enfermo has convivido todo este tiempo?
-Él ya hace muchos años que se fue de aquí. Después de un tiempo volvió porque se enteró de la muerte de mi tía Coca para después desaparecer definitivamente.
-Terminame de contar acerca de ese tal Manuel. ¿Cómo prosiguió todo? Me habías dicho que él te había ofrecido una salida, una solución.
- Sí, así es, y sinceramente no sé si fue la mejor idea pero pude mantener al desquiciado fuera de mi alcance hasta el día de hoy.
-¿Cómo hiciste?, preguntó ansioso Fle.
Manuel, este amigo mío, me sugirió comer hasta no dar más, engordar, meterle cualquier cosa al estómago hasta verme deformado, de eso modo, mi primo jamás volvería a fijarse en mí, nunca más se atrevería a posar su mirada en mi figura y llegaría a tenerme tanto asco por mi volumen que se alejaría lo más rápido posible. Me pareció en ese momento una idea genial. Estaba desesperado, Fle, y el miedo a que este degenerado volviera a atacarme y me destrozara otra vez me carcomía el cerebro. Hoy, a la distancia de aquella noche, sé que tomé el camino equivocado; era un niño, no sabía lo que hacía, no dimensionaba formas ni sentidos, y me dejé llevar por lo que creí en ese momento que era la verdadera y única escapatoria a este demonio.
Fle observaba con sus ojos acuosos y las venas de su garganta henchidas de bronca e impotencia, mudo, bajo un silencio sepulcral, con una mirada que atesoraba despropósito y venganza.
-Seguí al pie de la letra los consejos de Manuel al mismo tiempo que él me ayudaba porque padeció mis mismos traumas: él también fue abusado. Y así amigo – yo continuaba con mi mirada perdida en las puntas de mis dedos – he cargado este muerto hasta este día en donde la felicidad me ha embargado al verte después de tantos años. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan feliz como hoy. Anduve todos estos años divagando en la tristeza, caminando por los oscuros senderos de la melancolía y la soledad, hablando con los pájaros y las perdices y pidiéndoles perdón por haberles ocasionado tantas muertes en otros tiempos.
El lejano sonido de una brisa suave que atravesaba la casa era el único murmullo audible en la tarde soleada y veraniega de diciembre. Prefería escuchar ese sonido y no la respiración entrecortada de Fle, que recorría las laderas de las montañas, allá a lo lejos, con sus ojos encendidos y un yuyo metido en la comisura de sus labios. La mudez era una elección, tal vez lo mejor en ese instante. Pero Fle rompió salvajemente ese hielo, ese témpano grueso que nos dividía.
-Te lo juro, hermano mío, si lo tuviera acá lo destrozaría con mis propias manos hasta verlo desangrarse como esas perdices que matábamos cuando éramos chicos.
-De nada valdría, dije con tono de convicción. Y proseguí: –"Sólo te hundirías de por vida en una prisión por terminar con un engendro que no vale la pena. Así por lo menos lo siento yo amigo mío" - .
Fle observaba la nada destruyendo entre sus labios ese yuyo húmedo a punto de masticar y tragar. Y perdido vaya a saber en qué macabros pensamientos dijo: -"Y a ese otro Manuel o como se llame, en donde lo encuentre le voy a hacer sentir el rigor también ¿a vos te parece?, llevarte por el camino que él mismo escogió para terminar con sus penas y seguirte año tras año para corroborar que su obra de arte tenga el final que tanto soñó… Lo va a pagar. Y lo va a pagar en vida, te lo juro hermano"-.