Juramento

1593 Words
Mientras Victoria iba en su auto rumbo a su casa recordaba las últimas palabras que le había dicho su padre: Estoy orgulloso de ti Victoria, sé que tu madre desde el cielo sonríe satisfecha al ver en la mujer que te has convertido… Ella siempre soñó que estudiarás medicina, que te convirtieras en una gran cirujana, y muy pronto verá desde el cielo su sueño cumplirse… Ese día ella quiso contarle todo a su padre, pero no se atrevió, prefirió guardar su secreto hasta que ella se hubiera graduado. Pero mientras conducía se arrepentía de no haberlo hecho. Victoria vivía en un cómodo apartamento, una elegante propiedad en el centro de la ciudad, rodeada de gente agradable y de muchos profesionales. Su compañía preferida eran sus libros, su arte y la calma del lugar residencial. Ella era feliz allí. Pero todo eso había dejado de importarle, el torbellino que sentía por dentro la asfixiaba. Había trabajado incansablemente durante años para mantenerse en pie, para ser fuerte por su padre y por ella misma. La muerte de su madre por culpa de un cáncer fulminante las había arrebatado de su lado en solo tres meses, eso habia devastado a su padre y a ella la había afectado mucho. Por eso, para no derrumbarse, para mantener la calma en sus emociones, ella pasaba sus días concentrada en sus estudios. Ella era la hija de Edward Ainsley, un hombre respetado, un hombre que ella no solo amaba sino que admiraba. Su padre era un hombre bueno, que nunca se había rendido a pesar de las adversidades, él siempre había luchado por ella y por su empresa, aunque por culpa del desfalco su ánimo había decaído un poco, su padre s*x mantenía siempre positivo. Victoria sabía que él siempre la quiso mantener fuera de sus problemas económicos, lejos de sus preocupaciones, pero ella siempre se las ingeniaba para saber qué pasaba con su papá y con la empresa. Esa empresa era un legado familiar. Cada vez que ella le preguntaba cómo estaba todo él le decía que todo estaba bien y que todo se iba a resolver. Y ella también lo creía, porque conocía la determinación de su padre. Esa tarde gris y lluviosa Victoria estaba sentada en su sofá, leyendo un libro de un gran economista concentrada en admirar cada palabra escrita por aquel genio de las finanzas, deseosa de seguir con la siguiente página. Cuando sonó su teléfono, recibió la peor noticia que podrían darle. Mientras conducía evitando las lágrimas, sus pensamientos vagaron pensando como siempre, en torno a su padre y a los problemas financieros que habían afectado la empresa. Ella le había insistido en hacer algunos cambios en la empresa, en crear algo innovador, pensando en qué eso podría cambiar la situación, pero su padre se negaba a cambiar el rumbo de la empresa. Las cosas había empeorado, aunque él lo negaba, su padre siempre se esforzaba por mantener la esperanza en que muy pronto todo iba a cambiar, pero la oscuridad que sentía en su corazón le impedía ver una salida rápida. Y el temor a lo desconocido le impidió ver más allá de lo acostumbrado. Ese día Victoria esperaba que la visita de su padre al banco para hablar con el señor Cárter le trajera buenas noticias a su padre y a ella, que estaba muy preocupada por él. Pero en lugar de escuchar las buenas noticias que esperaba, el ama de llaves de su padre, entre sollozos y lágrimas le daba una terrible noticia de la muerte de su padre. Señorita Victoria, lamento informarle… dijo la voz al otro lado de la línea, llena de pesar. Señorita Victoria… Su padre ha fallecido, fue un ataque al corazón… El señor llegó del banco y pidió que nadie lo molestara, se encerró en su oficina, dos horas después quise ver como estaba y le preparé un té, pero al tocar la puerta no me contestó… Abri la puerta preocupada por él y lo vi recostado en su escritorio con su cabeza sobre la fotografía donde están su madre y usted, me asusté mucho y lo llamé pensando que se había desmayado… Llamé a su médico para que viniera de emergencia, pero cuando él llegó y lo chequeo nos dijo que ya no había nada que se pudiera hacer, estaba muerto… Victoria se quedó paralizada escuchando hablar al ama de llaves. Un dolor punzante se alojó en su pecho, el aire le faltó en los pulmones, y su mente se nubló. No podía procesar las palabras que acababan de llegar a sus oídos. Su padre, el hombre que siempre había luchado por ella, el hombre que ella más amaba, que lo había dado todo para que ella tuviera una vida feliz y cómoda, se había ido. Sin poder detener sus lagrimas Victoria se detuvo ante un semáforo en amarillo y dijo entre sollozos: Papito… ¡Te fuiste de este mundo solo, en tu oficina, sin que nadie pudiera ayudarte o auxiliarte, y todo porque Liam Carter te condenó a la desesperación… El semáforo cambió a verde y secando sus lagrimas Victoria continuó su camino. Cuando por fin Victoria llegó a la casa de su padre, ya había muchos amigos y conocidos de su padre, con abrazos y palabras de pésame y aliento la saludaban, pero Victoria no podía pensar en ese momento, tampoco quería ver o hablar con nadie. Lo que Victoria quería saber era si lo que sospechaba era verdad, si la visita al banco había sido el causante del colapso mortal de su padre. Hablando con el abogado de su padre ella confirmó sus sospechas, el abogado le informó que el banco por orden de Liam Carter había enviado abogados y contadores a la empresa de su padre para conocer el estado de la empresa, ya que pronto pasaría a nombre de otro empresario que la había comprado al banco. Su padre acababa de morir y Liam Cárter ya disponía de lo que a su padre le había costado tanto. Eso le pareció indignante. Victoria…Lamento informarte que lo único que tu padre pudo dejarte, es esta casa, él la puso hace años a tu nombre, nadie podrá quitártela, al menos claro que quieras venderla… Con firmeza Victoria le respondió: ¡En está casa vivieron mis padres y fueron felices, esta casa me vió crecer… Nadie vivirá en ella más que yo y las personas que compartieron nuestras vidas, alegrías, penas y tragedias…! Se mantendrá a mi nombre como lo decidió papá … El abogado bajó su cabeza pensativo, luego la levantó dejando ver su disgusto y preocupación: Lamento que el señor Cárter no aceptara la prórroga que le pidió Edward, de seguro tu padre estaría vivo ahora… Darle solo dos horas para pagar su deuda era algo imposible, esa era una sentencia y fue la que marcó su muerte… Las palabras del abogado dejaban ver la indignación y la impotencia que sentía El dolor que ella sentía por la pérdida de su padre se mezcló con la ira. En su mente, las palabras del abogado resonaban, también el recuerdo de la fría indiferencia con la que había tratado el señor Cárter a su padre. Le parecía increíble que solo le diera dos horas para saldar su deuda, el último esfuerzo de su padre por salvar lo que tanto amaba y por lo había trabajado hasta desgastar sus fuerzas, había sido aplastado por la b********d de un hombre sin alma. Victoria entendió que lo que había causado la muerte de su padre fue el sufrimiento, la humillación, el desprecio, el abandono, de un hombre como Liam Cárter. Su padre no solo perdió su vida, perdió su dignidad al ir a suplicarle más tiempo a un ser sin alma ni sentimientos cómo lo era Liam Carter, la muerte de su padre pesaba sobre su cabeza. Victoria apretó los puños, la rabia llenó su pecho. Un juramento brotó de su interior, fuerte, firme, sin duda alguna. "Ese hombre pagará por lo que ha hecho. Haré que pague por lo que le hizo a mi padre, por lo que le hizo a todos los trabajadores de la empresa… Le quitaré todo lo que tiene, todo lo que valora. Haré que su vida se convierta en un infierno, y lo haré sutilmente, con una dulce sonrisa en mi rostro." Victoria supo lo que debía hacer. No podía enfrentarse a un hombre tan poderoso con las armas tradicionales. Necesitaba algo más: astucia, belleza, y un plan tan perfecto que no dejara espacio para la derrota. Había oído rumores sobre Liam Carter, el hombre de hierro, el millonario que no temía a nada ni a nadie, que disfrutaba de mujeres bellas y encuentros ocasionales. Él era un hombre astuto, pero no sabía lo que le esperaba. No sabía que una mujer dispuesta a todo, era capaz de jugar con su propio corazón. Ella se acercaría a él, decidida a destruir todo en su mundo de acero. Victoria se levantó del sofá donde había estado hablando con el abogado de su padre, su expresión estaba llena de determinación, un brillo extraño se dibujó en sus ojos. Ella ya no era solo una hija que lloraba por su padre. Era una mujer dispuesta a recuperar lo que le había sido arrebatado, y no permitiría que nadie, ni siquiera un hombre tan temido como Liam Carter, se interpusiera en su camino. Te haré pagar, Carter y por primera vez conocerás el sabor del dolor y la humillación. Victoria murmuró para sí misma, como un susurro en la penumbra de su dolor.
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