Entré a casa y subí a la habitación de Kate. Tenía que disculparme con ella por haber sido una grosera. Toqué la puerta y entré. Ella sonrió. -Pero mi amor. Si nunca tocas la puerta. -Lo sé, quería pedirte perdón, por cómo te hablé. Sé que siempre haces lo mejor por mí. –Dije acercándome a ella y abrazándola. Ella asintió y me lleno de besos. -No pasa nada mi amor, ¿duermes con mamá hoy? -Claro que sí. -Respondí sonriente. -Me malcrías mucho -Dije negando. -Eres mi bebé, siempre te voy a malcriar. – Como te fue con Ignacio? -Preguntó después de un rato. -Bien, lo vamos a intentar. Pero esta vez despacio. -Me alegro mucho mi amor. -Dijo ella besando mi frente. Los días siguientes Ignacio pasaba por mí a la hora del almuerzo, veíamos a los perritos y pasaba a verme a casa de Kat

