Capítulo 4

1038 Words
Distintos destinos. Capítulo 4. Cerré los ojos, sentí que sonrió mientras presionó sus suaves y dulces labios con los míos. Exhaló bruscamente; sus brazos me rodearon la cintura, sus manos eran tan cálidas y sus labios tan suaves, me besó lentamente como si lo hubiera esperado por mucho tiempo. Su respiración se volvió más profunda y su corazón empezó a acelerarse. Fue un beso tan dulce y aunque yo no lo amaba sabía que con su amor era suficiente para los dos. Nuestras miradas se encontraron en un silencio dorado. —Te amo Kay —soltó sin dejar de mirarme—, te amo aunque… Puse mi dedo índice en sus labios obligándolo a callar. —No digas nada. En este tiempo descubrí lo bien que me siento a tu lado y lo especial que eres para mí —acaricié su mejilla—. Te quiero y sé que con el tiempo aprenderé a amarte. Acarició mi rostro con ternura y dejó un pequeño beso en mi nariz. Nos sentamos. —Gracias por darme esa oportunidad, no importa que no me ames, mi amor será suficiente para los dos. Soltó una risita nerviosa mientras rebuscaba en sus bolsillos. »Hace algunos días compré algo, desde ese día me acompaña esperando el momento que me diera el valor para preguntarte. Ladeé la cabeza con curiosidad, el corazón se me aceleró. Sacó de su bolsillo una cajita de terciopelo, la abrió frente a mí; era una pulsera de oro con un dije de estrella. —Desde hoy eres mi estrellita, ¿quieres ser mi novia y dejar que te ame hasta que el tiempo o el destino lo decidan? Mis ojos se rebozaron por las lágrimas, yo sabía perfectamente lo que significaba la palabra «tiempo» La nariz y la garganta me hormigueaban, la respiración se me cortó en la garganta. Incliné la cabeza hacia un lado con los labios entreabiertos atrapando sus labios, toqué su lengua haciendo que la ternura y la respuesta fuera franca. Cerró los ojos rindiéndose a la sensación, susurré en sus labios; sí. Me puso la pulsera, la miré acariciando el frío metal con la yema de mis dedos. Sin dejar de mirar la pulsera inquirí. —¿Por qué tu estrella? Escuché una risita. —Porque mi vida estaba en el momento más oscuro cuando llegó una estrella, o sea tú, haciendo que mi mundo empezara a brillar. Le das luz a mi vida, eres mi estrella una que sobresale extraordinariamente. Toqué su mejilla con mi mano, él sonrió y la cubrió con la suya, dejé un beso en la comisura de su boca, él se acercó un poco más. Enterré mi cara en su cuello y él me abrazó con fuerza, tocó suavemente mi frente con sus labios. Eso significaba yo en su vida, una luz que le daba felicidad. Pero yo sabía el verdadero significado de ese dije; lo nuestro era algo fugaz que en cualquier momento se iba a desvanecer de mi vida. Y yo no quería pensar en eso, ya que en realidad él era el que le daba luz a mi vida. Quería hacer todo bien y que fuera especial para él, así que le dije que me recogiera al día siguiente en mi casa para que fuéramos a comer y celebraramos nuestro noviazgo. Él con su hermosa sonrisa aceptó. Lo que tenía planeado era invitarlo a comer en mi casa para presentarlo oficialmente, yo quería darle el lugar que se merecía. Ese día cuando todos nos reunimos en el comedor inhalé con fuerza y luego solté; —Tengo algo que contarles. Capté la atención de todos al instante. —¿Qué pasa hija? —inquirió mamá. —¿Está todo bien? —indagó papá. —Suéltalo —objetaron al unísono mis hermanos. Estrujé el borde de mi vestido bajo la mesa. —Decidí darme una oportunidad con Fer. Todos me miraron boquiabiertos. »Quiero invitarlo a cenar para presentarlo oficialmente como mi novio. Mamá aleteó sus largas pestañas intentando contener las lágrimas. Acarició mi mano con cariño. —Kat, no sabes el gusto tan grande que me da al escucharte. —Excelentes noticias —papá esbozó una sonrisa. —Nosotros encantados de recibirlo, que emoción —agregó mamá. Mamá emocionada empezó a planear la cena para el día siguiente. Me dijo que por fin había dejado mi pasado atrás, le regalé una sonrisa de boca cerrada y me fui a mi habitación. Me perdí en mis pensamientos, repetía; no le estoy fallando a nadie, es lo correcto, debo seguir con mi vida. Era lo que yo quería creer, pero él seguía clavado en mi pecho como una espina invisible. Ese día me puse un vestido de mangas blanco, me maquillé, hacía mucho que no lo hacía. Quería verme hermosa para él, solté mi cabello y me miré al espejo muchas veces antes de bajar mientras repetía «es lo que tengo que hacer» Salí a recibir a Fer, su sonrisa hermosa iluminaba los días más oscuros. Lo tomé de la mano y lo invité a entrar, su gesto cambió, una mezcla de emoción y nervios. —Quiero presentarte a mi familia oficialmente como mi novio. Me miró como si no pudiera creer lo que escuchaba, sus bellos ojos se cristalizaron. —Pero no he traído nada, una botella de vino, unas flores para tu mamá. Solté una risita, así era él, un caballero de esos que ya no existen. Entramos a la casa, apreté su mano y dije con seguridad para poder creerlo. —Familia, ya llegó mi novio. Él saludó con un pequeño movimiento de cabeza y una sonrisa hermosa. Recuerdo que todos estaban en el comedor, en ese momento en sus rostros solo había una felicidad inmensa. Los observé en silencio, cada gesto, cada sonrisa, sabía que estaban felices por mí. Apreté más su mano, él me miró y me devolvió el apretón. Pensé; Quiero aferrarme a ti con todas mis fuerzas. Ese día en mi casa solo se escuchaban risas y yo sonreía mientras lo miraba a él sonreír. La señora Raquel se puso feliz cuando supo que oficialmente éramos novios, me abrazó tan fuerte, que en ese abrazo sentí un eterno agradecimiento por darle felicidad a su hijo.
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