—¡No!, ¡lo siento! —se disculpó asustada por los impulsos repentinos que había tenido. —¡Yo no!, ¡Irene, aún estás a tiempo de suspender la boda! —le rogó Rubén acercándose a ella. —No puedo hacer eso, ¡quiero casarme con Diego! —dicha la última palabra, salió corriendo, huyendo de la incertidumbre, de todo aquello que llevaba tiempo atormentándola. Cogió su bolso y se marchó antes de acabar su jornada laboral, no podía estar ahí, necesitaba pensar profundamente en todo, evaluar pros y contras, amaba a Diego, eso lo tenía claro, pero lo que sentía por Rubén también pesaba. Caminó hasta el cansancio y sin un rumbo fijo, todo era un ovillo enredado, queriendo relajarse, se puso los auriculares con su música favorita, ésta no ayudó, más bien todo lo contrario, cada canción parecía hablar

