Resoplo con pesadez. ─¿Dónde está ella?─ Inquiero rápidamente. ─Salió hace como una hora, y me pidió que me quedara a cuidar a la bola de pelo negra, ya que tú te desapareciste por dos días─ se tira en el sofá mientras, muestra aires de irónico. ─No me desaparecí─ murmuro con el ceño fruncido. ─Ah, claro. Estarte llamando cada una hora y que no contestes, no es desaparecer… digo, ella te llamaba─ desvía su mirada de la mía, al intentar corregirse. Lo que no se le pasa por la mente, es que recibí todas sus llamadas perdidas cuando tuve cobertura… idiota. ─¡Además! ¿Dónde estuviste?─ Pregunta exaltado, mientras se levanta en un salto para llegar a mí. Me aparto rápidamente. ─No es de tu incumbencia─ respondo, tratando de que mis sentimientos no me traicionen. ─¡Claro que sí! Soy tu

