[CAPITULO 6]

1244 Words
La boda estaba a nada de llevarse a cabo. Los nervios de Julia aumentaban al ver que Geovanni no había llegado. Sabía que estaba enojado con ella y que se negaba rotundamente a esa boda, pero era su hermano y lo necesitaba. Quería verlo allí a su lado, llevándola de la mano y haciéndola sentir segura. Estaba a nada de dañar su maquillaje nuevamente con nuevas lágrimas. Tragó saliva mientras Angelina le miraba con pena y le sonreía para tranquilizarla. Se sentía abrumada. Geovanni no aparecía y la boda con la que había soñado toda su vida se llevaría a cabo, pero por razones muy diferentes a las que dictaba su corazón. Necesitaba a su hermano y, recordando sus palabras del día anterior, derramó la primera lágrima. No estaría allí. Estaba casi segura. Ya debía bajar; Neylan se había marchado y Angelina se quedó con ella. Caminaría sola hasta el altar. Lo necesitaba, necesitaba a Geovanni a su lado. ... - Eres un inconsciente - decía Neylan - tu hermana está allí arriba esperando por ti. Geovanni le miró enojado. "Inconsciente" había dicho. No sabía una mierda de cómo se sentía. Él tenía que ver a su hermana caminar al altar y entregársela a un hombre que solo esperaba por ese momento para hacer de la vida de ella un puto infierno. Y ella le llamaba inconsciente. - Lo que menos quiero ahora es hacerte daño - le dijo con seriedad. - Te juro que si no te vas de aquí, mis palabras pueden lastimarte. - La había tuteado; no le había hablado de usted. Solo lo hacía cuando estaba muy enojado. - Anda, desquítese conmigo si eso lo hace sentir mejor. - Geovanni se puso de pie, sintiendo que su paciencia estaba al límite. Iba a gritarle, se descargaría con ella, pero al acercarse más a ella y mirarle a los ojos, mientras ella esperaba sus duras palabras, su enojo bajó con su cercanía. Esos ojos tiernos que tenía no le permitieron ser grosero con ella. - No puedo - le dijo, dándose por vencido. - ¿No puede gritarme o no puede entregar a su hermana al altar? Geovanni iba a apartarse de ella, pero el agarre de Neylan se lo impidió. No lo dejaría marcharse. - Respóndame - le pidió, sujetando su muñeca para luego acercarse más a él, mirándolo a esos intensos ojos verdes que le encantaban. El hombre respiró profundo y, al ver súplica en la mirada de la chica, le miró calmadamente. Unos segundos después, levantó su mano, dejándose envolver por el momento, y le acarició el cabello, haciendo que ella cerrara los ojos. - Ambas - le respondió. - No puedo gritarle a usted y tampoco puedo entregar a mi hermana al infierno que le espera. - Está viviendo un infierno justo ahora - le respondió, abriendo los ojos y conectando su mirada con la suya. Le gustaba mucho ese hombre, le gustaba mucho. - Todo esto lo hace para evitar ver a los dos hombres que ama matarse. Puedo entenderla. - No se lo he pedido - neylan negó y él apartó su toque de ella. - No necesita que se lo pida. Yo, en su lugar, haría lo mismo. - Pues eres tan estúpido como ella - soltó, enojado. - Y usted, un malagradecido - Geovanni puso cara de ofendido. - ¿Perdón? - no podía creer el tono con el que le habló. - Lo que escucho es un malagradecido. No puede evitar esto, pero puede estar ahí para ella. Lo necesita. Y usted simplemente le está dando la espalda. - el iba a interrumpirle pero ella no se lo permitio iba a hablar y el tenía que escucharla - Es un cobarde. Su hermana es mil veces más valiente que usted. Lo único que necesita es su apoyo y usted solo está pensando en lo que siente. Pero, ¿qué es lo que siente ella? Usted lo sabe. - Otra vez le impidió contestar. - No lo sabe porque es un egoísta. No vaya si no quiere y termine rompiendo aún más el corazón de su hermana. Ya no me importa lo que haga. Mierda, ¿por qué tenía que ser así? No le importaba decirle lo que pensaba en su cara. Le hablaba con mordacidad, pero a la vez con un tono respetuoso. La chica le volvía loco. Estaba en una lucha interna por ella. En parte, tenía razón en sus palabras; no le pidió a su hermana tal sacrificio, pero de ser una situación diferente, él haría lo que fuera por ella para mantenerla a salvo. Tal vez sí estaba siendo egoísta. Miró a Neylan marcharse enojada. Tardo unos segundos en analizar qué era lo que tenía que hacer. Ya había hablado con Gianni la noche anterior y sabía que no había vuelta atrás con esa maldita boda. Iban a casarse; habían tomado su decisión, tanto Gianni como Julia eran tercos. Le dolía que su hermana se pusiera en esa situación, pero entendía que, más allá de sus sentimientos, lo hacía por el bien de todos. No había otra manera y, por más que le molestara y le doliera, sabía que era una realidad. Pero el costo era muy alto; la felicidad de su hermana estaba en juego. Apenas se estaba recuperando; no podía bajar las escaleras sola aún y sus terapias no habían terminado. Físicamente, aún estaba débil y eso le preocupaba. No sabía hasta dónde era capaz de llegar Gianni con ella y esperaba, por su bien y el de todos, que no sobrepasara los límites, porque de ser así, el sacrificio que estaba haciendo su hermana sería en vano. No soportaría ver a Julia sufrir por las manos de Gianni. (....) Era un hecho que no se presentaría; llevaba algunos minutos de retraso y ya debía bajar. —Vamos, Julia, él no vendrá. Vas a arruinar tu maquillaje. Tú no eres así, no sueles llorar con tanta facilidad. Si te has arrepentido, puedo bajar y... —No —dijo Julia, negando. Alina estaba a su lado, dispuesta a caminar hacia el altar con ella. Gianni ya estaba allí, esperando por ella. —Lo haré, vamos. Alina asintió, ayudando a Julia a bajar las escaleras. El evento se llevaría a cabo en el gran salón contiguo. Julia respiró profundo cuando bajó el último escalón; todos esperaban allí. Sintió cómo Alina soltaba su mano y unas manos más gruesas y masculinas sostenían las suyas. Miró a su lado, encontrándose con la mirada de su hermano. Soltó un sollozo entre lágrimas. —No llores, estás muy hermosa. Siento haberme tardado tanto. Ella asintió, sonriendo y limpiando sus lágrimas. —Gracias —Geovanni negó; no tenía que agradecer. —Debes prometerme algo —dijo, poniéndose de frente a ella—. No quiero que, por sentir que mereces lo que él te haga, te dejes humillar. Eres una Greco, ¿lo entiendes? —Ella asintió—. Nadie tiene el derecho de maltratarte o humillarte. Quiero que lo tengas claro: hay límites, y en el momento que sientas que él los sobrepasa, vuelves aquí, a tu casa. —Ella volvió a asentir—. Si me entero de que él sobrepasó cualquier límite, iré por ti, pero antes de sacarte de esa casa, voy a matarlo, Julia. Entonces, nada de lo que hagas valdrá la pena. Quiero que eso te quede claro. Julia tragó saliva; conocía a Geovanni, como también a Gianni.
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