Victoria despertó con la luz tenue del amanecer filtrándose por las cortinas de su habitación. El aroma a piel y deseo aún flotaba en el aire, y la calidez del cuerpo de Liam junto a ella la envolvía como un recordatorio innegable de lo que había sucedido entre los dos.
Se giró lentamente, encontrándose con su perfil dormido. Sus rasgos relajados, la sombra de su barba incipiente, el leve movimiento de su pecho al respirar… Parecía tan sereno, tan entregado a un descanso que seguramente pocas veces se permitía.
Victoria pensó que debía moverse, levantarse antes de que él despertara, antes de que la realidad los alcanzara. Pero su cuerpo se negó. Se quedó ahí, observándolo, sintiendo cómo una sensación peligrosa le hacía cosquillas en el pecho.
— No… Esto no me puede pasar. — No puedo permitirme sentirse así.
Desvió la mirada y se sentó al borde de la cama, cubriéndose con la sábana. Sus pensamientos eran un caos al igual que sus emociones.
Sabía que lo de anoche había sido algo increíble, quiza demasiado increíble, rozando la imprudencia, pues se dejó llevar por él olvidándose de quién se trataba y cuál era su propósito.
Pero, no podía negarse a sí misma que lo había disfrutado y que no se arrepentía de haber sido amada hasta la locura, por Liam Cárter.
—¿Pensando en huir?
La voz rasposa de Liam la hizo estremecerse. No se giró de inmediato. Sentía su mirada quemándole la piel, pero se obligó a mantener la compostura.
—No huyo —respondió con voz controlada—. Solo… estaba recordando que se hace tarde y hay que volver al trabajo.
Liam dejó escapar una risa baja, perezosa. Se incorporó apoyándose en un codo, sin molestarse en cubrirse.
—¿Te arrepientes? —murmuró, su mirada recorriéndola con una mezcla de diversión y algo más profundo.
— Tal vez, quizá esto no debió pasar.
— Victoria, si de verdad no hubiera debido pasar, no habría pasado dos veces.
Ella cerró los ojos por un instante. No podía negar que lo deseaba, que lo había deseado más de lo que admitía. Pero aquello no cambiaba la realidad.
Liam era su enemigo a destruir.
—Liam… Esto tal vez fue es un error.
Él se movió rápidamente, rodeándola con un brazo y atrayéndola contra su pecho desnudo. Su calor la envolvió por completo, y la sensación de su piel contra la suya la dejó sin aliento.
—¿Se sintió como un error? —susurró contra su oído.
Victoria tragó saliva. Sabía que debía empujarlo, alejarse… pero su cuerpo se relajó contra él de manera instintiva.
—No es cuestión de cómo se sintió —respondió, con la voz más inestable de lo que le habría gustado—. Es cuestión de lo que significa.
Liam deslizó los labios por su cuello lentamente, haciéndola jadear.
—¿Y qué significa?
Victoria cerró los ojos, sabiendo que no podía seguir atrapada en ese juego peligroso. Se obligó a moverse, a zafarse de sus brazos, y se levantó de la cama sin mirarlo.
—Significa que no puede volver a pasar.
Liam la observó en silencio durante unos segundos. Luego, con un suspiro resignado, se pasó una mano por el cabello y se levantó también.
—¿De verdad quieres que finjamos que nada ocurrió? —preguntó, acercándose lentamente.
Victoria se envolvió en la sábana y lo enfrentó con la mejor expresión firme que pudo encontrar.
—No tengo opción, Liam. Lo que pasó anoche… fue un error, somos socios y así debería de ser, pretender una relación secreta lo complica todo
Liam la estudió por un momento, su mirada oscureciéndose.
—Bien —dijo finalmente—. Si eso es lo que quieres.
Pero Victoria sintió un escalofrío cuando lo vio sonreír de lado, esa sonrisa lenta y peligrosa que significaba que Liam Cárter no había perdido. Que no se rendía tan fácilmente.
Y, en el fondo, ella sabía que tampoco quería que lo hiciera.
Victoria desayuno sin mirarlo a la cara, mientras que Liam no dejaba de mirarla y sonreír de lado.
Parecía disfrutar del temor que veía en ella.
Esa mañana en la sala de juntas de la empresa Ainsley Industries estaba llena de ejecutivos de alto nivel. Victoria, con su porte impecable y su expresión inquebrantable, tomaba la palabra con una seguridad envidiable.
Liam, sentado en la cabecera de la mesa, la observaba con una mezcla de admiración y algo más intenso.
Era impresionante verla trabajar, ver cómo dominaba la sala, cómo cada palabra suya capturaba la atención de todos.
Pero él conocía otra faceta de Victoria. Conocía la forma en que su cuerpo temblaba de deseo bajo sus manos, la forma en que su voz se quebraba cuando él la hacía suya.
Y sabía que ella estaba haciendo un esfuerzo por ignorarlo.
—… por lo tanto, el nuevo proyecto de expansión se enfocará en los mercados europeos primero, asegurándonos de establecer una presencia sólida antes de considerar otras regiones.
Los ejecutivos asintieron, impresionados.
—Perfecto, Victoria —intervino uno de ellos—. Sin duda, este plan estratégico elevará a la compañía al siguiente nivel.
Liam sonrió.
—Siempre supe que eras brillante, Victoria —murmuró, con una mirada que solo ella entendió.
Victoria mantuvo su expresión serena, pero él no se perdió el leve titubeo en su postura.
La reunión terminó poco después, y mientras todos abandonaban la sala, Victoria se giró para salir… solo para encontrar a Liam bloqueándole el paso.
—Déjame pasar, Liam.
Él apoyó una mano en la puerta, impidiéndole moverse.
—¿De verdad crees que puedes actuar como si nada hubiera pasado?
Victoria lo enfrentó con la mirada.
—No tengo otra opción.
Liam la estudió durante unos segundos. Luego, con un suspiro, se inclinó y susurró en su oído:
—Te deseo, Victoria. Y sé que me deseas también.
Victoria cerró los ojos un instante, sintiendo cómo cada fibra de su ser se tensaba.
—Eso no cambia nada.
Liam sonrió contra su oído.
—Veremos cuánto tiempo puedes seguir diciendo eso.
Y sin más, se apartó, dejándola con el corazón latiendo desbocado y una lucha interna que amenazaba con consumirla.
No podía enamorarse de él. No podía permitirse sentir algo real.
Pero algo en su interior le decía que ya era demasiado tarde.
Pero no solo la ratoncita temía enamorarse del gato. El gato se quemaba por dentro por mantener un romance con Victoria, él no solo había disfrutado del cuerpo de Victoria, sino que la había amado como jamás lo había hecho con otra mujer.
Ella había logrado romper la coraza de Liam Cárter, había logrado llegar a las fibras más profundas de su ser.
Amar a Victoria Ainsley la primera vez lo había confundido, pero lo de la noche anterior lo había llevado a otro nivel.
No solo había sido pasión, hubo más que eso al amarse, y un hombre como él acostumbrado a no perder, estaba dispuesto a retenerla a su lado hasta descubrir qué era realmente lo que ella le hacía sentir.