La madrugada se filtraba entre las cortinas, acariciando con su luz pálida los cuerpos entrelazados en la inmensidad de aquella cama. Victoria sintió el calor de Liam envolviéndola, su pecho firme contra su espalda, su respiración pausada junto a su oído. — Podría acostumbrarme a despertar así. – se dijo abriendo sus ojos perezosamente. Con un suspiro, se removió ligeramente y sintió la presión de sus brazos rodeándola con más fuerza, como si incluso en sueños él se rehusara a soltarla. —Si sigues moviéndote así, nunca podré volver a dormir —susurró Liam contra su cabello, su voz ronca y perezosa. Victoria sonrió. —¿Y quién dice que quiero que duermas? Se giró lentamente entre sus brazos hasta quedar frente a él. Liam la miraba con ojos pesados de sueño y un deseo que la atrapaba y

