Capítulo 2.

663 Words
Distintos destinos. Capítulo 2 Un año después. El tiempo era despiadado y cruel, ya habían pasado dos años sin saber nada de él, pero el amor que le tenía seguía intacto. Me sobraban pretendientes, pero siempre me negué a la posibilidad de darle entrada al amor. Después de tanto pensarlo decidí inscribirme en la universidad; elegí la carrera de organización de eventos, quería dedicarme de lleno a estudiar, no socializaba con nadie. Mis padres invitaban chicos a la casa, pero siempre los ignoraba. Estábamos en el comedor. —Karen —Habló mamá captando mi atención—, no te niegues a la posibilidad de abrir tu corazón a un nuevo amor. Mamá aspiró con tristeza. »Por muy difícil que sea debes entender que Samuel no regresará, hace dos años que perdimos todo tipo de contacto con su familia. —¡No puedo olvidarlo, yo lo sigo amando! —exclamé. —Eso lo dices porque no has tenido otros novios. Tienes que dejar el pasado atrás, simplemente Samuel y tú tenían distintos destinos. Hija, sé que suena cruel, pero es la verdad. Se pellizcó el puente de la nariz con frustración. »Tú sigues llorando por él y él tal vez ya rehizo su vida. Piénsalo, ¿crees que él siga fiel a tu recuerdo después de dos años? Se formó un silencio incómodo alrededor. Y sí, tal vez mi madre tenía razón. … Estaba en la cafetería de la universidad como solía hacerlo siempre; sola. Pero ese día escuché tras de mí. —¿Está ocupado? Ni siquiera levanté la mirada, me limité a responder. —No. Seguí tomando mi jugo, cuando alguien se sentó frente a mí, tendió su mano. —Mucho gusto, Fernando Miller García, pero todos mis amigos me dicen Fer. Pensé en dejarlo con la mano tendida, aunque sería demasiado grosero de mi parte, así que decidí tender mi mano y estrechar la suya. —Karen Maldonado. Justo en ese momento levanté la mirada y vi lo atractivo que era. Era alto, delgado, piel clara, cabello rubio estilo desordenado que le daba un toque perfecto, ojos azules claros con forma ovalada. Sus ojos eran tan hermosos, tan claros, se parecían a la playa de Whitehaven, una de las más hermosas del mundo. Su nariz estilizada y pequeña, barbilla pronunciada, unos hoyuelos perfectos que se formaban con su hermosa sonrisa. Era demasiado guapo, parecía un ángel. Empezó a platicarme, me dijo que llevaba días observándome desde lejos, ya que yo siempre me aislaba de todos. Me contó que tenía 21 años, estaba estudiando hotelería y turismo, que llevaba dos años en la universidad y le faltaban tres para terminar, justo eso duraba mi carrera. Me preguntó qué estudiaba, traté de responder solo lo necesario y como siempre terminé poniendo una gran barrera. Me levanté con cualquier disculpa y me alejé. Después de ese día siempre me esperaba en la puerta de la universidad para entrar juntos, yo solo asentía a su saludo y seguía mi camino. En las horas de receso siempre me buscaba, yo lo evitaba, en la cafetería siempre me llevaba un jugo, o fruta, siempre lo rechazaba. Le daba la espalda y él a pesar de eso, se quedaba comiendo a mi lado en silencio. Algunas compañeras me decían que era obvio que él estaba interesado en mí, pero yo no quería nada con él, a pesar de ser un chico tan guapo e interesante. Todas se quejaban, porque ellas querían una pequeña oportunidad con el chico más guapo de la universidad y yo que la tenía me negaba. Así era todos los días, tan atento conmigo aún cuando yo era tan grosera con él; lo dejaba con la mano tendida, con la palabra en la boca. Hasta que un día decidí recibirle lo que me llevó a la cafetería, una pequeña caja de arándanos. Sonrió y por un momento me perdí en esa sonrisa, era tan hermosa que podía iluminar los lugares más oscuros, incluido mi corazón.
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