Gianni se estaba impacientando; ya debía estar allí. Quería terminar con todo eso. Tenía una mezcla de sensaciones que le molestaban; no podía dejar de pensar en lo diferente que había sido todo con Julia, quien resultó no solo ser una Greco, sino también una vil infiltrada que buscaba saciar su sed de venganza.
Se había enamorado perdidamente de Sofía, esa chica de ojitos traviesos y mirada coqueta. Sufrió y lloró en silencio cuando creyó que estaba muerta. Tardó años buscandola mientras esa desgraciada hacía su vida, sabrá Dios dónde, mientras Angelina también sufría y se culpaba por el destino de sus amigas, pensando que todo había sido su culpa.
Julia iba a pagar por todo eso; no había forma de que no lo hiciera.
La música nupcial lo sacó de sus pensamientos. Dirigió su mirada al frente, encontrándose con esos ojos color café. La miraba justo cuando ella caminaba despacio hacia el, con la mano agarrada del hombro de su hermano.
Estaba preciosa; fue imposible que Gianni no sintiera como si el tiempo se paralizara solo para ellos dos. Hablaban con la mirada, gritándose cuánto dolía que todo fuera de esa manera, cuando tiempo atrás lo pensaron tan distinto, entre besos y risas. Ahora no había nada de eso.
Una promesa de venganza los envolvía, junto al dilema de sentimientos que eran opacados por la ira y el rencor.
Geovanni sentía cómo su hermana se aferraba de su brazo, mientras su mirada no se apartaba de Gianni, quien la miraba con una intensidad abrumadora.
Miradas que hablaban más que mil palabras y que demostraban los sentimientos que dominaban a ambos; una rotunda locura para Angelina, quien, sentada desde la primera fila, veía de Gianni a Julia y de Julia a Gianni, mientras la preocupación y la expectación reinaban en ella. ¿Qué pasaría de ahí en más? Le carcomía por dentro solo imaginar de lo que era capaz su hermano. Todo eso era una locura.
Geovanni llegó al lado de Gianni, entregándole a Julia, pero antes de que Gianni pudiera sostener la mano de Julia, Geovanni lo impidió.
—Hemos tenido una charla anoche, Gianni —Julia con un poco de exasperación al ver el gesto de Geovanni, que no pasó desapercibido para todos. El gesto fue evidente, aunque las palabras solo eran para ellos tres. Pero por la tensión que había entre ellos, era evidente que algo pasaba.
Gianni asintió; habían tenido una charla, una que Gianni supuso había dejado todo claro. Pero Geovanni no se sintió satisfecho; no lo haría.
—Hay límites que espero, por el bien de todos, tú no sobrepases. Antes de cometer un error, piensa en la hermana que ambos compartimos y en cómo te gustaría que fuera tratada. Tú y yo compartimos sangre y te aprecio por ese hecho, pero espero que no me pongas en una situación en la que yo tenga que elegir. Esto es para siempre —dijo, refiriéndose al matrimonio siendo consciente de que una vez Julia cambiara el Greco por el Rossi, sería hasta la muerte de uno de los dos—. Pero siempre puedo buscar una manera de que no lo sea —completó.
—¡Geovanni! —interfirió Julia, al mismo tiempo que el juez tragaba saliva al escuchar la clara amenaza.
El ambiente se tornó incómodo; era evidente que algo no tan bueno estaba pasando al frente, y los vellos de todos se pusieron de punta al ver la mirada de los hermanos.
—Creo haberte dejado mi posición clara anoche, y tus amenazas no me harán cambiar de opinión. Pasará lo que tenga que pasar, y ella no viene a mí engañada. Todos recibiremos el trato que merecemos; eso siempre lo he dejado claro —lo dijo en voz baja, en un tono amenazante y mirando a Geovanni con mordacidad. No iba a mentir ahora por hacer sentir a Geovanni bien; siempre fue de dejar las cosas claras, y ese día no sería la excepción.
La tensión se sentía. Angelina estuvo a punto de ponerse de pie para tratar de animar las asperezas que estaban siendo más que evidentes entre ellos. Alessandro no se lo permitió. Angelina lo miró y él negó con la cabeza. No iban a intervenir si las cosas se salían de control; además, la petición de Gianni a Alessandro fue clara: "No te involucres".
Todos estaban expectantes ante lo que estaba pasando.
Neylan tenía los nervios de punta; los conocía a ambos. Geovanni podía ser muy calmado y pasivo en ciertos momentos, pero no era una mansa paloma. Se estaba conteniendo mucho ante esa boda y esperaba, por el bien de todos, que siguiera siendo así.
No, eso no debía de pasar. Julia sostuvo la mano de Geobanni al ver que no dijo nada; solo miraba a Gianni, mientras Gianni hacía lo mismo.
- Por favor, hermano, por favor - rogaba Julia a Geobanni en voz baja; era más como un susurro que solo podían escuchar ellos tres.
- ¿Lo has escuchado, no? - dijo, refiriéndose a Julia. - Ambos sabemos el trato que él cree que te mereces. Yo te entiendo, Julia, entiendo lo que estás haciendo, pero ¿por qué tú no puedes entenderme a mí? - preguntó en dirección a su hermana, quien negó con los ojos cristalizados. - No te has casado aún y ya estás llorando. - Gianni escuchaba en silencio, sin apartar la mirada de Geobanni.
- Ya hemos hablado de esto, Gio, por favor. Te he hecho una promesa que pienso cumplir, por favor - le pidió, tratando de convencerlo.
El juez era el único fuera de ellos tres que escuchaba aquella tensa conversación y se estaba debatiendo en si debía quedarse allí parado frente a dos hombres que parecían a punto de matarse entre ellos o marcharse antes de que ocurriera una desgracia. La situación, sin duda, era tensa.
- Te dije que la única forma en que esto no se llevará a cabo te di la opción de dispararme con esa arma con la que me apuntaste - Julia se vio sorprendida ante las palabras de Gianni. - Nos estás haciendo perder el tiempo; debes tomar una decisión. Para mí, cualquiera de las dos está bien - se estaba conteniendo de sacar su arma y apuntar a su hermano. Había sangre de por medio y una promesa.
- No me provoques, Gianni - pidió Greco, acercándose peligrosamente a él y haciendo que Julia lo sostuviera más fuerte, evitando que se acerque más a él.
- Voy a estar bien, lo prometo - le dijo Julia en un momento de desesperación. - Es tu hermano.
- Y tú también, Julia - le recalcó. - Tú también.
Ella asintió varias veces en dirección a Geobanni, quien se sentía entre la espada y la pared. No quería esa boda, no quería a Julia cerca de Gianni.
- Geobanni, no puedo estar tanto tiempo de pie, por favor, hermano, confía en mí.
Gianni miró los pies de Julia, los cuales estaban cubiertos por el largo vestido. Geobanni asintió.
Sentía un nudo en la garganta; quería evitar que se casaran, pero ¿cómo? ¿matando a su hermano? Era frustrante la situación entre ellos. Se debatía en qué era lo que tenía que hacer: ¿dejar que todo suceda y ver a su hermana sufrir? Miró hacia arriba en un momento de desesperación, mordió su mejilla interna levemente y apretó sus manos en puños. Luego dirigió su mirada hacia Angelina y luego hacia Alina, quien estaba igual de nerviosa.
- Te he advertido muchas veces lo mismo, pero juro por la memoria de mi madre y nuestro padre que si sobrepasas los límites, nada de esto valdrá la pena y papá tendrá que perdonarme en donde sea que se encuentre, porque voy a ser yo quien rompa nuestra promesa, aunque tenga que vivir con eso en mi conciencia para siempre.
- Confío en que te sabrás cuidar en Florencia - dijo, volteando hacia su hermana. - No pienses ni por un segundo que estás sola en todo esto. Estaré pendiente de ti en todo momento. Julia, recuerda lo que te dije y la promesa que me hiciste. - Ella asintió, mirando los ojos cristalizados de su hermano, lo cual la conmovió mucho. Geobanni se acercó a ella y limpió sus lágrimas; le dolía, le dolía muchísimo entregarla en esas circunstancias. Le dolía no tener otra salida y se sentía impotente ante la situación. Ambos eran sus hermanos. Envolvió a Julia en un fuerte abrazo y le susurró: - Perdón por no quedarme. Le prometí a nuestro padre que te protegería a ti y a Alina y las entregaría al altar. He cumplido al menos con una. - Dijo "nuestro padre" porque consideraba al padre de Julia y Alina como su padre también, pues lo había criado y dado su apellido, aun cuando no llevaba su sangre.
Julia asintió, derramando nuevas lágrimas. Era mucho pedirle que se quedara cuando en su mirada podía verse el esfuerzo sobrehumano que estaba haciendo al permitir que se llevara a cabo esa boda y al entregar a su hermana a lo que él denominaba como la puerta del infierno.
Todos vieron cómo Geobanni caminaba hacia la salida. Muchos volvieron a respirar con normalidad al ver que había abandonado el altar, pero estaban confundidos. Era una alianza formidable la que estaban llevando a cabo, y pensaban que Greco saltaba en un pie de alegría. Sin embargo, la circunstancia demostraba que era todo lo contrario, lo que llevó a muchos de los presentes, que no sabían lo que en realidad había detrás de aquel matrimonio, a pensar cuál era la verdadera razón de esa boda.
Nadie tenía conocimiento de que sangre Rossi circulaba por las venas de Greco y que estaban asegurando con ese matrimonio unirse en una alianza que garantizaba unir ambos apellidos sin necesidad de una disputa de poder y sucesión entre un hijo legítimo y uno ilegítimo.