Una mujer fascinante

1787 Words
Liam cerró la puerta de su dormitorio, dejando a Rachel detrás con su evidente molestia, aunque no le importó en lo más mínimo. La imagen de Victoria Ainsley seguía dominando sus pensamientos. Podía aún sentir el aroma a jazmín que la envolvía, la manera en que sus ojos brillaban bajo las luces del restaurante y cómo cada sonrisa suya parecía estar diseñada para desarmarlo por completo. Se quitó el saco y se dejó caer en el sofá de cuero n***o que dominaba el espacio. Desde la enorme ventana panorámica de su penthouse podía ver la ciudad iluminada, pero su mirada no veía nada más que a Victoria. "¿Qué demonios estás haciendo conmigo, Victoria?", murmuró para sí mismo mientras pasaba una mano por su cabello desordenándolo. Había conocido muchas mujeres en su vida. Algunas hermosas, otras ambiciosas, pero ninguna como ella. Victoria era una paradoja, una contradicción hecha carne. Podía ser cálida y distante al mismo tiempo, sincera pero evasiva, seductora y precavida. Y eso lo intrigaba de una manera que bordeaba la obsesión. Se sirvió una copa de whisky, buscando calmar los pensamientos que lo atormentaban, pero todo lo que logró fue recordar el sabor imaginado de sus labios. — ¡Este maldito sueño no sale de mi cabeza!. Apretó los dientes con frustración, preguntándose cómo una simple cena podía dejarlo tan descolocado. — No voy a caer en su juego.-- se dijo, pero incluso mientras lo pensaba, sin saber que eso era una mentira. Ya había caído. Victoria llegó a su casa deshaciéndose de los tacones, mientras soltaba un suspiro de alivio. Se sirvió una vaso de agua gasificada y se dejó caer en una silla de la cocina. La noche había sido un éxito, tal como lo había planeado. Liam había firmado el contrato, la primera pieza de su plan había encajado a la perfección. Sin embargo, no podía ignorar el remolino de emociones que le había provocado estar frente a él. — ¡Es un arrogante, un imbécil egocéntrico! – se repitió una vez más, pero incluso mientras lo decía, no podía negar la atracción que la había atravesado cuando sus ojos se encontraron en una mirada. Había algo en su intensidad que la desarmaba, algo que hacía que su plan de venganza se sintiera peligrosamente personal. Dejó el vaso a medio terminar en la mesa y se levantó, caminando hasta su habitación. Observó su reflejo en el espejo y con una sonrisa amarga se dijo: —No puedes permitirte flaquear, Victoria. Recuerda lo que le hizo a tu padre, lo que le ha hecho a muchas personas como tu padre. — Esto no se trata de ti, sino de justicia. Liam Cárter merece caer, y tú serás quien lo derribe. Pero incluso mientras decía esas palabras, su mente la traicionaba con el recuerdo de su mirada intensa, de cómo sus palabras parecían cargadas de una verdad que no esperaba. Ese hombre frío como el hielo, un CEO sin corazón, la había descolocado con su atractivo y esa voz que parecía hacerla olvidar quien era. Había algo en Liam que era diferente a lo que ella había imaginado. Era más que un CEO frío y calculador. Había destellos de humanidad en él, fragmentos de algo más profundo, algo que amenazaba con confundirla. Dándose una ducha se puso su pijama y se metió en la cama, no quería pensar y mucho menos soñar con él, así que antes de cerrar sus ojos, repasó paso a paso su plan para destruir a Liam Cárter. A la mañana siguiente, Liam se despertó temprano, con los primeros rayos del sol filtrándose a través de las cortinas. Había pasado una noche inquieta, soñando nuevamente con Victoria, pero esta vez no fue el beso lo que lo atormentó, sino la forma en que ella lo miró durante la cena. Como si pudiera verlo más allá de su fachada, más allá del hombre que todos creían conocer. Lavándose la cara Liam quiso olvidar lo que había soñado. Rachel vino a él y lo abrazó por la espalda. Sus músculos se tensaron, pero después de unos minutos decidió ceder a sus instintos, necesitaba relajarse, y olvidar. Después de estar con Rachel su cabeza volvió a su lugar, había recuperado el control. Se dirigió a su oficina con una energía renovada. Había mucho trabajo que hacer, y no iba a permitir que una mujer, por fascinante que fuera, lo distrajera. Sin embargo, apenas entró en su oficina, se encontró con una sorpresa inesperada: un sobre blanco con su nombre escrito en caligrafía elegante. Lo abrió con curiosidad y encontró una nota breve de Victoria. "Gracias por una noche encantadora, señor Cárter. Espero que esta alianza sea tan productiva como fascinante." Liam dejó escapar una risa baja. ¿Acaso jugaba con él incluso cuando no estaba presente? Esa mujer era un misterio, uno que estaba decidido a desentrañar. Sin pensarlo dos veces, tomó su teléfono y marcó su número. — Señorita Ainsley —dijo cuando ella respondió, su voz tan suave como siempre—. Espero no estar interrumpiendo su mañana. — No del todo, señor Cárter. ¿A qué debo el placer de su llamada? —respondió Victoria, aunque su tono tenía un matiz juguetón que hizo que Liam sonriera. — Sólo quería agradecerle la nota. Muy considerada de su parte. — Me alegra que la recibiera. Después de todo, la cortesía es importante en una alianza, ¿no cree? — Absolutamente —respondió Liam, aunque su mente estaba lejos de los negocios—. ¿Estará libre para un almuerzo hoy? Me gustaría discutir algunos detalles del contrato. Hubo un breve silencio al otro lado de la línea, pero finalmente Victoria respondió. — Claro, señor Cárter. Dígame dónde y allí estaré. — Le enviaré un mensaje con la ubicación. — Nos veremos ahí, hasta pronto. – su voz insinuando algo más. Liam colgó el teléfono con una sonrisa satisfecha. — Esta vez, seré yo quien tome el control de la situación – dijo, para luego sentarse tras su escritorio. Horas después Victoria llegó al restaurante donde habían acordado reunirse, notó que Liam ya estaba allí, esperándola con una copa de vino. La recibió con una sonrisa que parecía casi genuina, como si estuviera realmente feliz de verla. — Señorita Ainsley —dijo mientras se levantaba para saludarla—. Siempre un placer. — Señor Cárter —respondió ella, tomando asiento frente a él—. Espero que no me haya hecho venir sólo para hablar de negocios. Liam levantó una ceja, divertido. — ¿Por qué? ¿Hay algo más que le gustaría discutir, señorita Ainsley? Victoria lo miró directamente a los ojos, sosteniendo su mirada sin pestañear. — Digamos que me gusta saber a qué me enfrento, y usted es... impredecible. Liam rió suavemente, inclinándose hacia ella. — Lo mismo podría decir de usted. Pero eso sólo hace que esto sea más interesante, ¿no cree? La tensión entre ellos era palpable, una corriente eléctrica que parecía conectar cada palabra, cada gesto. A lo largo del almuerzo, su conversación fue un tira y afloja constante, una danza de palabras cuidadosamente medidas y miradas furtivas que traicionaban la atracción que ambos intentaban negar. Pero justo cuando parecía que el almuerzo terminaría sin incidentes, Liam decidió arriesgarse. — Victoria —dijo, dejando a un lado cualquier formalidad—. Sé que hay más en esta alianza que lo que aparece en el papel. Quiero saber qué es lo que realmente busca. Victoria lo miró, sorprendida por su franqueza. Ella esbozó una sonrisa enigmática, y se dijo a sí misma: — Si te dijera qué es lo que realmente busco huirás de mí, y eso no me conviene. — Quizás lo descubra algún día, Liam. Pero por ahora, sólo puedo decirle que todo lo que quiero es levantar la empresa por la que mi padre dio su vida. Liam la observó en silencio, sintiendo que estaba más cerca de entenderla, pero aún demasiado lejos de la verdad. Y aunque no lo admitiría, esa incertidumbre era lo que más lo atraía de ella. — Entonces, nuestra sociedad será muy gratificante, Victoria. — Eso espero, Liam. – dijo y sonrió levantando su copa. Liam no apartaba su mirada de ella, Victoria le parecía encantadora, con un toque de misterio. Cuando finalmente se despidieron, Liam sintió que algo había cambiado entre ellos. Ya no era sólo un juego de negocios o seducción. Había algo más, algo que lo hacía querer romper sus propias reglas y descubrir quién era realmente Victoria Ainsley. Él nunca había mezclado negocios y placer, eso era una línea prohibida, ese tipo de relaciones le parecía una pérdida de tiempo. Un problema que prefería evitar. Mientras la veía alejarse antes de subir a su auto, supo que esa mujer era un peligro. Una distracción. Pero no era el tipo de hombre que retrocedía ante un desafío. Y Victoria, con su mezcla de veneno y miel, era el desafío más irresistible que había enfrentado jamás. Volviendo a su oficina Liam se cubrió de nuevo de la coraza de acero que lo caracterizada, él no confiaba en nadie. Entre reuniones y contratos su día de trabajo llegó exhausto a su penthouse. Al abrir la puerta halló allí a Rachel. — Creí que ya te habías ido. ¿El regalo que te di por tus favores no fue suficiente? ¿Aún no has conseguido un novio rico con él que divertirte? –dijo, dirigiéndose a su oficina en el penthouse. — Puedo estar con quien quiera Liam, y lo sabes. Solo que esta mañana fuiste tan dulce y apasionado conmigo que decidí quedarme. — Y… también lo hice por curiosidad. — ¿Curiosidad, de qué? – dijo sin mirarla, sus ojos estaban fijos en un contrato. — Esta mañana dijiste algo muy interesante mientras me amabas. Liam no tomó importancia a las palabras de Rachel, estaba muy ocupado en cada letra en el contrato que en lo que dijera su amante ocasional. Como Rachel no lograba captar la atención de Liam, y lo vio dirigirse hacía su oficina sin importarle de qué hablaba, dijo sin titubear: — ¿Quién es esa tal Victoria? Liam se volvió de frente y la miró fijamente. No podía creer que se le escapara de la boca el nombre de Victoria mientras estaba con Rachel. Era verdad que mientras lo hacía con ella pensaba en Victoria y deseaba estar con ella y no con Rachel, pero esa indiscreción lo molestó. — ¡Eso no te importa! – Puedes irte cuando quieras Rachel, o quedarte, sin molestarme, ni hacer preguntas… La mirada asesina de Liam la hizo retroceder. Le quedó claro que preguntar por esa chica era un tema prohibido .
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD