Los invitados empezaban a llegar, todo estaba preparado y la hora había llegado. Alina aguardaba en el área donde se llevaría a cabo la ceremonia, recibiendo a los invitados, cosa que se suponía debía hacer Geovanni, mientras Alina acompañara a su hermana en los últimos detalles de su peinado y maquillaje. Geovanni no había llegado y, con los minutos que pasaban, dudaba que se presentara.
Todo el lugar estaba decorado con rosas blancas y magnolias. Las decoraciones eran en blanco y dorado; las mesas estaban adornadas con finos manteles de color blanco y la cristalería era dorada. Definitivamente, todo había quedado precioso. El novio ya estaba allí, solo que no estaba donde se llevaría a cabo la ceremonia. Gianni estaba en el jardín, luciendo un traje de novio n***o con una camisa blanca por debajo del saco y una corbata en su bolsillo. Llevaba una flor acorde con el ramo que llevaría la novia entre sus manos. Estaba ansioso, por lo que decidió salir al jardín a fumar un cigarro.
Angelina y Alessandro llegarían en cualquier momento junto al pequeño Aiden, que tenía apenas dos meses de nacido en ese momento.
Mientras Gianni se fumaba el cigarro, miles de pensamientos cruzaban por su mente. Había llegado la hora; la conversación que había tenido en horas de la mañana con su hermana aún rondaba su mente, al igual que las palabras de Alessandro. Es verdad que la quería, nunca dejó de hacerlo, aún cuando la creyó muerta, pero ¿cómo olvidaba todo lo que ella hizo? Era imposible; eso no pasaría. La haría pagar, estaba seguro de que se arrepentiría más de no hacerlo. no iba a retroceder
Miró por las ventanas que daban al segundo piso, imaginando que lo de ellos nunca hubiera funcionado, no de la manera en que empezó.
Negó al recordar todo lo que se cuestionó después de haberla follado esa madrugada, debido a su edad y a que era la mejor amiga de su hermana. Al mismo tiempo que disfrutaba al recordar cada detalle de cómo se la había cogido esa noche, había tenido una lucha interna en los primeros días de haberla desvirgado, sin saber que la muy maldita era una serpiente venenosa que solo esperaba el momento indicado para encajar sus colmillos en él y soltar su veneno. No había forma de que no la hiciera pagar. Justo cuando se iba al área donde se llevaría a cabo la ceremonia, miró hacia una de las ventanas, encontrándose con la mirada de Julia. Llevaba el pelo recogido y los labios pintados de rojo carmesí, y un sutil pero sencillo maquillaje. No llevaba el vestido de novia aún; su cuerpo estaba cubierto por una bata de seda en color blanco.
Se mantuvieron la mirada unos segundos, pero el sonido de la puerta siendo tocada llamó la atención de Julia, quien apartó la mirada de Gianni para dirigirla hacia la puerta, indicando que podían pasar. Volvió a dirigir su mirada hacia el jardín, notando que él ya no estaba. Tragó saliva, pensando en esa mirada que siempre le daba, esa mirada que le apuñalaba el corazón como recordatorio de que esos ojos hermosos, que ahora le miraban con tanto desdén, alguna vez le vieron con tanto amor que no era necesario expresarlo con palabras. Había cometido un error; lo había lastimado en busca de una venganza que no hizo más que consumirla y terminar quitándole todo. Había perdido el amor del hombre al que amaba y había perdido la oportunidad de crear su propia familia con él; había perdido a su bebé. Y ahora vivía con las consecuencias de sus actos. Se casaban pero no por las razones por las que hablaban siempre. Ahora él tenía otros motivos para hacerla su mujer, unos muy diferentes a los que alguna vez expresó.
Sus ojos se cristalizaron y las primeras lágrimas recorrieron sus mejillas.
—¿Estás bien? —le preguntó Neylan, quien acababa de entrar a la habitación, y Julia negó. No lo estaba.
Neylan se acercó hacia ella, siendo la primera vez que la veía admitir que no estaba bien. Iba a arruinar su maquillaje, pero eso parecía no importarle. No aguantó y estalló en llanto; se quebró allí mientras Neylan la envolvía en un abrazo. No tenía que preguntar por qué lloraba; entendía su nostalgia. Le había tomado afecto; Julia era una gran persona, alguien que aparentaba ser más fuerte de lo que realmente era, alguien que le costaba desmontar sus debilidades y sentimientos, pero que era tan frágil como cualquiera. Había cometido errores que le costaron mucho.
—Aún estás a tiempo de parar esto —Julia no dijo nada, siguió llorando—. Mírame, Julia —le pidió Neylan, haciéndola levantar el rostro—. Será más difícil cuando estén casados —le recalcó, mirándole a los ojos—. Él está lleno de resentimientos y créeme que no será fácil para ti.
Julia negó; no había forma de cancelar ese matrimonio. Debía llevarse a cabo por obvias razones entre su hermano y Gianni. No había otra forma de solucionarlo y ella no quería otra.
—Él no me hará nada que yo no merezca, Neylan. Me merezco el infierno que sé que tiene planeado para mí.
—No es así —escucharon una voz expresar desde la puerta. Angelina acababa de hacer acto de presencia, llevaba un hermoso vestido de cóctel de color amarillo y su abundante y rizado pelo suelto en su totalidad—. Conozco a Gianni y te puedo asegurar que vas a sufrir, Julia, más de lo que lo estás haciendo ahora. No mereces esto. Te equivocaste, es cierto, pero ya has pagado bastante y la culpa que cargas es tu mayor penitencia. Ya basta, no mereces esto. Acaba con esto ahora.
Julia se apartó de Neylan y limpió sus lágrimas con el dorso de sus manos.
—No puedo hacerlo, tú sabes la razón. Sería mil veces peor para mí ver a Gianni y a mi hermano en una lucha de poder. No soportaría verlos matarse entre ellos cuando yo puedo evitarlo. No pidas que pare esto porque no lo haré.
Angelina se compadeció de ella, recordando las palabras de Gianni en la mañana. Entendía la situación, así que asintió. Le dedicó una sonrisa y le señaló el tocador. Debían arreglar su maquillaje, el cual se había corrido un poco.
Julia se sentó y Neylan y Angelina empezaron a retocar su maquillaje.
—No importa lo que haya pasado, el pasado y los errores que cometiste, debes prometer que si las cosas se ponen feas, vas a desistir. No permitas que Gianni sobrepase los límites. Sin importar lo que pase, prométeme que me llamarás si lo necesitas —Julia pareció pensarlo y luego asintió.
Debía empezar a vestirse; Geovanni debía ir por ella para entregársela a Gianni en el altar.
—¿Has visto a mi hermano? —preguntó Julia a Neylan, y esta negó apenada, sabiendo que era muy posible que Geovanni no se presentara.