Irene no pensó que eso podría ocurrir, no tan pronto al menos, se había dejado llevar por lo agusto que estaba con él, por lo que de verdad sentía, ¿lo quería?, sí, lo quería muchísimo, y había llegado el momento de tomar una decisión. Diego permanecía arrodillado, un tanto incómodo y asustado por su silencio, pero hasta que no hubiese una respuesta, él no se iba a levantar. —Sí —respondió finalmente Irene. Verlo así, con esa carita tan dulce, le hizo imposible responder cualquier otra cosa, si hubiese dicho que no, la humillación lo hubiera destrozado. Diego le colocó el anillo en el dedo, le iba como un guante, suerte que llevaba tiempo quedándose en su piso y había podido tomar la medida con uno de sus anillos. A Irene le calló alguna lágrima, realmente era algo emocionante, cuando

