Capítulo 1 parte 2.

1399 Words
Todos los momentos compartidos con él eran únicos, él era un chico guapísimo, piel blanca, cabello y ojos negros, alto, facciones muy varolines, brazos grandes y fuertes. Cejas con espesor medio, labios carnosos, nariz delgada de longitud media, era demasiado guapo. … Nos faltaba un año para graduarnos del colegio, ya habíamos empezado a buscar universidades para entrar juntos, pero justo ahí el destino empezó a mover sus hilos. Recuerdo esa tarde perfectamente. Ese día Sam no me recogió como solía hacerlo para irnos juntos a clases, me pareció extraño porque había faltado. En la tarde llegó a casa con sus padres, las expresiones de sus rostros eran las mismas, una tristeza que se les salía por los poros. Nosotros salimos al jardín. Lo tomé de las manos. —Sam, ¿pasa algo? Una lágrima rodó por su mejilla, empecé a preocuparme. »¿Qué pasó? —volví a preguntar. —A mi mamá le detectaron cáncer. Lo abracé, él tardó unos segundos en corresponder. Se alejó y me miró con sus ojos más oscuros de lo normal. Pasó saliva. »Papá decidió que lo mejor era irnos a California para empezar un tratamiento. La piel se me enchinó, yo sabía perfectamente lo que eso significaba. Lo volví a abrazar, un par de lágrimas se me escaparon, fue inevitable. —Lamento lo que está pasando con tu mamá, todo saldrá bien. Me abrazó con fuerza. Luego de unos minutos me atreví a preguntar con un nudo en la garganta. —¿Tú y yo no volveremos a vernos? —Papá dice que es solo por un tiempo, no quisiera irme, pero trataremos de comunicarnos de algún modo. En ese momento no había r************* y nada de esas cosas. »Pase lo que pase yo te voy a amar siempre, volveré por ti y cumpliremos nuestros sueños. En ese momento ninguno fue capaz de contener las lágrimas, empezaron a salir como cascadas. Pegó su frente a la mía y con la voz entrecortada soltó. —Te juro que voy a volver, espérame. Mi cuerpo se estremeció en un pequeño escalofrío desde los talones hasta la parte superior de la cabeza. Nos esforzamos por contener las lágrimas, pero ellas rodaban obstinadamente por nuestras mejillas. Fue un momento demasiado difícil, todos los planes que teníamos se estaban esfumando. —Me olvidarás, lo sé —susurré en un pequeño hilo de voz. —No, no —tomó mis manos—, eso jamás, eres el amor de mi vida no lo olvides nunca. —Eso lo dices ahora, pero cuando pase el tiempo me vas a olvidar, son muchos kilómetros los que van a separarnos. No podía evitarlo, otra vez empecé a llorar, me dolía el alma al saber que nos teníamos que separar, en ese momento el futuro era incierto. Sam me abrazó con fuerza tratando de consolarme, pero su dolor era igual al mío, terminamos llorando juntos. En medio de las lágrimas me prometió volver por mí, prometimos esperar el tiempo que fuera necesario. —¿Cuándo te vas? —fui la primera en romper el silencio. —En dos días, el sábado —susurró. —Demasiado pronto. No puede ser —me cubrí el rostro con las manos—. Te amo, te amaré siempre y te juro que te esperaré y en un futuro poder estar juntos para siempre. —Te amaré el resto de mi vida, juro que volveré a buscarte, te amo mi Kat. Espérame porque voy a volver por ti para estar juntos el resto de nuestras vidas. Ese día fue tan triste, sentí como se partió mi corazón, ambos estábamos destrozados. Planeamos la manera de estar juntos otra vez como una despedida, hicimos el amor con tanto sentimiento, con todo el amor que había en nuestros corazones, como si fuese la última vez. Queríamos quedar marcados en la piel y el alma del otro hasta que pudiéramos estar juntos. Ese día Sam me regaló un dije de corazón y llave. La llave abría el corazón, yo me quedé con la llave y él con el corazón. … Llegó el día al que tanto temíamos, las despedidas no eran bonitas, menos cuando se trata de la persona que amas. Les ayudamos a empacar, el ambiente estaba tan cargado de silencio, tristeza y dolor. Fue demasiado difícil el último abrazo, el último beso, las últimas promesas de amor. Ver como una parte de ti se va con alguien, sentir un hueco enorme ahí en ese lugar donde debería haber un corazón. El último recuerdo que me quedó de él fue unos ojos negros llenos de lágrimas y una expresión de tristeza tan grande capaz de opacar el sol más radiante. Con él se fue una parte de mí. Lloré todo el trayecto de regreso a casa, mis padres me decían; Kat ya se te va a pasar, luego llegarán otros chicos, o cuando menos lo esperes él volverá. Lo que el destino tiene predestinado para uno así será. Sam prometió comunicarse conmigo apenas estuvieran instalados. Lloré toda la noche, todos los días, era demasiado difícil acostumbrarse a su ausencia, todos los recuerdos que tenía eran con él, era la primera vez que nos teníamos que separar, así que yo sentía que hasta respirar era difícil. Después de quince días de agonía recibí la primera llamada de él. Ese día el corazón me recorrió todas las partes del cuerpo. —Kat, es maravilloso poder escucharte —escuché a través de la línea. —Te he echado tanto de menos, la vida sin ti no tiene sentido —susurré con un nudo en la garganta. —También te extraño. Estos días han sido una eternidad. —¿Cómo va todo? Me contó que no se había podido comunicar porque no habían encontrado un lugar fijo, estaban en lugares de paso, por esa razón no podía darme una dirección o un número para contactarlo, pero prometió buscar una manera de comunicarse conmigo. —Hasta pronto mi luna —se despidió con un nudo en la garganta —, te amo y te tengo presente cada segundo de mi vida. —Te amo mi sol —hice una pausa para no llorar—, te esperaré el tiempo que sea. Éramos como el Sol y la Luna; eran dos enamorados, su amor no tenía límites pues era en esencia puro. Aunque no podían verse ni estar juntos su amor prevaleció para siempre. Al escuchar su voz fue como un pequeño oasis en medio del desierto. 6 meses después… Como lo había prometido cada que podía me llamaba o me enviaba cartas, las cosas para ellos estaban difíciles por el tratamiento de su mamá. Un día todo cambió, el destino tenía otra sorpresa preparada. Ese día papá reunió a toda la familia en la mesa, nos informó que nos íbamos a mudar a Nueva Jersey por motivos de trabajo. Nos íbamos el fin de semana, para mí fue un golpe durísimo, no tenía forma de comunicarme con Sam para contarle que me iba a mudar, no tenía manera de decirle que esa ya no sería mi casa, ni mi número de teléfono. Me enojé, lloré, grité, hice tremendo drama, me negaba a esa posibilidad. Pero a la larga yo no podía hacer absolutamente nada, solo pedirle a Dios que él se comunicara antes del fin de semana. Esperé, pero no pasó. Nos mudamos y no pude avisarle nada, lo iba a perder para siempre, fueron unos cambios muy drásticos para mi vida. Graduarme sola, cambiarme de ciudad, todo quedó atrás incluyendo al amor de mi vida. Si él me enviaba cartas nunca llegarían a mí. Me enfadé con mis padres, entré en una depresión terrible, dejé de comer, no quería salir, lo único que hacía era llorar, hasta que todo eso me pasó factura y terminé en el hospital un mes entero. Mis padres empezaron a preocuparse, ellos pensaban que lo que yo sentía por él era solo capricho, pero se dieron cuenta que era real, así que tomaron la decisión de buscar ayuda psicológica. 6 meses después. Ya se había cumplido un año sin saber nada de él, en ese año me aislé de todo, no socializaba con nadie, no quería salir, no busqué una universidad, solo me la pasaba encerrada en casa y en las benditas charlas con el psicólogo. Mi amor por él seguía intacto, me negaba a soltarlo. Continuará…
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