Escucho unos pasos fuertes que se avecinan. ─¡¿Katherina, estás ahí?! ─ Exclama hacia la puerta del baño, mi cuerpo vibra ante su voz. ─¡Responde, mujer! ─ Dice ofuscado. ─¡Vete, aléjate! ─ Le digo de forma ronca. Pasan unos segundos, mi mirada está en la puerta mientras espero a que se vaya. ─No quiero─ afirma calmado. Mi mente entra en confusión. ─Vete─ le digo en forma de súplica. ─Que no quiero, joder, ¿qué no escuchas? ─Insiste, observo la sombra de sus zapatos debajo de la puerta. ─Lo siento ¿vale? Soy un gilipollas… No debí, de decir eso─ expresa mientras oigo como exhala cansado. Mi silencio le permite a él seguir. ─No estoy acostumbrado a la atención de las personas, siempre tuve la atención de alguien, que recuerdo pero no fue buena su atención… Y resulta que

