El aire pesado de la mansión parecía ahogarla, como si todo a su alrededor quisiera encerrarla en un laberinto de emociones contradictorias. Victoria se encontró de pie, temblorosa, frente a la puerta que daba al vestíbulo. Sus manos, sudaban, aferrándose al pomo como si fuera la única cuerda que la mantenía atada a la realidad. El rostro de Liam seguía grabado en su mente, su furia, la desesperación en sus ojos, la incredulidad que aún la perseguía. Él había sido su refugio, un sueño, su promesa de algo mejor. Pero ahora todo parecía haberse desmoronado como un castillo de arena arrasado por una ola implacable. La llamada de su tía resonaba en su cabeza, cada palabra perforaba su corazón, obligándola a enfrentarse a una verdad que nunca quiso aceptar. Liam Cárter era el hombre que

