Salí del baño cuando pensé que ya estaba lo suficientemente tranquila, como para poder enfrentarme a la gente que solía venir a aquí.
Para cuando llegué a la mesa, el invitado había llegado. Era de tes morena, y aunque bajito, de hombros anchos y una sonrisa de esas que sabía que derretía a muchas chicas en su juventud.
—Entonces tu eres Victoria...—Sonrió mirándome tiernamente.
—La misma.— Solté con la misma sonrisa, y tendiendo su mano.
—Tu madre me ha hablado muchísimo de ti. Eres muy bonita.
—Gracias. —Le dije a la vez tímida. Tratando de fingir que no había estado por llorar hace apenas unos minutos.
—Yo soy Sebastián, o Sebas como me dice tu madre, puedes llamarme de las dos formas.
—¿Eran amigos de pequeños?
Ambos se miraron risueños.
—Como hermanos, ¿Verdad Karol?
—Así es. ¿Te acuerdas? Cuando teníamos la edad de Victoria y no hallábamos que hacer con nuestras vidas.
—Como no acordarme.
De pronto una nueva persona apareció en el lugar, interrumpiendo de alguna forma la conversación que existía.
Era Santiago.
Este hombre quería joderme la paciencia cada que se le venía en gana.
—Buenas tardes, ¿Van a pedir algo más, a parte de las bebidas?
No quise ni mirarle cuando dijo aquello. Temía que si le mirase alguien pudiera notar la molestia, que salía de mis poros.
—Santiago, ¿Cómo te va en tu nuevo trabajo? —Inquirió mi padre sonriente.
Ahí sí le miré expectante. Cómo que mi padre sabía lo que estaba pasando y yo no.
—Señor Leonardo muy bien, muchas gracias por esta oportunidad. Llevaba tiempo buscando algo que valiera la pena.
—No hay de qué muchacho, sabes que en mi casa estamos a la orden. Cuando no estoy yo, está mi esposa y cuando no Victoria, aunque sea un poco enojona, es buena muchacha también.
Rodé los ojos y me reí porque no podía evitarlo. No podía ser que mi padre estuviera diciendo esas cosas frente a la persona que acababa de conocer. Que verguenza.
—No hay de que avergonzarse mi vida, todos te queremos así. —Siguió mi padre con el jueguito, y mi madre le dió un golpe suave en el brazo.
—Déjala ya. —Soltó mi madre con una sonrisa, defendiéndome.
—Te estas metiendo con la persona equivocada —Entrecerré los ojos de forma jueguetona.
—De eso no cabe dudas. —Continuó Santiago. Y por más que quise reírme solo me salió una mueca, todavía estaba algo molesta con él. Aunque ya sabía por donde venían las cosas. O bueno algo de ello.
—Santiago pediremos carne... ¿Cierto? —Soltó mi padre en busca de aprobación.
Mi madre asintió.
—Yo pediré pollo mejor. No soy amante de la carne. —Comentó Sebastián.
—¿Y tú Vick? —La voz de Santiago, junto con el apodo me provocó un hormigueo en el estómago. Un hormigueo que conocía perfectamente.
Todos estaban mirándonos.
—¿Vick? —Inquirió mi madre.
—Sí disculpe. No debí llamarla así con tan poca confi..
—Es bonito. —Le interrumpió mi madre pensando. —Vick.—Volvió a repetir.
—Lo vi en la TV. —Se excusó. Pero mentía.
El apodo había surgido cuando nos estábamos conociendo, él me molestaba llamándome "Vicky" hasta que un día le enfrenté y le dije que no me gustaba ese apodo, que dejara de llamarme así o le dejaría de hablar. Ahí fue que inventó o que surgió el Vick.
Pero obviamente él no le diría aquello. Era uno de los muchos secretos, que guardábamos para estar juntos.
Mi madre sólo asintió.
—Pollo también. Gracias.
El asintió. —Perfecto, en unos minutos estará lista su orden.
No dejó de mirarme cuando lo decía, y yo estaba que me moría por dentro.Sabía muy bien como descontrolarme en segundos.
Al llegar a casa, le dije a Jess que iría a la fiesta. Con lo sucedido entre Santiago y yo, necesitaba un respiro, un aire diferente, y estar sentada en las cuatro paredes de mi habitación, no ayudaba en lo absoluto.
Horas más tarde...
— No creo estar segura de esto Jess ¿Y si la cago como siempre? No quiero dañarte la noche, has hablado de esta fiesta desde hace semanas.
—¿Puedes dejar el drama? No es como si fuera para tanto...Además si la cagas, la cago más detrás yo.
Jess se había ofrecido a ayudarme a vestirme, y a alistarme para la "Gran Fiesta"...Porque mis intentos para arreglarme siempre terminaban en unos Jens simples o rasgados y la primera camisa que encontraba.
—¿Y qué hay de la gente?
—¿De verdad te vas poner a pensar en la gente Victoria? —Y al decirme esto, me jaló un poco más la liga del cabello.
—Au.
—Bueno. Entonces cálmate, que me estas poniendo nerviosa.
—¿Tú nerviosa? —Me eché a reír.
Jess era una de las personas más sociables que conocía, le encantaba estar con la gente, amaba las fiestas. siempre la buscaban para todo, y llamaba la atención de alguna manera u otra. Así que la palabra "nervios" en Jess solía ser la más rara y espeluznante de todas.
—A ver, ahora sí me estoy preocupando...¿Te sientes mal amiga? —Continué vacilante.—Tocandole la frente, comprobando un falso quebranto.
—¡Deja la estupidez! Hablo en serio. — Miró hacia un lado desorientada. —Quiero que Cristian se fije en mi...¿Tan difícil puede ser eso?
—Jess ya te hablé de eso, deja la bobada.
—¿Cuál bobada? Es que claro que no lo entiendes. Es difícil para mi.
—Para ti nada es difícil Jess...—Insistí— Dios mío tienes a todos los hombres detrás de ti, ¿Qué más quieres?
—Pasa que los tengo a todos pero no a él y ahí el problema.
—Estas aferrada Jess, eso no es sano. —La tomé de los brazos y la obligué de esta forma a que me mirara. —Si él no se fija en ti no debería de importarte, hay muchos hombres que desearían estar en su lugar. —Sus ojos empezaron a cristalizarse. —Si él no ve lo linda que eres no importa, ¿Me entiendes? Desechalo. ¿Que pasó con la bandida de hace unos días?
Se secó la lágrima que empezaba a aparecer en su mejilla. —¿Cómo así?
—Tienes que ser más odiosa, más orgullosa, demuéstrale que no te importa y verás cómo te seguirá como un estúpido. Si ni siquiera eso funciona, mándalo a la mierda nena.
Ella se echó a reír y otras dos lagrimas vinieron con ella.
—Gracias.—Soltó abrazándome.
—Sabes que no es nada. —Le dije tras besar la cima de su cabeza. — Eres una tontita.
Se separó y siguió sonriendo—De hecho sí.
—Ahora sígueme ayudando a acomodarme, que soy malísima para esto.
—Desde que te conozco Victoria, tienes que tratar aveces de ser un poco más femenina.
—Iug —Solté de forma sarcástica. —No mi cielo, me basta con que me venga el periodo cada mes, para decir que soy mujer.
. —Ella negó con la cabeza mientras me seguía arreglando el pelo. —¿Sabes que deberíamos hacer?
Le miré esperando una respuesta.
—Invitar a Ojitos.
—¿Y tu sigues con lo mismo? Me gustan las mujeres j***r. — Solté para que se riera y logré mi cometido.
—¿No te gusto yo por casualidad? — Movió las cejas de forma divertida.
—Un amor prohibido, pero sí. —Toqué mi mejilla, como si estuviera secando una lágrima.
—No, de verdad— Me giró en la silla para que la viera. —Tal vez sería divertido. Se ve de esos malotes que conocen a todo mundo.
—¿Divertido? No quiero tener nada que ver con ese hombre.
—¿Y con Santiago?
—¿Dije con ese? Con ningún hombre.
—Jess volvió a reír. —¿Entonces noche de chicas? —La emoción en sus ojos me hizo alegrarme de la decisión que había tomado.
—Obviamente.