Capítulo 4 parte 2.

955 Words
*☆*☆*☆*☆*☆*☆*☆*☆*☆ Tres meses después... Nuestra relación marchaba de maravilla, él era el estándar perfecto para cualquier. Me hacía sentir como una princesa, era tan amoroso, atento, cariñoso y detallista. Ese viernes después de clases Fer me hizo una invitación, me dijo que si lo acompañaba a Clifton, a la casa de campo de sus abuelos, estaba a una hora y media de la ciudad. Me pareció una idea increíble cambiar de ambiente y pasar más tiempo con él. Empaqué algo de ropa y me organicé con una sonrisa en el rostro. Como siempre me recogió muy puntual, salimos muy temprano para aprovechar el viaje. Antes de llegar a Clifton paramos a almorzar en un restaurante, el lugar se veía precioso. Nos acomodamos en una de las mesas que estaba junto a la ventana. Mientras esperábamos nuestro pedido levanté la mirada, que curioso había un motel al otro lado de la carretera, sonreí y pensé; cuántos amantes cruzaran esas puertas lejos de las miradas indiscretas. Nunca se pasó por mi cabeza que ese día recibiría otro golpe directo al corazón. Luego de comer un delicioso almuerzo salimos para seguir nuestro camino, yo me adelanté mientras Fer compraba unas cosas para llevar. Estaba por llegar al coche, justo en ese momento levanté la mirada al frente. Había varios coches aparcados, volví a mirar detenidamente porque algo llamó mucho mi atención. Entre esos coches había uno muy parecido al de mi papá, un escalofrío recorrió mi cuerpo hasta los huesos. Negué y pensé; autos así hay muchos en todos lados. Pero ese pensamiento seguía ahí rondando mi cabeza, volví a negar, mi imaginación tal vez estaba yendo demasiado lejos. Quise subirme al auto, pero la curiosidad que por alguna razón sentía no me dejó. Así que decidí acercarme un poco, miré las placas del auto y en ese momento la sangre se me congeló, efectivamente era el auto de mi papá. ¿Qué rayos hacía el auto de papá en un motel tan lejos de la ciudad? Se suponía que había tenido que viajar desde el viernes porque tenía una reunión de trabajo. Miles de sentimientos empezaron a agolparse en mi pecho; miedo, angustia, dolor, tristeza, desilusión, decepción, rabia. Yo creía que mi familia era perfecta, mi padre era mi héroe, uno de los hombres que más amaba. Lágrimas de enojo estaban a punto de fluir de mis ojos, intenté obstinadamente detenerlas. Estaba dispuesta a averiguar qué estaba pasando, di un paso cuando sentí el agarre de su mano. —Mi estrellita, ¿pasó algo? —acarició mi mejilla —. ¿por qué lloras? Me aferré a su cuerpo con todas mis fuerzas, aún en medio de la confusión él correspondió a mi abrazo. Cerré los ojos y me concentré en los latidos de su corazón, por alguna razón él me hacía sentir segura, él me daba paz, con él sentía que nada malo iba a pasar. Empezó a subir y bajar su mano por mi espalda y con un suave susurro que salía de sus labios intentó consolarme. Se alejó solo lo suficiente para rodear mi cara con sus manos sin dejarme apartar la mirada. »¿Qué pasa? Aspiré aire frenéticamente intentando vocalizar. —¿Ves ese auto? —giré la cabeza y señalé con la mirada, él asintió—. Estoy segura que es el auto de mi padre, ¿qué hace él aquí? ¿Está con otra mujer? ¿Nos mintió? Dijo que tenía que viajar por trabajo y mira donde nos venimos a cruzar. Eran tantas preguntas que no tenían una respuesta, sorbí mi nariz y me limpié las lágrimas. Me volvió a abrazar, esa vez con más fuerza. —¿Estás segura que es su coche? Me alejé bruscamente, intenté detener las lágrimas, pero estaban sin control. —Estoy segura —exclamé —. En este preciso momento iré a buscarlo, quiero que me de una maldita explicación. Giré sobre mi propio eje dispuesta a hacerle un escándalo, Fer me agarró del brazo haciéndome girar, pegándome a su pecho con fuerza. —Kay, calma, en este momento no estás pensando con la cabeza, sino con todas esas cosas que sientes aquí. Señaló mi pecho, intenté zafarme, pero él no lo permitió, me abrazó con más fuerza. »¡Shhhh! Estoy contigo, no voy a dejarte sola. Abrió la puerta del auto, ambos nos subimos en la parte de atrás. Hundí mi rostro en su pecho y lloré, de alguna manera tenía que aliviar el dolor que sentía en ese momento. Él se quedó en silencio acariciando mi cabello, acunándome en sus brazos, como a una niña que sentía que todo su mundo era una mentira, lo único real en ese momento era él, mi guapo, la luz de mi oscuridad. Luego de unos minutos ya estaba un poco más calmada, no alejaba la mirada de la ventana. Fer me miró, vio la ira que incendiaba mi alma en ese momento, apretó mi mano. —Sé que estás muy enojada, sé que tienes miles de preguntas a las que les urge una respuesta. Sé que quieres ir a gritarle lo que sientes, no te voy a decir que no lo hagas, o que no está bien, estás en todo tu derecho. Giré la cabeza para mirarlo. »Propongo que esperemos, en cualquier momento tiene que salir de ahí, me imagino que irán a Clifton, estamos cerca. Sea cual sea tu decisión quiero que sepas que voy a apoyarte siempre. Recargué mi cabeza en su pecho, él tenía razón, además que Fer no merecía presenciar un espectáculo, al fin la que se rebajaría sería yo, así que accedí a esperar. Me regaló una hermosa sonrisa, suficiente para dar calma a mi corazón atormentado. …
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