El romance deseado

1195 Words
El romance deseado El aroma a especias y vino tinto llenaba el departamento de Victoria, pero no era la comida lo que realmente hacía que el ambiente estuviera cargado de intensidad. Era él. Liam Cárter. Su sola presencia lo llenaba todo, su mirada encendía cada fibra de su ser, y la manera en que la observaba mientras revolvía la salsa en la sartén la hacía sentirse vulnerable y poderosa al mismo tiempo. —Me gusta este lugar —comentó Liam, dejando la cuchara de madera a un lado y girándose para mirarla—. Tiene tu esencia. Victoria se apoyó en la barra de la cocina con una copa de vino en la mano. No debía sentirse así, no con él. Pero su cuerpo y su mente parecían tener ideas diferentes. —¿Mi esencia? —preguntó con una media sonrisa. Liam se acercó con calma, sin apartar sus ojos de los de ella. —Ordenado, sofisticado... pero con un toque de caos —susurró al llegar a su lado, inclinándose apenas para atrapar un mechón de su cabello entre sus dedos—. Exactamente como tú. Su cercanía era peligrosa. Él lo sabía. Ella lo sabía. Pero ninguno hizo el más mínimo esfuerzo por alejarse. —Liam... —susurró Victoria, como si intentara advertirle. —Dime que pare y lo haré —desafió él, su voz grave y ronca. Victoria quiso decirlo. Quiso detener el torbellino de sensaciones que la arrastraba, pero cuando Liam llevó una de sus manos a su cintura y la atrajo hacia él, su capacidad de razonar desapareció. Sus labios se encontraron en un beso que comenzó con suavidad, pero que pronto se volvió intenso, urgente. Las manos de Liam se deslizaron por su espalda, atrayéndola más, mientras Victoria enredaba sus dedos en su cabello, profundizando el beso. Cuando la falta de aire los obligó a separarse, Liam apoyó su frente contra la de ella y sonrió de manera traviesa. —Creo que la cena se va a quemar —murmuró. Victoria rió, sintiendo el calor recorrerle todo el cuerpo. —Tendremos que conformarnos con el postre. Liam arqueó una ceja con picardía. —¿Y qué tenemos de postre? Ella mordió su labio inferior, deslizando sus manos por su pecho. —Eso depende de ti, Cárter. El fuego entre ellos era innegable. Pero Victoria, aunque lo deseaba más de lo que quería admitir, sabía que debía controlar la situación. No podía permitir que esto interfiriera con su plan, con su venganza, con su empresa. Con un suspiro profundo, se apartó ligeramente. —Esto tiene que ser un secreto —declaró con firmeza—. Nadie puede saberlo. Liam ladeó la cabeza, estudiándola con interés. —¿Por qué? —preguntó, aunque en el fondo sabía la respuesta. —Porque somos socios. Porque esto puede complicarlo todo —explicó ella, aunque sonaba más como una excusa que como una razón real. Liam esbozó una sonrisa lenta y peligrosa. —Entonces… ¿lo mantendremos en secreto? —susurró contra su oído, haciendo que un escalofrío recorriera su espalda. —Sí —confirmó Victoria con voz entrecortada. —Bien —murmuró Liam antes de besarla de nuevo, esta vez con una determinación que la hizo olvidar cualquier objeción que pudiera tener. Esa noche, el acuerdo que tenían como socios quedó relegado a un segundo plano. Ahora había otro tipo de pacto entre ellos. Uno que ninguno de los dos estaba seguro de poder romper. Las luces tenues de la cocina apenas iluminaban los rostros de Victoria y Liam. El aroma de la comida aún flotaba en el aire, pero ninguno de los dos prestaba atención a los platos servidos en la mesa. La tensión era palpable, cada mirada encendía un fuego silencioso entre ellos. —¿Sabes que esto es una locura, verdad? —susurró Victoria, con el corazón latiendo con fuerza en su pecho. Liam sonrió, esa sonrisa que hacía que su piel se erizara. Se inclinó ligeramente sobre la mesa, acercándose peligrosamente a ella. —¿Y desde cuándo las locuras te asustan? —respondió con voz grave y segura. Ella se mordió el labio inferior, intentando ignorar el escalofrío que le recorría la espalda. Él tenía razón. Su vida hasta ese instante había sido una serie de decisiones arriesgadas, impulsadas por su deseo de justicia y venganza. Pero esto era diferente. Esto era personal. —No deberíamos hacer esto, Liam. Somos socios. No podemos mezclar las cosas —dijo ella, más para convencerse a sí misma que a él. Y a la vez, ella lo hacía para mantener encendido el fuego del interés y la pasión en Liam. Liam deslizó su mano sobre la mesa hasta rozar la suya. Su piel ardía donde él la tocaba. —Dime que no lo deseas y me iré —susurró. Ella tragó saliva. Podría mentir. Podría alejarse y fingir que no pasaba nada entre ellos. Pero la verdad era evidente en cada latido acelerado de su corazón, en la forma en que su cuerpo ansiaba más de su cercanía. —No puedo —admitió en voz baja. Liam se levantó lentamente y rodeó la mesa, colocándose junto a ella. Victoria alzó la vista y encontró sus ojos fijos en los suyos, llenos de una intensidad abrasadora. Él levantó una mano y acarició su mejilla con ternura, su pulgar rozando la comisura de sus labios. —Entonces no digas nada más —murmuró antes de inclinarse y capturar sus labios en un beso profundo y lento. Victoria sintió que el mundo se desvanecía a su alrededor. Se aferró a su camisa, dejando que la calidez de su cuerpo la envolviera. Era peligroso, era prohibido… y era perfecto. Cuando se separaron, ella apoyó la frente contra la de él, respirando agitadamente. —Liam, tenemos que ser discretos. Nadie puede saberlo. Esto podría destruir todo lo que hemos construido en la empresa. Podría malinterpretarse. Él esbozó una sonrisa pícara. —Entonces tendremos que ser muy buenos en guardar secretos. Ella le devolvió la sonrisa, sintiendo un escalofrío de emoción recorrer su cuerpo. Estaba jugando con fuego… pero por primera vez en mucho tiempo, estaba dispuesta a arder. Hecho el pacto de guardar en secreto su romance, Liam.la levantó en sus brazos y sin quitar sus ojos de los de Victoria la llevó a la habitación. Sus pasos parecían haberse grabado el camino a la habitación de Victoria , una vez allí todo el lugar ardió, con el fuego de los deseos que había en los dos. Beso a beso el calor fue aumentando hasta convertir en Liam su ansiedad desesperada, en un deseo profundo de llenar con todo su ser a Victoria. Nunca había llegado a un clímax tan intenso con ninguna mujer. Esta era la segunda vez que le sucedía, y con la misma mujer, Victoria. Ella parecía tener un poder sobre él, un poder que ella ignoraba, y que a él le provocaba temor. Pero esa noche bajo las sábanas Liam se permitió bajar la guardia y vivir palmo a palmo lo que ella le hacía sentir, mientras la arrastraba con él a su mundo de deseo, pasión intensa y… quizá algo más.
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