Narra Mariel. La mañana había llegado, casi no dormí, temía que ese hombre entrará a la habitación, mientras yo dormía, así que solo dormitaba por ratos, las ojeras en mis ojos dejan ver lo evidente, de la mala noche que he pasado. La puerta de la habitación es abierta, un hombre entra con una bolsa en la mano, mientras que el otro lo espera. — Esto, es ropa y maquillaje para usted, puede darse una ducha, en unos minutos regresaremos por usted, el señor desea su compañía, para desayunar. — dice él. — No iré, díganle que puede esperar lo que quiera no me moveré de aquí. — dije en tono molesto, que digo molesto furioso, yo estaba demasiado furiosa, como para desayunar con ese maldito. — Tenemos órdenes de llevarla a la fuerza si es necesario, además necesita darse un baño, su ropa

