Narra Alexander La horas de vuelo se me hicieron eternas, la incertidumbre me está matando, así que bajo a toda prisa del avión y subo al auto que ya estaba esperando por nosotros. No soy un hombre que fácilmente pierda la cordura, pero de solo saber que mi pequeña está desaparecida, mi cordura se fue al carajo, lo único que quiero es encontrarla, estrecharla entre mis brazos y jamás soltarla. El auto se detiene en la mansión más rápido de lo que creí, bajo de él y tocó el timbre. La puerta es abierta por una de las muchachas de la limpieza, ella se sorprende al verme. Entro sin que ella me de permiso, lo único que quiero es saber si ya saben algo de mi pequeña, pero cuando llego a la sala me doy cuanta de la situación. Los padres de Mariel no se ven nada bien, hay un hombre de espald

